Tiene apenas 11 años. Es de Orense. Hace solamente tres que empezó a nadar. Y este fin de semana, a miles de kilómetros de su casa, Mía de la Iglesia subió dos veces a un podio internacional con los colores de la Argentina.
La joven nadadora del distrito de Tres Arroyos está representando a la Selección Argentina de Natación para Sordos en los VI Juegos Panamericanos de la Juventud Sorda, que se desarrollan en Guayaquil, Ecuador.
Y su primera experiencia internacional con la camiseta celeste y blanca ya es inolvidable: ganó la medalla de bronce en los 50 metros pecho y luego consiguió la plata en los 100 metros pecho.
Dos carreras. Dos podios. Dos medallas para la Argentina.
Pero detrás de esas medallas hay una historia mucho más grande.

Dos carreras, dos podios para Mía en Guayaquil
La primera alegría llegó en los 50 metros pecho, donde Mía terminó tercera y consiguió la medalla de bronce.
Un día después volvió a tirarse al agua y fue todavía más lejos: terminó segunda en los 100 metros pecho y sumó una medalla de plata para la delegación argentina.
Todo con 11 años y en su primera experiencia representando al país en una competencia internacional de esta magnitud.
Este lunes 24 está prevista su última participación, en los 200 metros libres. Al momento de esta publicación todavía no se había difundido públicamente el resultado de esa prueba.
Pero lo que Mía consiguió hasta acá ya alcanza para dimensionar el enorme camino recorrido.

De aprender a nadar a ponerse la camiseta argentina
Mía empezó a nadar cuando tenía 8 años.
Lo que comenzó como una actividad que disfrutaba fue convirtiéndose, entrenamiento tras entrenamiento, en algo mucho más grande.
Llegaron las horas de pileta, la técnica, las competencias y después las concentraciones en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo.
En mayo participó junto a deportistas de distintas provincias de una concentración de la Selección Argentina de Natación para Sordos en el CeNARD. Allí hubo entrenamientos en doble turno, trabajos técnicos, tomas de tiempo y preparación específica.
Para entonces, aquel sueño ya tenía nombre: Guayaquil 2026.
Y Mía había conseguido su lugar.

230 kilómetros por día para perseguir un sueño
Hay un dato que permite entender mejor todo lo que hubo antes de las fotos con las medallas.
Durante el verano, cuando todavía faltaban meses para viajar a Ecuador, Mía necesitaba intensificar su preparación.
Su entrenador, Marcelo Ibarrondo, estaba trabajando durante la temporada en Coronel Pringles. La solución que encontró su familia fue tan sencilla de explicar como enorme de realizar: viajar todos los días para que pudiera entrenar.
Fueron alrededor de 230 kilómetros diarios, ida y vuelta, para cumplir con entrenamientos en doble turno.
Kilómetros, horarios, esfuerzo familiar y muchas horas dentro del agua.
Mientras tanto, Mía continuó con la escuela y con una rutina deportiva cada vez más exigente.
El podio de Guayaquil empezó mucho antes de Guayaquil.
Una familia, entrenadores y una comunidad detrás de Mía
En ese camino aparecen también nombres fundamentales.
Marcelo Ibarrondo y Luciana Meléndez forman parte del equipo que acompaña su preparación. Meléndez, además, es intérprete de Lengua de Señas Argentina y cumple un papel central en el trabajo cotidiano junto a Mía.
Su desarrollo también está ligado al Programa Municipal de Deporte Adaptado y a los espacios que hicieron posible sostener las horas necesarias de entrenamiento.
Y estuvo su familia.
Cuando llegó el momento de afrontar un viaje internacional, hubo que conseguir recursos. Se realizaron rifas, ventas de pizzas y distintas iniciativas para colaborar con los gastos necesarios para que Mía y su equipo pudieran estar en Ecuador.
Detrás de la chica que hoy aparece con una medalla argentina colgada del cuello hubo muchas personas empujando en la misma dirección.
Una chica de Orense representando a todo un país
Antes de llegar a los Panamericanos, desde el propio Municipio ya habían destacado a Mía como una deportista de alto rendimiento de la localidad de Orense.
Hoy ese dato adquiere otra dimensión.
Desde una localidad del distrito de Tres Arroyos hasta una pileta en Guayaquil. De empezar a nadar a los 8 años a integrar una Selección Argentina a los 11. De cientos de kilómetros para poder entrenar a subir dos veces a un podio continental.
Mía todavía es una nena y su historia deportiva recién empieza.
Por eso quizás lo más importante no sean solamente el bronce y la plata.
Es todo lo que hubo que hacer para llegar hasta ahí.
Y saber que, cuando llaman a los deportistas de la Argentina para competir del otro lado del continente, hay una chica de Orense entre ellos.
Si esta historia también te llena de orgullo, compartila. Hay logros de nuestros tresarroyenses que merecen llegar mucho más lejos que cualquier podio.








