María Alonso llevaba una vida activa, trabajaba al frente de una empresa web, corría varias veces por semana y solía moverse en bicicleta. El 21 de enero de 2023, mientras regresaba a su casa, sufrió un desmayo repentino, perdió el control de la bicicleta y cayó contra el asfalto. El golpe le provocó un traumatismo encéfalo craneano severo y abrió un camino de recuperación que cambiaría por completo su vida.
Tras ser asistida e internada, los médicos debieron operarla de urgencia. Permaneció 33 días internada en coma: durante los primeros 25 estuvo bajo coma farmacológico inducido y luego continuó inconsciente varios días más. Después fue trasladada a una clínica especializada en neurorrehabilitación, todavía sin haber recuperado plenamente la conciencia.

El día en que María volvió a conectarse con el mundo
En su jornada 35 de internación volvió a conectarse con el entorno. Al despertar, comenzó a tomar dimensión de lo ocurrido y de las secuelas que había dejado el accidente, especialmente en el lado izquierdo de su cuerpo. A partir de ese momento empezó una rehabilitación extensa para recuperar movimientos, equilibrio, coordinación y autonomía.
El proceso incluyó el trabajo de neurólogos, fisiatras, terapeutas ocupacionales, kinesiólogos y enfermeros. Tareas cotidianas como vestirse, comer, caminar o subir una escalera tuvieron que ser trabajadas nuevamente, paso a paso.
El regreso a su casa también implicó una adaptación. Su familia colocó barandas y agarraderas para reducir el riesgo de nuevas caídas, mientras María continuaba aprendiendo a desenvolverse con mayor independencia.

Una recuperación que transformó en palabras
Durante la internación, su marido mantuvo informados a familiares y amigos sobre cada avance. Con el tiempo, esa experiencia y los textos escritos por María terminaron dando forma a Vuelta al mundo en 165 días, un libro nacido de su proceso de recuperación.
La experiencia también derivó en REHABITAR, historias que laten, un proyecto con el que busca visibilizar lo que atraviesan quienes deben reconstruir su vida después de una lesión y poner en valor el trabajo de los equipos de rehabilitación y las redes familiares.
Hoy María continúa con rehabilitación ambulatoria y sostiene que su mayor deseo ya se cumplió: estar bien, despierta y poder compartir lo vivido. Su historia quedó marcada por una caída que la obligó a empezar de nuevo, pero también por cada pequeño avance que le permitió recuperar autonomía y volver a habitar su propia vida.











