En resumen, si andás corto de tiempo:
El oficialismo usó el Salón Blanco del Palacio Municipal para celebrar el Día de la Lealtad Peronista. El acto, abiertamente partidario, fue encabezado por dos figuras con pasados que explican mucho del presente político: Rubén Carabajal, condenado por violencia de género, y Alejandro Barragán, concejal oficialista e histórico empleado de CELTA. Ambos compartieron escenario dentro del edificio público más simbólico de Tres Arroyos, en un gesto que confirma que para el poder local la Municipalidad y el partido son lo mismo.
Acto partidario en el Palacio Municipal

El viernes por la noche, el Palacio Municipal se transformó en local partidario. Con banderas, consignas y discursos militantes, el oficialismo conmemoró el Día de la Lealtad Peronista en el Salón Blanco, espacio mantenido con fondos públicos.
Según la cobertura de LU24, el evento fue organizado por el Partido Justicialista y la CGT Regional y contó con la presencia del intendente Pablo Garate, funcionarios, dirigentes y militantes del oficialismo.
Desde el atril hablaron Rubén Carabajal, referente sindical y orador principal, y Alejandro Barragán, presidente del bloque oficialista en el Concejo Deliberante.
El problema no fue la foto ni las banderas: fue el uso de un espacio institucional —la casa de todos los vecinos— para un acto partidario, reforzando la idea de que el poder municipal se administra como propiedad privada.
Rubén Carabajal: condenado por violencia de género
En 2021, el dirigente gremial Rubén Horacio Carabajal fue condenado a tres años de prisión en suspenso por lesiones graves agravadas por violencia de género y por el vínculo.
El fallo fue resultado de un debate oral en el que la fiscalía pidió cinco años de prisión y la querella siete.
Su expareja, Daniela Constantino, habló públicamente con el rostro golpeado en una entrevista emitida por un canal nacional. Allí dijo, con la voz entrecortada:
“Yo creo que hoy por hoy, como se habla de la violencia de la mujer, y tanta campaña y tanta cosa que se hace y se dice… suponete en mi caso, yo nunca tuve un llamado de teléfono para decirme nada. Nunca recibí una respuesta.”
Un testimonio que desnuda la distancia entre los discursos institucionales y la realidad.
A pesar de aquella condena, Carabajal fue invitado a encabezar un acto político dentro del Palacio Municipal, junto al intendente y al bloque oficialista, como si nada hubiera pasado.

Carabajal, hoy referente de la CGT y figura cercana al concejal Adolfo Olivera. Olivera, también concejal del oficialismo, integra la conducción nacional del Sindicato del Seguro y aparece junto a Barragán en el expediente judicial por incompatibilidades.
En ese expediente también figura Gabriela García, esposa de Barragán y actual presidenta del Consejo Escolar.
Todo queda entre socios, cónyuges y aliados sindicales: una red cerrada de poder, puertas adentro.
A pesar de todo, el acto en el que Carabajal fue orador recibió aplausos y “me gusta” en redes sociales de parte de militantes que se presentan como feministas, e incluso de las concejales Carla Moreno y Paola Acuña, como también de personas vinculadas a la Secretaría de Género municipal.
La misma estructura política que en el discurso promete “tolerancia cero” a la violencia contra las mujeres, aplaude a un condenado por ejercerla.
En Tres Arroyos, el feminismo de cartel parece convivir cómodamente con la impunidad del poder.
Alejandro Barragán: funcionario, empleado y juez de su propia causa
El segundo orador, Alejandro Daniel Barragán, es concejal oficialista, presidente del bloque Fuerza Patria y empleado histórico de CELTA, empresa que presta servicios al municipio.
Su caso fue judicializado en 2024 por conflicto de intereses: se lo acusó de ocupar simultáneamente un cargo electivo y uno gerencial en una empresa contratista del Estado.
La Municipalidad lo defendió argumentando que “no reviste tareas gerenciales”, y el juez de Bahía Blanca rechazó la demanda en julio de 2025, basándose en un certificado firmado por la propia CELTA.
El fallo fue apelado y sigue en trámite en Mar del Plata.

Sin embargo, durante años los medios locales lo presentaron públicamente como “gerente comercial de CELTA”:
“El gerente comercial de la CELTA, Alejandro Barragán, informó sobre los incrementos en la tarifa eléctrica”, publicó LU24 en 2024.
“El gerente comercial de la Cooperativa Eléctrica explicó el proceso del aumento votado en Asamblea”, registró 103.9 FM.
El propio eltresarroyense documentó cómo Barragán votó desde su banca de concejal la prórroga por 30 años del contrato con CELTA, la misma empresa que lo emplea.
Ni el intendente ni los demás bloques lo frenaron. En esa sesión, sólo el concejal Gustavo Moller advirtió el conflicto ético y votó en contra.
El patrón de poder: familia, sindicatos y silencio
El entramado político que se repite en Tres Arroyos tiene nombres y vínculos:
- Barragán y su esposa García controlan el bloque oficialista y el Consejo Escolar.
- Carabajal y Olivera manejan el frente sindical desde la CGT.
- Todos comparten estructura partidaria, recursos y espacios institucionales.
El resultado: un poder concentrado, familiar y sindicalizado, donde la ética pública se diluye entre favores y silencios.
La escena del viernes no fue un homenaje a la “lealtad”, sino una exhibición de cómo el poder local se replica sobre sí mismo: funcionarios, parejas y gremialistas mezclando lo público con lo privado, sin rendir cuentas.
El reflejo de un modelo
El episodio local no ocurre en el vacío.
Refleja un patrón que atraviesa al propio movimiento peronista, históricamente marcado por liderazgos personalistas y denuncias de violencia y autoritarismo, desde Juan Domingo Perón, cuyas biografías documentan conductas abusivas y censura, hasta Alberto Fernández, cuya ex pareja, Fabiola Yáñez, denunció haber sido víctima de maltrato.
Un mismo molde: discursos de justicia social por fuera, abuso de poder por dentro.
Conclusión
El acto del Día de la Lealtad en el Salón Municipal no fue un simple encuentro político: fue una postal de la decadencia institucional.
Un municipio usado como sede partidaria, un condenado por violencia de género como orador, un concejal que vota a favor de su propia empresa, y una red de vínculos familiares y sindicales controlando el Estado.
Todo mientras el poder se llena la boca hablando de “justicia social” y “defensa de las mujeres”.
El cuadro se completa con lo revelado en otra cobertura de eltresarroyense: la foto del círculo íntimo del intendente Pablo Garate, junto a su hijo Santiago, el director de Juventud Julián Tornini —cuestionado por episodios violentos— y el empleado municipal Franco Pegue —mencionado en denuncias por clientelismo político—
La imagen sintetiza lo que ya es evidente: la agresividad, el silencio y la falta de ética no son hechos aislados, sino prácticas avaladas desde arriba.
El pueblo paga la luz, el salario y el salón.
Ellos pagan con lealtad… pero entre ellos.


