En resumen, si andás corto de tiempo
Los Centros de Atención Primaria de la Salud (CAPS) nacieron para acercar la salud a los barrios y descomprimir hospitales, pero en la práctica se convirtieron en la obra perfecta para la foto: son relativamente baratos, se financian con programas nacionales como Argentina Hace, dependen de municipios y permiten cortar cintas, poner carteles con logos oficiales y mostrar “Estado presente” aunque el sistema esté en crisis. En distintas provincias ya hubo denuncias graves: funcionarios que cobraban guardias en CAPS donde no se atendía a nadie, obras hechas en terrenos sin autorización municipal, auditorías que muestran desinversión y edificios destruidos, programas nacionales cuestionados por irregularidades en centros y vehículos sanitarios, y un entramado de ilegalismos alrededor del primer nivel de atención que incluye sobrefacturación y manejo opaco de fondos. Mientras tanto, en lugares como Tres Arroyos se multiplican las inauguraciones de salitas y unidades sanitarias, pero los vecinos siguen bajo sospecha de agua contaminada y con un hospital que acumula denuncias por falta de insumos y recursos básicos. La pregunta que queda flotando es simple: ¿están fortaleciendo la salud pública o maquillando, con obras muy fotogénicas, un abandono estructural?
Noticia completa
Qué son los CAPS y por qué se multiplicaron
Los Centros de Atención Primaria de la Salud (CAPS) son, en teoría, la puerta de entrada al sistema público: vacunación, controles de embarazo, pediatría básica, seguimiento de enfermedades crónicas, promoción de hábitos saludables. La idea es correcta: si el barrio tiene un equipo de salud cercano, el hospital no explota y muchos problemas se resuelven antes de volverse urgencias.
A partir de los años 2000, con el Plan Federal de Salud y programas como Remediar, se impulsa fuerte la expansión de CAPS en todo el país: se entregan medicamentos gratuitos a través de estos centros y se busca jerarquizar la atención primaria como política de Estado. Más recientemente, el Plan Argentina Hace y el Programa de Infraestructura Sanitaria incluyeron explícitamente a los CAPS dentro del “equipamiento social” financiable con fondos nacionales, junto con jardines de infantes, clubes barriales y centros de apoyo a adultos mayores. En los papeles, el objetivo es fortalecer redes comunitarias y sanitarias mediante obras que ejecutan provincias y municipios con dinero enviado desde Nación.
Ese esquema tiene una consecuencia directa: Nación pone la plata y define el marco, pero quien diseña el proyecto, contrata a la empresa, controla la obra y la mantiene después es el municipio o la provincia. Es decir: mucho margen de decisión política local, poca visibilidad para el ciudadano común sobre cómo se usa cada peso.
La obra perfecta para la foto (y para la campaña)
Desde el punto de vista de la gestión política, un CAPS o una “unidad sanitaria” es la obra perfecta:
- Se construye o refacciona en pocos meses.
- Se puede mostrar fácil: fachada pintada, logo oficial, cartel con el nombre del barrio.
- Permite un acto con cinta, bombo, fotos y posteos en redes.
- Es menos conflictivo que hacer cloacas o plantas de tratamiento, que llevan más tiempo y no siempre se ven.
El propio reglamento de programas como Argentina Hace explica que el Ministerio de Obras Públicas fija el formato del cartel de obra que deben colocar los municipios, según los “patrones de comunicación” de Presidencia. Es decir: la comunicación política está prevista desde el diseño del programa.
Además, el mismo esquema de financiamiento premia la cantidad de mano de obra ocupada y la cantidad de población “beneficiada”. Eso genera incentivos para priorizar obras visibles (como un CAPS nuevo) antes que soluciones menos fotogénicas pero más estructurales (como redes de agua potable, renovación integral de hospitales o sistemas de información).
No es casual que, en muchos municipios, las redes sociales oficiales se llenen de inauguraciones de CAPS, salitas y refacciones de fachadas mientras los problemas de fondo —agua, insumos, personal, guardias— quedan sin respuesta de calidad.
