En resumen, si andás corto de tiempo
Los 65 alumnos de la Escuela Secundaria Agraria 1 estuvieron sin transporte desde mayo del año pasado y durante casi un año no pudieron asistir a su sede rural. Mientras Provincia y Municipio, ambos del mismo signo político, no resolvían ni siquiera el pago del gasoil de un colectivo, los chicos fueron repartidos en otras instituciones y quedaron privados de la escuela a la que pertenecen.
Noticia completa
Después de casi un año de espera, recién ahora los 65 alumnos de la Escuela Secundaria Agraria 1 “Argentino Danés” volverán a tener transporte para asistir a la sede rural ubicada entre Copetonas y Cascallares.
El dato brutal no es el anuncio oficial. El dato brutal es el tiempo perdido. Desde mayo del año pasado, los estudiantes no pudieron llegar a su escuela y debieron ser reubicados en otras instituciones de Tres Arroyos. Es decir: durante meses, chicos de una escuela agraria quedaron sin acceso real a la escuela agraria a la que pertenecen.
Durante todo ese tiempo, las tareas pedagógicas propias del campo y el trabajo con animales no pudieron desarrollarse en condiciones normales. Hubo adaptaciones, cambios de contenido y una escolaridad a medias, improvisada para tapar una situación que nunca debió prolongarse tanto.
Lo más grave del caso es el contraste político y presupuestario. Mientras el sistema educativo local cuenta con un Fondo de Financiamiento Educativo millonario, Provincia y Municipio —ambos de la misma bandera política— fueron incapaces de resolver durante casi un año algo tan elemental como garantizar el combustible y la logística de un colectivo para que los alumnos llegaran a clases.
El propio relato oficial admite que hubo reuniones, gestiones en La Plata, trabajo articulado con el Consejo Escolar e incluso licitaciones que fracasaron por falta de oferentes. Traducido: pasaron los meses, se acumularon trámites, se pateó el problema y los chicos siguieron sin poder ir a su escuela.
Recién ahora, cuando anuncian que el servicio se restablecerá “en pocos días”, aparece la puesta en escena de la solución. Pero el hecho político ya quedó marcado: no pudieron resolver a tiempo ni siquiera el transporte de 65 alumnos, aunque el perjuicio era diario, concreto y conocido por todos.
La escuela pertenece al Estado provincial. El Municipio aclaró que acompañó el proceso pese a no ser su responsabilidad directa. Pero para las familias, para los alumnos y para la comunidad educativa, la discusión sobre de quién era la lapicera no cambia lo esencial: durante casi un año los pibes estuvieron sin poder cursar en su escuela por un problema que el Estado no resolvió.
Cuando un gobierno necesita meses y meses para destrabar algo tan básico como el traslado de alumnos, no hay épica de gestión que tape el fracaso. Porque mientras ellos hacían gestiones, reuniones y anuncios, los chicos seguían esperando.


