A los 101 años, Marta Beatriz Echaul todavía se pone al volante, va a la oficina y participa de las decisiones de la empresa de transporte que fundó décadas atrás. Pero cuando le preguntan qué es lo que realmente importa, su respuesta no tiene que ver con las ganancias ni con los negocios.
Durante un encuentro de Mujeres Líderes organizado por LA NACION este 4 de noviembre, la empresaria habló de su historia, de las dificultades que enfrentó para hacerse un lugar en el transporte de cargas y de aquello que espera dejar en los demás. “No me interesa el dinero, eso queda todo acá; al más allá no te llevás nada”, expresó.
La historia de Marta Echaul: una vida detrás del volante
Nacida en Buenos Aires en 1925, Marta creó su empresa, Santa Marta, cuando tenía alrededor de 50 años. Empezó trasladando pequeños pedidos y, con el tiempo, desarrolló una compañía de logística en un sector dominado entonces por hombres.
La edad no la apartó de esa rutina. Sigue yendo a trabajar y conduce su propio auto para trasladarse desde Retiro hasta Pompeya. En una cobertura de Telenoche de diciembre de 2025 ya contaba que asistía a la empresa de lunes a viernes; en una entrevista posterior con TN explicó que manejar es, para ella, una forma de conservar su independencia.
En su reciente aparición pública contó que volvió a renovar su licencia de conducir después de superar las evaluaciones correspondientes. También aseguró que continúa leyendo, compartiendo reuniones y haciendo planes, actividades que considera fundamentales para mantenerse conectada con los demás.
Lo que quiere que quede de ella
Después de tantos años de trabajo, Marta no mide su recorrido por la fortuna acumulada. Prefiere que quienes la conocieron la recuerden con afecto y respeto. Al hablar de su marido, fallecido hace más de dos décadas, contó que su familia todavía lo mantiene presente a través de los recuerdos y las anécdotas.
También reconoció que su vida tuvo momentos difíciles. La empresa nació durante una etapa dolorosa, cuando sentía que debía encontrar una manera de seguir adelante junto a su hija. El trabajo se convirtió en una parte importante de ese camino.
Al final de la conversación, cuando le pidieron resumir su propia historia, eligió una idea sencilla: había vivido mucho, sufrido mucho y también disfrutado mucho. Una manera de mirar sus 101 años que pone el acento en las experiencias y los vínculos, más que en lo material.









