En resumen, si andás corto de tiempo
En el carnaval de Tres Arroyos, como es tradición, se realizó la quema del “Momo”, el dios de la burla y la sátira. Pero este año, el Momo tenía la cara de Javier Milei y una banda roja en el brazo con la palabra “Libra”, una referencia directa a la polémica relación del presidente con este signo astrológico.
Lo llamativo no es que se haya hecho, sino que nadie lo cuestionó. La pregunta es inevitable: ¿qué habría pasado si el Momo hubiera tenido la cara de Perón, Néstor o Cristina?
La naturalización de este tipo de actos es un reflejo de algo más profundo: una sociedad cada vez más violenta, donde la burla y el desprecio al otro han dejado de ser excepciones para convertirse en costumbre.
Noticia completa
El Municipio organizó un nuevo festival –como casi todos los fines de semana–, esta vez en el marco del Carnaval. La Dirección de Cultura, junto con el Centro Cultural La Estación y el Centro Cultural La Casona, llevaron adelante una celebración con música, baile y la tradicional quema del «Momo», una figura que en la tradición pagana representa la burla y la sátira.
Hasta acá, nada fuera de lo común. Pero este año, el Momo tenía la cara de Javier Milei y una banda roja en el brazo con la palabra “Libra”, un detalle que no parece casual, considerando la insistencia del presidente con este signo zodiacal en sus discursos y decisiones.
📌 ¿Un simple acto de sátira o un doble estándar evidente?
En Argentina, es habitual que en Carnaval se quemen figuras que representan a personajes políticos o mediáticos. Pero lo llamativo no es que el Momo haya sido Milei, sino el silencio que rodeó la quema.
La pregunta es inevitable: ¿qué hubiera pasado si en lugar de Milei, el Momo hubiese tenido la cara de Perón, Néstor o Cristina?
👉 ¿Se habría permitido con la misma naturalidad?
👉 ¿Los mismos sectores que hoy lo celebran habrían defendido la «sátira»?
👉 ¿Habría pasado desapercibido en los medios o se hablaría de un «mensaje de odio»?
📌 La violencia normalizada
Lo preocupante de este hecho no es solo la quema de una figura, sino la naturalización de la violencia simbólica en nuestra sociedad.
Cuando se banaliza la destrucción de la imagen de un presidente, cualquiera sea su ideología, se normaliza la idea de que el desprecio hacia el otro es aceptable. Y si la violencia simbólica se acepta sin cuestionamientos, ¿qué impide que se transforme en violencia real?
La reflexión va más allá de la política. Un país que se acostumbra a ridiculizar y demonizar al que piensa distinto es un país destinado al enfrentamiento constante. La quema del Momo de Milei no es solo una anécdota carnavalesca, es el reflejo de una sociedad cada vez más violenta, donde el enemigo no se debate, se quema.






