Primero Pablo Garate salió a cargar contra la oposición por no darle quórum y habló de “palos en la rueda”. Después, cuando el convenio de Humming fue aprobado con los votos que necesitaba, cambió el tono: pasó a valorar el diálogo y el cambio de postura. Con el resultado ya asegurado, también se activó enseguida la difusión política. La secuencia muestra algo más que un debate por los vuelos: muestra un modo de construir poder, presionar cuando le dicen que no y capitalizar rápido cuando le terminan votando lo que quería.
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La historia política de Humming en Tres Arroyos no quedó solo en la aprobación del convenio ni en la promesa de que el 4 de mayo volverán los vuelos comerciales. También dejó al descubierto una secuencia demasiado clara como para pasarla por alto: cuando la oposición no acompañó, Pablo Garate reaccionó con dureza y habló de “palos en la rueda”; cuando esa misma oposición terminó aprobando el convenio, el intendente cambió el libreto y pasó a valorar el diálogo.
Ese giro no es menor. Porque entre una escena y la otra no cambió lo central del expediente. La exención de tasas siguió adentro. El convenio siguió siendo, en lo sustancial, el mismo. La empresa privada siguió beneficiada. Lo que cambió fue otra cosa: los votos.
Cuando el Concejo no dio quórum para tratar el tema sobre tablas, Garate eligió la confrontación. Presentó a la oposición como un obstáculo para el desarrollo, la conectividad y el futuro del distrito. La idea que bajó en ese momento fue simple: quienes no acompañaban estaban frenando una oportunidad histórica para Tres Arroyos.
Pero esa dureza duró hasta que consiguió lo que quería.
Una vez que el convenio salió aprobado, el tono oficial dio un giro completo. Ya no hubo palos en la rueda. Ya no hubo freno. Ya no hubo reproche. Hubo valoración del cambio de postura, celebración del consenso y una lectura mucho más amable hacia quienes, pocos días antes, habían sido ubicados casi como responsables de trabar el progreso de la ciudad.
Ahí está el dato político más fuerte. No es solo que Garate se enoje cuando le dicen que no. Es que cambia enseguida el tono cuando le terminan votando lo que quería. Primero presión. Después reconocimiento. Primero bronca. Después diálogo. Primero castigo discursivo. Después incorporación al relato del logro.
Y esa secuencia no termina en el recinto.
Con el convenio ya aprobado, la propaganda oficial salió casi de inmediato. No es un detalle menor: en una gestión que destina casi 200 millones de pesos a publicidad oficial, la velocidad para instalar el relato también forma parte del método. Cuando no le votan lo que quiere, Garate habla de “palos en la rueda”. Cuando consigue los votos, valora el diálogo, destaca el cambio de postura y la maquinaria de difusión se pone en marcha.
Eso también ayuda a entender mejor lo que pasó. No se trató solamente de una discusión sobre vuelos. Se trató de una demostración de poder político. De mostrar qué pasa cuando el Ejecutivo no consigue lo que busca y de exhibir cómo cambia el clima cuando finalmente ordena el resultado.
Porque si algo dejó Humming, además del convenio, es una postal bastante nítida del funcionamiento del poder local. La presión aparece cuando falta el voto. La celebración aparece cuando ese voto llega. Y entre una cosa y la otra, la propaganda hace su trabajo: correr del centro la exención, el apuro y las contradicciones para dejar en primer plano la foto del logro.
Por eso el episodio dice bastante más de Garate que del propio convenio. Expone un estilo. Un modo de conducir y comunicar. Un reflejo político claro: cuando no le aprueban lo que quiere, estalla; cuando se lo aprueban, cambia el tono, valora el diálogo y sale a capitalizarlo.
La pregunta, entonces, no es solo qué pasó con Humming. La pregunta es qué revela Humming sobre la forma en que el oficialismo trata al Concejo y administra el relato. Porque si primero se acusa de poner palos en la rueda y pocos días después se celebra a los mismos actores por haber “reflexionado”, entonces queda bastante claro que el problema nunca fue la calidad del debate. El problema era, simplemente, que todavía no habían votado como él quería.




Es la cara de la verga, ladri total. Amigo de Massa. El gobierno más corrupto q tuvo Tresa!