En nuestra curiosidad del día, exploramos una leyenda intrigante que ha circulado durante siglos en torno al proceso de elección papal: la existencia de los «Palpati», supuestos encargados de verificar físicamente el género del nuevo Pontífice.
Según este mito, tras la elección de un nuevo Papa, un funcionario tenía la tarea de confirmar que el elegido era efectivamente un hombre. La leyenda cuenta que esto se hacía a través de un asiento especial con un orificio, conocido como sedia stercoraria, donde el Papa se sentaba y el encargado verificaba su masculinidad. Luego, proclamaba la frase en latín: «Testiculos habet et bene pendentes» («Tiene testículos y cuelgan bien»), permitiendo que la ceremonia continuara.
Este relato suele vincularse con la historia de la Papisa Juana, una mujer que, disfrazada de hombre, habría llegado a ocupar el trono de San Pedro en el siglo IX. Sin embargo, la mayoría de los historiadores coinciden en que tanto la Papisa Juana como el rito de los «Palpati» son mitos sin fundamento histórico. No existen registros contemporáneos que respalden estas afirmaciones, y se considera que estas historias surgieron como sátiras o críticas al papado en épocas de conflicto.
La sedia stercoraria sí existió, pero su propósito era simbólico, representando la humildad y recordando al Papa su naturaleza mortal y humana. El asiento servía para enfatizar que, a pesar de su alta investidura, el Pontífice debía mantenerse humilde ante Dios y la Iglesia.
Esta leyenda refleja cómo los mitos y las narrativas populares pueden influir en la percepción de la historia. Aunque carezca de base factual, sigue siendo una curiosidad fascinante que nos invita a explorar y cuestionar las tradiciones y relatos que han llegado hasta nuestros días.