Cuando la salud se vuelve negocio: casos concretos alrededor de los CAPS
La sospecha de que los CAPS pueden convertirse en caja y no sólo en servicio no es una sensación aislada. Hay casos documentados en distintas provincias:
Santa Cruz: guardias cobradas en CAPS sin atención real
En 2025 se denunciaron irregularidades graves en el Ministerio de Salud de Santa Cruz: entre ellas, el pago de guardias en Centros de Atención Primaria de la Salud durante fines de semana donde directamente no se brindaba atención. Es decir, se pagaban servicios que no se prestaban; algunos funcionarios habrían llegado a cobrar hasta 1,8 millones de pesos por esas guardias “fantasma”.
El “CAPS Peliche” y los convenios turbios
En Río Gallegos, el Centro Articulador de Políticas Sanitarias “Dr. Fernando Peliche” fue objeto de una auditoría interna del Ministerio de Salud de la Nación, que detectó irregularidades en convenios, equipamiento y manejo de bienes, al punto de recomendar la rescisión del acuerdo y de iniciar acciones sumarias por posible perjuicio fiscal. Más tarde, investigaciones periodísticas vincularon ese entramado a la figura de Rocío García, ex ministra de Salud provincial y nuera de Cristina Kirchner, imputada por defraudación en el programa “Argentina Sonríe” y señalada por haber habilitado a un ex contador ligado a Lázaro Báez para manejar vehículos sanitarios.
Aunque Peliche no es un CAPS típico de barrio, sí muestra el mismo patrón: programas que bajan desde Nación, manejo discrecional de recursos en el primer nivel de atención y un uso muy flexible de bienes que deberían estar al servicio de la salud pública.
Provincia de Buenos Aires: una obra de CAPS en terreno municipal sin cesión
En 2025, el intendente de 25 de Mayo, Ramón Egüen, denunció irregularidades en la construcción del CAPS “Ramón Carrillo”: la provincia inició la obra en terrenos municipales sin que existiera ningún convenio de cesión ni autorización formal. El jefe comunal intimó al gobierno bonaerense a devolver la obra “en el estado en que se encuentra” y a dejar de intervenir en el predio, marcando un conflicto fuerte entre niveles del Estado por la forma en que se ejecuta la infraestructura sanitaria.
Más allá de quién tenga razón en la pelea política, el dato central es otro: se empezó a construir un centro de salud sin papeles claros sobre la tierra. Una muestra de cómo, aun cuando la bandera es “más salud”, el procedimiento básico puede ser un caos.
Olavarría: auditoría y “déficit oculto” en hospitales y CAPS
En Olavarría, una auditoría presentada por la nueva gestión municipal reveló lo que llamó “déficit oculto” en el sistema de salud: desinversión en el Hospital Municipal Héctor Cura y en los Centros de Atención Primaria, edificios con años de falta de mantenimiento, equipamiento nunca entregado (como una torre de videoendoscopía comprada y jamás recibida) y aparatología de alta complejidad fuera de servicio durante meses.
Acá ya no hablamos de una obra nueva, sino de algo igual de grave: se seguía mostrando un “sistema de salud” sobre un entramado de edificios deteriorados y equipos que no funcionaban. La fachada de la política sanitaria no coincidía con la realidad de los pacientes.
El primer nivel de atención como zona gris para ilegalismos cotidianos
Estudios académicos sobre el subsistema público de salud argentino describen desde hace años una trama de “ilegalismos” alrededor de hospitales y centros de atención primaria: sobrefacturación a obras sociales públicas para compensar lo que no se les cobra a prepagas, falta de registro y controles sobre prestaciones, y una fragmentación que habilita muchas pequeñas irregularidades, más que un único gran hecho de corrupción visible.
En resumen: el problema no es sólo el CAPS como edificio, sino cómo se lo inserta en un sistema de financiamiento y control que muchas veces mira para otro lado.
Propaganda, acomodos y caja: la lógica política detrás de las salitas
Si uno mira el mapa de decisiones que rodean a los CAPS, la lógica política se vuelve bastante clara:
- Obra visible y rápida: pintar una salita, agregar dos consultorios, cambiar aberturas y armar un acto es mucho más concreto, medible en fotos y fácil de vender que discutir un plan integral de salud.
- Fondos nacionales, responsabilidad local: Nación pone la plata, el municipio maneja la contratación, el avance y el relato. Si algo sale mal, siempre hay margen para echarle la culpa a “la otra jurisdicción”.
- Espacio de propaganda permanente: el cartel de obra, los logos, los videos institucionales, las visitas guiadas y las inauguraciones dan material de campaña todo el año.
