miércoles, julio 15, 2026
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Milei admira a Thatcher, la mujer que ordenó matar a 323 argentinos

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En resumen, si andás corto de tiempo

Javier Milei reivindica a Margaret Thatcher, la primera ministra británica que autorizó el ataque contra el ARA General Belgrano. Detrás de esa admiración hay dos torpedos, 323 argentinos muertos y una herida que permanece abierta en la memoria nacional.

Javier Milei admira a Margaret Thatcher, la primera ministra británica que autorizó el ataque contra el ARA General Belgrano durante la Guerra de Malvinas. Detrás de esa admiración hay una orden concreta, dos torpedos y 323 argentinos que nunca regresaron a sus hogares.

Hay admiraciones que no pueden explicarse solamente mediante una preferencia ideológica.

Margaret Thatcher podrá ser una referencia del liberalismo económico, una figura celebrada por determinados sectores políticos o un símbolo de firmeza para sus seguidores. Pero para la Argentina fue también la jefa del gobierno que autorizó el ataque contra el crucero ARA General Belgrano.

Javier Milei no desconoce ese dato. Aun así, reivindicó públicamente su figura y la comparó con grandes deportistas extranjeros que alguna vez derrotaron a la Selección argentina.

Pero Malvinas no fue un partido de fútbol.

Los torpedos no fueron goles. Los muertos no fueron un resultado adverso. Y los 323 argentinos que quedaron en el Atlántico Sur no pueden apartarse de la biografía de quien tomó la decisión de atacarlos.

El ARA General Belgrano sobrevivió a Pearl Harbor y terminó bajo bandera argentina

El ARA General Belgrano había sido botado en Estados Unidos el 12 de marzo de 1938 con el nombre USS Phoenix.

Era un crucero ligero de la clase Brooklyn. En diciembre de 1941 se encontraba en Pearl Harbor cuando la aviación japonesa atacó la base estadounidense. El buque sobrevivió y posteriormente participó en distintas operaciones de la Segunda Guerra Mundial en los océanos Pacífico e Índico.

Tras ser retirado del servicio estadounidense, fue comprado por la Argentina en 1951. Primero recibió el nombre ARA 17 de Octubre y, después de 1955, fue rebautizado ARA General Belgrano en homenaje al creador de la Bandera Nacional.

Durante más de tres décadas formó parte de la Armada Argentina. Cumplió tareas de entrenamiento, patrullaje, transporte, búsqueda y salvamento, formación de cadetes y operaciones de la Flota de Mar.

Cuando comenzó la Guerra de Malvinas ya era un barco antiguo frente a la tecnología naval británica, pero seguía siendo una unidad de combate de la Argentina.

El 16 de abril de 1982 zarpó desde Puerto Belgrano hacia el sur. A bordo viajaban 1.093 personas.

No eran pasajeros trasladados hacia otro destino. Eran los integrantes de la dotación que debían operar el crucero: oficiales, suboficiales, cabos, marineros, conscriptos y dos trabajadores civiles.

Quiénes eran los 1.093 argentinos del General Belgrano

La tripulación estaba compuesta por 56 jefes y oficiales, 11 suboficiales mayores y principales, 26 suboficiales primeros, 76 suboficiales segundos, 131 cabos principales, 93 cabos primeros, 235 cabos segundos, 55 marineros y 408 conscriptos.

También se encontraban a bordo Heriberto y Leopoldo Ávila, dos hermanos santiagueños que atendían la cantina del buque. Eran civiles y no estaban obligados a participar de la guerra, pero decidieron permanecer junto a la tripulación.

Entre los 323 argentinos que murieron había tres oficiales, un suboficial mayor o principal, un suboficial primero, 36 suboficiales segundos, 45 cabos principales, 28 cabos primeros, 77 cabos segundos, 28 marineros, 102 conscriptos y los dos hermanos Ávila.

No eran una cifra.

Eran hijos, padres, hermanos, esposos, trabajadores y jóvenes que cumplían el servicio militar obligatorio. Muchos apenas habían dejado atrás la adolescencia cuando fueron enviados a una guerra decidida por una dictadura.

Recordarlos no significa reivindicar a quienes gobernaban el país ni justificar la aventura militar de 1982. La dictadura fue responsable de llevar a la Argentina a una guerra improvisada y de utilizar una causa nacional legítima para intentar prolongar su permanencia en el poder.

Pero ninguna responsabilidad de los mandos argentinos convierte en menos argentinas las vidas de quienes estaban en ese barco.

Dos torpedos británicos fuera de la zona de exclusión

El 2 de mayo de 1982, el ARA General Belgrano navegaba al sur de las Islas Malvinas junto a los destructores ARA Piedra Buena y ARA Bouchard.

El grupo argentino había recibido previamente una orden de aproximación contra la flota británica. Sin embargo, la operación había sido anulada y, al momento del ataque, el crucero navegaba con rumbo oeste-noroeste, hacia sectores más próximos al continente.

Además, se encontraba fuera de la zona de exclusión marítima que el propio Reino Unido había establecido alrededor de las islas.

Eso no significa que fuera un barco civil, neutral o completamente ajeno a las operaciones militares. Era un buque de guerra y su grupo permanecía a la espera de nuevas órdenes.

Pero también es un hecho que el gobierno británico modificó sus reglas de combate para permitir que fuera atacado fuera de aquella zona.

