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“Hoy tengo 70 años y no puedo empezar de vuelta”: Juan se quebró ante el Concejo por el miedo a perder su hogar

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Juan Alberto González lleva 30 años viviendo en Barrow. Este jueves se sentó frente a los concejales de Tres Arroyos y puso en palabras lo que hasta ahora podía explicarse con decretos, expedientes y terrenos: detrás del proceso impulsado por Nación hay familias que temen perder el lugar donde construyeron su vida.

“Nos quieren sacar. Ya nos llegó una orden donde tenemos que salir de Estación Barrow”, comenzó diciendo durante su intervención en la Banca Ciudadana.

Según explicó, son cinco las familias alcanzadas y tres de ellas tienen hijos.

Pero a medida que avanzó su relato, el problema dejó de ser solamente el de una notificación. Juan contó qué significan para ellos esas casas, cómo llegaron hasta allí y qué hicieron durante décadas para convertirlas en sus hogares.

Treinta años viviendo en Barrow

Juan contó que llegó a Tres Arroyos hace alrededor de 35 años por trabajo y que cinco años después comenzó a vivir en la casa de Barrow que todavía ocupa.

Según relató ante el Concejo, no ingresó rompiendo ni tomando el inmueble por la fuerza. Aseguró que recibió las llaves de un hombre de apellido Benavides que tenía la documentación de la vivienda.

Desde entonces pasaron tres décadas.

“Cuando nosotros llegamos a Estación Barrow no había nada”, explicó. También sostuvo que quienes viven allí fueron manteniendo y mejorando las viviendas con sus propios recursos.

En su caso, recordó que una parte de la casa llegó a incendiarse y que él mismo la reconstruyó.

“No es que la dejé porque estaba quemada y no era mía. Yo la arreglé, se pintó y se puede vivir”, señaló.

También contó que otro de los vecinos directamente levantó su vivienda desde cero y que las familias realizaron arreglos porque allí crecieron sus hijos y desarrollaron su vida cotidiana.

Juan reconoce que la propiedad legal no les pertenece: “Sabemos que no es nuestro”. Pero inmediatamente agregó algo que atravesó todo su testimonio: durante años pusieron trabajo, dinero y esfuerzo para sostener esos hogares.

“Lo único que pedimos es que nos dejen vivir tranquilos”

Durante buena parte de su exposición, Juan intentó explicar algo difícil de medir en metros cuadrados: la vida que las cinco familias construyeron en Barrow.

Habló de chicos jugando en la calle hasta entrada la noche, puertas que a veces quedan sin llave, vecinos que se compran el pan entre ellos y personas que se acompañan cuando alguno necesita ayuda.

Recordó incluso una ocasión en la que estuvo enfermo y un vecino lo llevó hasta el hospital porque él no podía manejar.

“Tenemos tranquilidad. Tenemos algo que no vamos a pagar en ninguna parte”, resumió.

Y volvió una y otra vez al mismo pedido:

“Lo único que pedimos es que nos dejen vivir tranquilos. Nada más. Nosotros no queremos nada, solo eso”.

La edad, la jubilación y la imposibilidad de empezar otra vez

Juan explicó que hoy vive de una jubilación y que aun así continúa trabajando.

“Si no trabajo no puedo vivir, no me alcanza para vivir. Esa es la realidad. Menos para hacer una casa de vuelta. ¿Cómo hago?”, planteó.

Fue entonces cuando su relato comenzó a quebrarse.

Recordó que llegó siendo mucho más joven, que trabajó durante décadas y que sus cuatro hijos mayores se criaron en Barrow.

“Hoy no tengo 30 años, hoy tengo 70 y no puedo empezar de vuelta”, dijo.

Explicó que ya no tiene las mismas posibilidades físicas ni económicas que cuando llegó y que una mudanza significaría empezar nuevamente después de tres décadas.

“Para un tipo que vivió como viví yo, empezar de vuelta hoy es muy crudo y es muy feo, porque no tengo la misma capacidad que tenía antes”, expresó.

El momento en que Juan ya no pudo seguir

Hacia el final de los más de diez minutos que duró su exposición, Juan repasó parte de su vida, sus años de trabajo y las situaciones difíciles que atravesó antes de encontrar en Tres Arroyos y Barrow un lugar que, según sus propias palabras, le dio “mucha paz y mucha tranquilidad”.

Entonces se detuvo.

“Por eso es que hoy para mí se pone más difícil”, alcanzó a decir.

“Porque con casi 70 años no estoy para seguir luchando. Ya no… ya no puedo”.

Juan se quebró y tuvo que hacer una pausa.

Después miró nuevamente hacia los concejales y amplió su preocupación hacia las demás familias.

“Esto se pone complicado para mí, como se pone complicado para la demás gente, porque los demás también tienen criaturas, tienen una familia, tienen una vida”.

Antes de terminar pidió disculpas por haberse emocionado. Desde el recinto le respondieron agradeciéndole su intervención y recibió un aplauso.

Nación ya avanzó sobre los terrenos de Barrow

Mientras las familias reclaman una respuesta, el proceso administrativo sobre las tierras continuó avanzando.

En 2025, documentación oficial del Ministerio de Economía dejó asentada expresamente la existencia de un “sector de viviendas actualmente ocupadas” dentro del análisis realizado sobre el cuadro ferroviario de Barrow.

Posteriormente fueron desafectados del uso ferroviario 50.120,98 metros cuadrados.

El 4 de mayo de 2026, el Gobierno nacional autorizó a la Agencia de Administración de Bienes del Estado a disponer, enajenar o transferir una serie de inmuebles entre los que se encuentra Barrow.

Actualmente, la propia AABE publica el Cuadro de Estación Barrow bajo el estado “Venta futura”.

Todavía no se informa públicamente una fecha ni las condiciones de una eventual subasta.

Este jueves, sin embargo, apareció otra dimensión del expediente: la de quienes viven allí.

Juan aseguró que las familias ya recibieron una orden para abandonar el lugar y la cobertura de la sesión del Concejo identificó esa notificación como proveniente del Gobierno nacional.

“Si nos tenemos que ir, que nos den un tiempo”

Aunque su principal pedido es permanecer en Barrow, Juan también planteó qué necesitarían si finalmente eso no fuera posible.

“Si nos tenemos que ir, que nos den un tiempo, porque no podemos salir de un día para otro con todos los monos encima”, pidió.

Son treinta años de pertenencias, animales, muebles, recuerdos y vida acumulada.

Por eso, detrás del proceso sobre las tierras de Barrow ya no hay solamente una discusión sobre qué hará el Estado con un inmueble.

Hay cinco familias esperando saber qué va a pasar con sus casas.

Y este jueves Juan logró que esa incertidumbre tuviera una voz.

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