Hace más de 25 años, San Francisco de Bellocq estuvo frente a una decisión que podía transformar su futuro: aceptar o rechazar la construcción de una cárcel. La propuesta prometía generar puestos de trabajo en una localidad golpeada por la crisis económica, pero también despertaba temores relacionados con la seguridad y la tranquilidad de sus habitantes.
La discusión dividió a los vecinos y terminó en una votación. El rechazo ganó por un margen muy ajustado y el establecimiento penitenciario nunca se construyó.
Detrás de aquella decisión quedó una historia poco recordada de la política y la vida social del distrito de Tres Arroyos.
La crisis económica que llevó a considerar una cárcel
Para comprender lo ocurrido hay que retroceder a 1993, cuando cerró la Cooperativa Agrícola La Victoria, una de las principales fuentes de empleo de San Francisco de Bellocq.
El cierre dejó sin trabajo a unos 40 empleados, en un pueblo que ya sufría las consecuencias de la pérdida de actividad ferroviaria y las dificultades del sector agropecuario.
La población había disminuido y las oportunidades laborales eran escasas. En febrero de 2001, una crónica periodística describía una localidad de aproximadamente 600 habitantes que llevaba tres años intentando conseguir un médico permanente.
En ese escenario, la posibilidad de instalar una unidad penitenciaria apareció como una alternativa para recuperar actividad económica.
La iniciativa se vinculaba con los proyectos de ampliación de la infraestructura carcelaria de la provincia de Buenos Aires, durante un período en el que Carlos Ruckauf impulsaba la construcción de nuevos establecimientos.
Dos posiciones enfrentadas: trabajo o tranquilidad
La propuesta generó una profunda división.
Por un lado estaban quienes consideraban que la cárcel podía representar una oportunidad para las familias que necesitaban trabajo. La construcción, el mantenimiento y el funcionamiento de una unidad penitenciaria podían generar movimiento económico y nuevos empleos.
Por otro lado, había vecinos que rechazaban la idea por temor a las consecuencias que pudiera tener sobre la seguridad y la vida cotidiana.
No se trataba de una discusión menor: para una localidad pequeña, la instalación de un establecimiento de esas características significaba una transformación importante.
Las diferencias fueron tan marcadas que, años después, una reconstrucción periodística de 2011 todavía recogía testimonios que describían aquel enfrentamiento como una disputa entre sectores sociales con intereses distintos.
Claromecó también se opuso al proyecto
Uno de los aspectos menos conocidos de aquella historia es que el rechazo no se limitó a San Francisco de Bellocq.
Desde Claromecó también surgieron posiciones contrarias a la construcción de la cárcel.
La preocupación estaba relacionada con el turismo: algunos habitantes del balneario consideraban que un establecimiento penitenciario en una localidad cercana podía perjudicar la actividad turística.
La oposición quedó documentada en febrero de 2001, cuando Mercedes Mendoza, entonces presidenta de la Asociación de Fomento de San Francisco de Bellocq, reconoció públicamente que algunos vecinos de Claromecó habían manifestado una fuerte resistencia al proyecto.
Así, una decisión que parecía exclusivamente local terminó involucrando también intereses y preocupaciones de otra comunidad del distrito.
El plebiscito que terminó con el proyecto
Finalmente, la población de San Francisco de Bellocq fue convocada a un plebiscito para expresar su posición sobre la instalación de la unidad penitenciaria.
El No se impuso por una diferencia de pocos votos.
Las crónicas de la época confirman el rechazo, aunque no se dispone del acta oficial que permita establecer con precisión la fecha y el resultado numérico de aquella votación.
La decisión puso fin a la posibilidad de que el pueblo recibiera el establecimiento.
En otros lugares de la provincia, el resultado fue diferente. Barker, localidad perteneciente al partido de Benito Juárez, también realizó un plebiscito en abril de 2000, pero allí la población votó mayoritariamente a favor de construir una cárcel.
Eran comunidades atravesadas por dificultades económicas similares, que tomaron decisiones distintas frente a una misma propuesta.
¿Qué pasó después con San Francisco de Bellocq?
La discusión no desapareció con el resultado electoral.
En 2011, algunos habitantes que habían apoyado el proyecto seguían relacionando aquella oportunidad perdida con las dificultades económicas y la disminución de población.
Sin embargo, no existen elementos suficientes para afirmar que la construcción de la cárcel hubiera evitado esos problemas. Las transformaciones económicas de los pueblos rurales respondieron a múltiples factores.
Con el paso de los años, San Francisco de Bellocq también desarrolló iniciativas comunitarias, emprendimientos y proyectos vinculados con el ambiente, mientras sus habitantes continuaron destacando la tranquilidad como una de las principales características del lugar.
Aquella votación dejó una pregunta que todavía resulta interesante: ¿qué hubiera ocurrido si el resultado hubiese sido diferente?
Es una respuesta que nadie puede conocer con certeza.
Lo que sí quedó documentado es que, en un momento especialmente difícil de su historia, San Francisco de Bellocq tuvo la posibilidad de recibir una cárcel y sus propios habitantes decidieron rechazarla.
Una decisión colectiva que merece permanecer en la memoria del distrito.
¿Viviste aquella época o conocés a alguien que haya participado de la votación? Nos interesa recuperar los testimonios de quienes fueron protagonistas de esta historia. Podés compartir tus recuerdos con ElTresArroyense.









