En resumen, si andás corto de tiempo
El intendente Pablo Garate encabezó la inauguración de una remodelación del Centro de Monitoreo, acompañado por su secretario de Seguridad, Juan Apolonio. Aunque el acto se presentó como la apertura de un “nuevo centro”, en realidad se trata de una renovación tecnológica del sistema ya existente. Mientras tanto, el uso de las cámaras no está regulado por ordenanza: no hay reglas claras sobre privacidad, tiempos de almacenamiento ni condiciones de trabajo del personal. En plena crisis económica, se invierte en más vigilancia sin discutir antes cómo se debe usar ni cuánto costó.
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Con una puesta en escena que incluyó cámaras, funcionarios, medios y cinta de inauguración, el intendente Pablo Garate presentó la remodelación del Centro de Monitoreo de Tres Arroyos, una obra que fue comunicada como si se tratara de una construcción nueva.
Sin embargo, el propio secretario de Seguridad, Juan Apolonio, aclaró que el antiguo centro quedó obsoleto y se lo actualizó con nuevas tecnologías, domos de vigilancia, lectores de patentes, un nuevo sistema de almacenamiento y software de control. Actualmente se cuenta con 322 cámaras y se sumaron 70 domos y seis lectores de patentes, con el objetivo de cerrar un “anillo digital”.
Más allá del despliegue, hay un punto que no fue mencionado durante el acto oficial: el sistema aún no está regulado por ninguna ordenanza municipal. La información recabada por las cámaras, su uso, los límites sobre la privacidad, los tiempos de almacenamiento, el acceso a las imágenes y las condiciones de trabajo del personal siguen sin un marco normativo claro.
Recién ahora, y por impulso de la oposición, se presentó un proyecto de ordenanza para ordenar todo este funcionamiento. Entre otros puntos, la propuesta busca:
- Establecer qué se puede grabar y qué no (por ejemplo, no se podrían enfocar interiores de viviendas ni vehículos).
- Determinar cuánto tiempo se guarda el material y con qué acceso.
- Evitar que los operadores trabajen en turnos excesivos, sin descansos, ni puedan entrar con celulares.
- Garantizar capacitaciones obligatorias y control político del sistema.
Mientras tanto, el Ejecutivo avanza por su cuenta: anuncia cámaras, las instala, amplía su alcance y corta cintas, sin esperar a que haya una norma que proteja a los vecinos.
Y lo hace, además, en plena crisis financiera, con el Municipio declarando déficit millonario, proveedores sin cobrar y áreas clave, como Desarrollo Económico, completamente desmanteladas.
La seguridad se convierte así en puesta en escena, mientras las reglas del juego siguen pendientes. La pregunta que queda flotando es clara: ¿hay algo más peligroso que vigilar sin ser vigilado?
💬 ¿Qué opinás vos?
¿Invertir en cámaras sin reglas claras es seguridad o control sin control? ¿No deberíamos exigir primero transparencia antes que tecnología?






