La llegada de Uber a Tres Arroyos ya está produciendo cambios entre quienes prestaban el servicio de transporte antes de su desembarco. Mientras el Concejo Deliberante prepara el debate sobre su regulación, dos remiserías de la ciudad anunciaron modificaciones en la forma de cobrar y ofrecer viajes. La competencia está moviendo un mercado que hasta hace pocas semanas funcionaba sin esta plataforma.
La novedad permite observar las dos caras del libre mercado: más alternativas y presión para mejorar el servicio para los pasajeros, pero también una exigencia económica para los prestadores locales, que ahora compiten con una empresa internacional. Los cambios son concretos; el resultado de esa competencia, todavía no.
Uber impulsó un cambio de tarifas en los remises de Tres Arroyos
Remi-Car comenzó a cobrar una bajada de bandera de $2.000 más $100 por cuadra recorrida. Con ese esquema, un viaje de 13 cuadras cuesta $3.300. La agencia también informó que los pasajeros podrán conocer un presupuesto antes de viajar, tanto mediante su aplicación como al solicitar un auto por teléfono.
Su propietario, Sebastián Anselmi, reconoció que la competencia de Uber motivó el cambio de precios. Aseguró, además, que su trabajo cayó un 50% desde la llegada de la plataforma, aunque señaló que la situación económica también afecta la demanda. Ese porcentaje es una estimación del empresario sobre su propia actividad, no una medición de todo el sector.
El nuevo sistema modifica cómo se calcula el viaje, pero no permite afirmar por sí solo que todos los recorridos hayan bajado de precio: para comprobarlo habría que comparar la tarifa anterior y la nueva en trayectos equivalentes.
La respuesta no es de una sola agencia
Remís Moreno también anunció que prepara una herramienta digital propia para calcular viajes según la distancia y dejar atrás el cobro por cuadrantes, que asignaba valores iguales a recorridos de distintas longitudes. Su propietario, Marcelo Lucci, advirtió sobre el impacto de las promociones de Uber y planteó la necesidad de competir con precios previsibles y atención de cercanía.
Que dos agencias revisen sus sistemas en un mismo momento pone de relieve una consecuencia de la nueva competencia: no se disputa únicamente el precio, sino también la información que recibe el pasajero antes de subir, la facilidad para pedir un auto y la experiencia del servicio.
El beneficio inmediato y la incertidumbre de largo plazo
Para el usuario, contar con más opciones significa poder comparar precios, tiempos de espera y modalidades de contratación. En una ciudad que no dispone de un servicio regular de colectivos urbanos, esa alternativa puede resultar especialmente relevante.
Pero competir con una plataforma de escala internacional presenta desafíos para las agencias y los choferes locales. Los precios promocionales pueden atraer pasajeros sin reflejar necesariamente lo que costará el mismo viaje más adelante. La propia Uber explica que sus valores pueden aumentar en momentos de mayor demanda mediante tarifas dinámicas.
Esto no demuestra que Uber vaya a desplazar a los remises ni que los precios necesariamente subirán en el futuro. Sí deja abierta una pregunta económica: ¿podrán sostenerse distintas opciones de transporte cuando termine la etapa inicial de promociones y todos deban cubrir sus costos de funcionamiento?
La discusión por las reglas también llega al Concejo
El debate ya tiene una dimensión política. Para el jueves 5 de noviembre se anunció el tratamiento de una propuesta de regulación impulsada por el oficialismo, con registro de choferes, licencia profesional, controles técnicos y seguros específicos. También se anticipó que los remiseros y taxistas habilitados podrían trabajar mediante la aplicación.
Las agencias tradicionales reclaman condiciones de seguridad y habilitación equivalentes para todos. La discusión no se limita a permitir la actividad: alcanza a quién controla los vehículos, qué obligaciones asumen los conductores y la plataforma, y cómo se protege a los pasajeros.
ElTresArroyense ya analizó las experiencias de otras ciudades y las cuestiones pendientes antes de esa votación. Ahora, el movimiento de las propias remiserías aporta un dato local: la competencia ya empezó a modificar la oferta, incluso antes de que se definan las nuevas reglas. Lo que resta conocer es si esos cambios podrán mantenerse y qué consecuencias tendrán para usuarios y trabajadores.









