Buscando el reino soñado sobrevuelo la colmena presagiando a la reina que alterna mis sueños con su realidad, la miel parece lejana, pero no imposible. Plebeyo místico de anónimos talles camino en puntas de pies para no despertar mi sombra, no quiero ser el que fui y necesito ser quien debo, el laberinto se burla de mi extravío y me modifica la salida en cada eclipse, los parches hostiles retumban en épicos redobles para acallar el canto del ave, solo cerrando mis ojos puedo escuchar su lejano trino, el tiempo es una espina que se clava en la aorta, sangro por dentro lo que no vivo por fuera, la savia amarga marchita mis brotes y no hay pradera que cobije mi trébol, el nido se vuelve adverso, la mueca tosca, la roca dura, la sal no preserva el tiempo dulce y vago con la premisa de ser un elegido que se le prohíbe la opción. Puede que me falte todo pero nadie puede quitarme la nada que me pertenece. Cuando el pájaro alza vuelo solo la sombra queda en tierra, soy dueño de mis instantes y esclavo de mis dudas.
El instinto no se equivoca, el universo me dicta al oído y pone mi brújula en el norte preciso, la felicidad es la meta a conseguir, todo lo demás es periférico, solo recodos del camino que habrá que sortear. Los pasos no se detienen, voy a mi propio encuentro para ser yo mismo.






