A unos siete kilómetros de Tres Arroyos todavía quedan restos de una construcción vinculada con los primeros años del desarrollo agrícola e industrial del distrito. Es el Molino Mayolas, oficialmente denominado Molino Tres Arroyos, considerado el primer molino harinero de la zona.
Fue construido por Félix Mayolas e inaugurado el 22 de marzo de 1890. Su particularidad era la manera en que obtenía la energía necesaria para trabajar: aprovechaba el agua de los arroyos mediante presas y un canal que impulsaban un mecanismo conocido como “rodón”.

Un molino movido por los arroyos de Tres Arroyos
La capacidad prevista era importante para la época: podía moler hasta 90 bolsas de 90 kilos en 24 horas, aunque el caudal disponible no siempre permitía alcanzar ese rendimiento. En 1897, el viejo rodón fue reemplazado por una turbina para aumentar la producción.
Félix Mayolas no llegó a ver esa modificación. Murió en 1892, apenas dos años después de la inauguración, y el establecimiento quedó en manos de su esposa y su yerno.
Pero el episodio más llamativo de su historia llegaría mucho después.

El incendio de 1915 y un premio que cambió la historia
En 1915, un incendio dañó gravemente el Molino Mayolas. Las fuentes históricas consultadas difieren sobre el alcance exacto de la destrucción, pero coinciden en lo esencial: reconstruirlo exigía una inversión considerable.
Y entonces ocurrió algo difícil de imaginar.
El yerno de Félix Mayolas había ganado $200.000 en la lotería. Ese dinero fue destinado a reconstruir el establecimiento y permitió que el molino volviera a producir.
Más de un siglo después, aquella combinación de incendio y golpe de suerte sigue siendo uno de los episodios más singulares de la historia productiva tresarroyense.
Del edificio original quedan actualmente restos de los tajamares y los cimientos. En 1992 el Molino Harinero Don Félix Mayolas fue reconocido patrimonialmente mediante la Ordenanza 3365/92, protección que posteriormente quedó incorporada al régimen de Patrimonio Cultural de los Tresarroyenses.










