Siguiendo el aroma del rastro de olvido, se arrastra la pena de saberte ausente y trepa los muros de ingratas distancias, en esa longitud de días que lacera el abrazo, cada piedra que cede es una esperanza genuina que revalora el sentir. Nunca la lejanía pudo con el pensamiento, la visión es clara y precisa cuando cierro mis ojos y habitas el paisaje diseñado a mi medida, el tacto es irrelevante, las pompas de jabón son etéreas, basta verlas brillar y admirarlas desde lejos, los sueños se han hechos para ser soñados, cualquier parecido con la realidad es una simple causalidad que suele ocurrir a menudo, la fe me impulsa, el mundo me queda chico, el universo me queda inmenso, mientras tanto convivo conmigo esperando el lugar exacto donde pueda derrocar esta soledad impertinente. Tantas huellas esparcidas no pueden perderse en caminos que no se transiten, no hay río que no llegue al mar, no hay tiempo que no se cumpla. No hay trazo vano cuando la mano que escribe tiene el pulso firme y el corazón intacto.