- Estructura de acomodo: cada CAPS necesita coordinación, personal administrativo, cargos de conducción, contratos temporarios. Eso abre espacio para nombramientos “a dedo”, favores, monotributos acomodados y militancia asalariada disfrazada de gestión.
- Caja directa e indirecta: constructoras cercanas al poder que se quedan con la obra, servicios tercerizados, posibles sobrefacturaciones, y en algunos casos extremos, como vimos en Santa Cruz, guardias o servicios pagos donde no hay actividad real.
Nada de esto significa que todos los CAPS sean corruptos. Pero sí muestra un patrón: el formato se presta demasiado bien para mezclar necesidades reales de salud con objetivos de propaganda y de recaudación política.
Tres Arroyos: más CAPS, misma agua y un hospital con lo justo
Traído a la escala local, la pregunta es casi inevitable.
En Tres Arroyos, la gestión actual llena su agenda pública inaugurando unidades sanitarias, reformas de salitas y anuncios de “fortalecimiento del primer nivel de atención”. Las fotos muestran paredes nuevas, señalética prolija y funcionarios sonriendo junto a vecinos.
Al mismo tiempo, los vecinos siguen conviviendo con un problema de fondo que eltresarroyense viene señalando: el agua bajo sospecha, con estudios en marcha por posibles niveles de arsénico por encima de lo permitido, y una Municipalidad que, lejos de encarar una solución estructural, se refugia en comunicados tranquilizadores y chicanas políticas.
A eso se suma la situación del hospital público, donde se acumulan denuncias y testimonios de falta de insumos básicos, equipamiento que se rompe y no se repone, planteles que trabajan al límite y pacientes que deben comprar desde medicación hasta elementos que deberían estar garantizados por el sistema.
Es decir: mientras se cortan cintas en una nueva salita, hay gente que no tiene garantizado algo tan elemental como agua segura para tomar o un hospital equipado para resolver lo que los CAPS no pueden.
La imagen que queda es incómoda: un tablero de anuncios prolijo en el primer nivel de atención, sobre un piso estructural agrietado por debajo.
Qué habría que mirar de ahora en más
Si de verdad se quiere fortalecer la salud pública —y no sólo hacer marketing con bata blanca—, algunas preguntas mínimas para cualquier CAPS o unidad sanitaria deberían ser:
- ¿Tiene agua potable segura según la normativa vigente, o se instala un centro de salud en un barrio donde el agua ya está cuestionada?
- ¿Hay personal médico y de enfermería estable, o sólo contratos precarios que se renuevan según el humor político del momento?
- ¿Se conocen públicamente los montos, las empresas contratadas y los plazos de obra, o todo queda en expedientes que nadie ve?
- ¿Se controla que las guardias se cumplan y que los servicios se presten, o sólo se firman planillas y se pagan horas que nadie puede auditar en serio?
- ¿Se integra el CAPS a una red real (referencias, contrarreferencias, turnos garantizados en el hospital), o queda como una isla útil para la foto y poco más?
En un contexto de crisis económica y ajuste, cada peso que se invierte en “un CAPS más” debería poder explicarse de cara a la comunidad: qué problema concreto resuelve, qué deja de estar en deuda (agua, hospital, insumos) y cómo se va a sostener en el tiempo cuando ya no haya acto ni inauguración.
Y ahora, te toca a vos
En eltresarroyense queremos seguir poniendo la lupa donde casi nadie quiere mirar: en los lugares donde la salud y la política se mezclan, muchas veces lejos de los reflectores.
Si sos paciente, trabajador de salud, vecino de un barrio donde se inauguró una salita o un CAPS, o tenés información sobre cómo se manejan estos centros en Tres Arroyos y la región, podés escribirnos de forma pública o reservada.
Tu experiencia puede ayudar a responder la pregunta de fondo:
¿estos CAPS están cuidando la salud del pueblo… o sólo la imagen de quienes gobiernan?




La salud pública local atraviesa una crisis que el maquillaje oficial intenta ocultar con la complicidad de ciertos medios. La realidad en los barrios es indiscutible: atención en CAPS recortada a solo 3 veces por semana, falta de insumos básicos para curaciones y cirugías suspendidas en el hospital. Mientras el Ejecutivo prioriza la imagen, los vecinos quedan desprotegidos. Menos pauta y más salud