En resumen, si andás corto de tiempo
La Escuela Especial N° 501 logró reunir 800 litros de pintura gracias a la solidaridad de vecinos y comercios. Mientras tanto, el municipio destina $900 millones al área de Cultura y “Educación” para financiar la campaña de Rodríguez Blanco con más de 11 videos semanales oficiales y reparte millones en materiales a través de “Juventud en Acción”, un programa sin control real de ejecución.
La comunidad sostiene a las escuelas, y el Estado sostiene a los candidatos. La impunidad no tiene fin.
Noticia completa
En Tres Arroyos, la solidaridad suple lo que el Estado no garantiza. La Escuela de Educación Especial N° 501 celebró haber alcanzado la meta de 800 litros de pintura para renovar su edificio. Lo consiguió gracias a la campaña “Ayudanos a pintar la escuela”, en la que los vecinos aportaron 220,5 litros, Pinturería Mundo Color donó 100 y la Municipalidad completó con 479,5.
El dato es elocuente: sin el esfuerzo de la comunidad y de un comercio local, la escuela no hubiera podido avanzar en algo tan básico como pintar sus aulas.
En paralelo, la gestión de Pablo Garate maneja cifras millonarias que no se traducen en soluciones estructurales. El director de Cultura, Educación y Derechos Humanos, Martín Rodríguez Blanco, tiene bajo su órbita más de $900 millones de presupuesto, pero varias escuelas siguen sin calefacción y con alumnos asistiendo a clase con frazadas. Entre julio y agosto, apareció en más de 11 videos oficiales de la Municipalidad, utilizados para instalar su imagen como candidato a concejal.
El contraste es brutal: una escuela depende de donaciones para pintarse, mientras un candidato es promocionado con recursos del Estado.
La misma lógica se repite en el programa “Juventud en Acción”, coordinado por Julián Tornini. Se repartieron premios por hasta 15 millones de pesos, todos traducidos en materiales para obras (patios y un cine), sin garantías de control ni fiscalización. Al mismo tiempo, Tornini volvió a quedar en el ojo de la tormenta por su conducta violenta en un debate universitario.
Detrás del marketing participativo, lo que se multiplica son los camiones con cemento, piedra y arena, sin auditoría clara sobre su destino.
Mientras tanto, las escuelas esperan: aulas sin calefacción, techos dañados y edificios que se pintan solo si los vecinos ponen la plata.
Invitación a la participación
¿Es justo que la comunidad tenga que sostener con donaciones lo que el Estado debería garantizar, mientras los recursos públicos se gastan en campañas políticas y cemento sin control? Dejá tu opinión en los comentarios o en nuestras redes.