A las 16.02, el submarino nuclear HMS Conqueror disparó tres torpedos contra el crucero argentino. Dos impactaron: uno en la zona de máquinas y otro en la proa.

A las 16.23 se ordenó abandonar el barco y, aproximadamente media hora después, el General Belgrano desapareció bajo las aguas.

Las explosiones y sus consecuencias inmediatas provocaron 272 muertes. El hundimiento, el frío y las condiciones extremas del mar elevaron posteriormente el número de víctimas a 323.

Casi la mitad de todos los argentinos muertos durante la Guerra de Malvinas perdió la vida en aquella única acción.

La noche más larga del Atlántico Sur

Quienes lograron abandonar el buque subieron a balsas en medio de temperaturas extremas, olas violentas y una visibilidad casi inexistente.

Durante la noche se desató una tormenta con fuertes vientos. Las balsas, que inicialmente estaban unidas, debieron cortar sus cabos y enfrentar separadas la fuerza del mar.

Había hombres heridos, quemados, empapados y con principio de hipotermia. Algunos habían perdido compañeros dentro del barco. Otros los vieron morir en las balsas mientras esperaban un rescate que no sabían si llegaría.

Un avión Neptune de la Aviación Naval logró localizar el campo de balsas. Después comenzó una enorme operación de búsqueda en la que participaron el ARA Gurruchaga, el ARA Piedra Buena, el ARA Bouchard y el buque hospital ARA Bahía Paraíso.

Los últimos 18 sobrevivientes fueron encontrados al mediodía del 4 de mayo, 43 horas después del ataque y a unos 100 kilómetros del lugar del hundimiento.

En total sobrevivieron 770 tripulantes.

Entre ellos estaba Blas Fernández, oriundo de Copetonas. En esa misma operación tuvo una participación fundamental José Alberto Andersen, también de la localidad, quien integraba la tripulación del avión Neptune que encontró las balsas.

Por eso el General Belgrano no es una historia lejana para Tres Arroyos. Parte de aquella memoria todavía vive entre nosotros.

Margaret Thatcher nunca se arrepintió del ataque al General Belgrano

Margaret Thatcher no negó su responsabilidad política en el ataque.

En una recordada entrevista televisiva de 1983 fue interrogada por una ciudadana británica sobre por qué había ordenado hundir un barco que estaba fuera de la zona de exclusión y navegaba hacia el oeste.

Thatcher insistió en que el crucero representaba un peligro para la flota británica. Defendió la modificación de las reglas que permitió atacarlo y manifestó estar orgullosa de haber priorizado la vida de los soldados de su país.

Desde la lógica de una primera ministra británica en guerra, su posición puede comprenderse: tomó una decisión para beneficiar a sus fuerzas y derrotar a la Argentina.

Precisamente por eso resulta incomprensible que sea convertida en objeto de admiración por un presidente argentino.

Thatcher defendió los intereses británicos. Dio la orden que favorecía a sus tropas y perjudicaba a las nuestras. No tenía obligación de cuidar las vidas argentinas porque gobernaba otro país.

Quien sí tiene la obligación de representar la memoria, los intereses y la dignidad de los argentinos es el presidente de la Nación Argentina.

Milei, Thatcher y una comparación que reduce Malvinas a un partido de fútbol

Durante el debate presidencial de 2023, Milei respondió a las críticas por su admiración hacia Thatcher comparándola con Johan Cruyff o Kylian Mbappé: grandes futbolistas que habían perjudicado deportivamente a la Argentina.

La comparación revela una incomprensión profunda.

Cruyff no lanzó un torpedo contra marineros argentinos. Mbappé no dejó a cientos de jóvenes flotando en balsas en el Atlántico Sur. Un gol se termina cuando finaliza el partido. Una guerra permanece durante generaciones en las familias, en los sobrevivientes y en un país entero.

Thatcher no fue simplemente una dirigente extranjera que superó políticamente a la Argentina. Fue la jefa del gobierno enemigo durante una guerra en la que murieron 649 compatriotas.

Se pueden estudiar sus políticas, reconocer su influencia internacional o analizar su capacidad de liderazgo sin convertirla en un ídolo.

Hay una distancia enorme entre comprender la importancia histórica de una persona y admirarla.

La patria también consiste en saber a quién no admirar

El patriotismo no puede reducirse a cantar el Himno, abrazar una bandera o pronunciar discursos frente a un monumento.

También consiste en recordar quiénes defendieron al país, quiénes murieron, quiénes sobrevivieron y quién estaba del otro lado dando las órdenes.

Los 323 argentinos del General Belgrano no eligieron convertirse en símbolos. Subieron a un barco, cumplieron con su deber y quedaron atrapados en una guerra que los superaba.

El mar todavía guarda sus cuerpos y los restos del crucero, reconocidos por la Argentina como una tumba de guerra.

Ninguna discusión económica puede borrar eso. Ninguna afinidad ideológica debería colocarse por encima de esa memoria. Y ningún presidente argentino debería necesitar que le expliquen la diferencia entre respetar a un adversario y rendir admiración ante quien autorizó un ataque que mató argentinos.

Margaret Thatcher hizo lo que consideró mejor para Gran Bretaña.

La pregunta es por qué Javier Milei, presidente de la Argentina, considera que eso merece nuestra admiración.

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