En la marmita de barro ancestral hierben vidas viejas que me reclaman lo que no fueron, he sido tantos, que hoy me cuesta ser ninguno, pierdo la memoria inmediata y el manantial de olvido se escurre lentamente, desgasta mis piedras de recuerdos y me ordena oxigenar el futuro, soy la mitad de algo que suma dos, o incontables varios que no hacen uno, pero me niego a ser singular, defiendo mi bastión de utopías, aún queda aliento por compartir, manos para tomar, vino por beber y bocas para besar.
Hay polen que se hará miel y amarguras que no serán. Hay gorriones en mi patio y el aire huele a jazmín. Como ícono de vida mi corazón late en estado alerta, el universo nos queda chico y no entramos en nosotros mismos. La razón es tirana y no acepta razones.
Mientras queden noches para soñar la luna dirá presente para velar mi vigilia.






