A unos diez kilómetros de Claromecó, en un campo cercano al puente Gallego y sobre la margen izquierda del arroyo, hay un montículo rodeado por un foso. Durante años, vecinos de la zona lo identificaron con el fortín Costa, un antiguo puesto militar del siglo XIX. Sin embargo, los investigadores todavía no pudieron establecer de manera definitiva qué funcionó allí.
El lugar se conoce entre los arqueólogos como sitio Gallego. Una investigación presentada en julio de 2026 examinó 325 fragmentos de vidrio recuperados en el terreno. El estudio aporta una nueva línea de trabajo sobre la vida cotidiana de quienes ocuparon ese espacio, pero no significa que se haya descubierto un fortín ni que su identidad haya quedado confirmada.
Un montículo, un foso y restos de distintas épocas
La historia de la investigación tomó impulso en 2022, cuando un equipo dirigido por la arqueóloga Vanesa Bagaloni intervino tras conocer que el predio había sido explorado con detectores de metales. Durante la campaña se relevó una estructura monticular de forma aproximadamente cuadrangular, rodeada por un foso, junto con otras elevaciones y depresiones del terreno.
Los investigadores realizaron recorridos de recolección superficial organizados en sectores. Encontraron materiales de vidrio, cerámica, metal, elementos constructivos y restos óseos. Las primeras estimaciones ubicaron ese conjunto en una secuencia amplia: desde mediados del siglo XIX hasta avanzado el siglo XX. Es decir, no todo lo que apareció allí necesariamente pertenece al mismo momento histórico.
Los resultados iniciales se presentaron en el Congreso Nacional de Arqueología Argentina de 2023. Al año siguiente, un artículo científico publicado en la revista Práctica Arqueológica detalló tanto los trabajos de campo como las dificultades que había provocado la extracción previa de objetos.
¿Era realmente el fortín Costa? Las tres hipótesis
El fortín Costa está asociado a la etapa de expansión de la frontera bonaerense sobre territorios indígenas durante el siglo XIX. Su funcionamiento se sitúa entre 1864 y 1866. En la memoria de algunos pobladores, el montículo cercano al puente Gallego corresponde a aquel asentamiento.
Pero hay una dificultad: la documentación histórica consultada por los investigadores también ubica al fortín Costa varios kilómetros más al norte, sobre la misma margen del arroyo. Esa discrepancia impide dar por comprobada la identificación.

A partir de los testimonios, los restos arqueológicos y la documentación, el equipo planteó tres explicaciones posibles: que se trate del fortín Costa seguido por una ocupación rural posterior; que haya funcionado allí otro fortín no identificado oficialmente, también ocupado después por pobladores rurales; o que el lugar haya sido directamente un asentamiento fronterizo o rural fortificado, utilizado en diferentes momentos.
El artículo de 2024 consideró plausible, de manera preliminar, la existencia de una instalación militar de mediados del siglo XIX reutilizada luego con construcciones civiles. Aun así, la evidencia publicada no permite decidir definitivamente entre las tres alternativas.
Qué revelan los 325 fragmentos de vidrio estudiados en 2026
El nuevo aporte corresponde a Mariana L. Espinosa, en una investigación desarrollada junto con Bagaloni y presentada en el XXII Congreso Nacional de Arqueología Argentina, celebrado del 27 al 31 de julio de 2026 en Buenos Aires.
Los 325 fragmentos no constituyen un hallazgo efectuado en 2026: proceden de recolecciones superficiales sistemáticas realizadas anteriormente en el sector del montículo, el foso y sus inmediaciones. El trabajo analizó dimensiones, colores, partes y tipos de recipientes, marcas de fabricación y modificaciones posteriores, así como posibles uniones entre fragmentos.
Ese examen busca establecer qué objetos fueron utilizados, en qué época pudieron circular y de dónde procedían. También permite investigar circuitos de producción, distribución y consumo que conectaban al sur bonaerense con otras regiones. El resumen científico disponible no identifica de manera concluyente los recipientes ni demuestra por sí solo que el sitio haya sido un fortín.
Los objetos que habían sido retirados del terreno
Hay otra parte de la historia menos conocida. Según la investigación de 2024, durante al menos quince años distintas personas realizaron intervenciones no profesionales con detectores de metales en el sitio Gallego. Cuando los arqueólogos recorrieron el lugar encontraron desde pequeñas perforaciones hasta pozos y cuadrículas de alrededor de un metro de lado.

Parte de las piezas metálicas recuperadas en distintas épocas había sido entregada al Museo Regional de Claromecó Aníbal Paz. En 2022, el equipo científico fotografió las colecciones de dos detectoristas, realizó inventarios y trabajó en su acondicionamiento y guarda. El estudio también registró el testimonio de personas vinculadas con esas búsquedas.
La extracción de objetos sin un registro arqueológico sistemático plantea un problema: cuando se separa una pieza del lugar preciso donde estaba, se pierde información sobre su relación con otras evidencias. Los investigadores destacaron, sin embargo, la colaboración posterior de vecinos y detectoristas para documentar los materiales y preservar lo que quedaba del sitio.
Una investigación que también involucra a Claromecó y Tres Arroyos
La experiencia dio lugar al proyecto de ciencia ciudadana “Fortines, arqueología y patrimonio”, presentado en 2023 bajo la dirección de Bagaloni. El trabajo incorporó al Museo Aníbal Paz, al Museo de Arqueología José A. Mulazzi de Tres Arroyos, a vecinos, aficionados y representantes de distintas instituciones locales.
La búsqueda no se limitó a recoger piezas. También se revisaron fuentes gráficas y documentos del Archivo Histórico de Geodesia, del Servicio Histórico del Ejército y del Archivo General de la Nación para comparar los relatos locales con la historia escrita.

Por ahora, el misterio permanece abierto. La arqueología encontró evidencias de ocupaciones humanas de distintas épocas y estructuras que merecen seguir investigándose, pero no existe una confirmación publicada que permita afirmar que se descubrió el fortín Costa o un fortín desconocido. Precisamente por eso, el sitio Gallego es una de las historias históricas menos conocidas y más interesantes del partido de Tres Arroyos.









