Nota: 6, un “en proceso” o varios “en proceso”… y de repente llega la hora de preocuparse.
Se ve en las caras. Padres preocupados o enojados. ¿Y los alumnos y alumnas? También. Ahí aparecen las opciones: retar o sentarse a acompañar. Y del lado de los chicos también: encaminarse, pedir ayuda, o la peor de todas, empezar a creer que el colegio es lo peor del mundo.
¿Sabés qué los lleva a una baja nota? Un montón de cosas: distracción, problemas, preocupaciones, una duda mal resuelta, un tema que no les interesó, un comentario desalentador, cansancio, falta de práctica o hasta un problema en la vista. El abanico es inmenso.
Por eso, a veces hay que mirar un poco más atrás de la nota y del boletín. Ahí es donde acompañar marca la diferencia. El equilibrio está en saber cuándo darle una manito y cuándo darle ese empujoncito que necesita para volver a intentarlo.
Que llegue el boletín puede ser un motivo de alegría, una señal de alarma o un buen momento para charlar.
También depende de nosotros.







