En las raíces de mis manos la flor se niega a germinar, hay callos de ausencias y heridas de caricias que no fueron. El viento frio del sur despoja las vertebras de su altivez y la esperanza disminuye, el grito es una roca que se despeña en el barranco de tantas otras cosas, se estrella en el fondo del silencio y a veces serpentea como arroyo manso en alguna que otra poesía, como si ocultando el rostro quedara la mirada nula, el corazón detenido y el sueño cumplido. Cada amanecer se lleva una noche y no me deja nada a cambio, cada espina en la piel deja una cicatriz de las rosas que no tuve, desde la distancia predispuesta el viento trae un aliento cálido que desafía al frio viento del sur, pero el tiempo no se detiene y tengo mi vida en pausa, redoblando los esfuerzos apenas podré alcanzar la fe que se aleja cada día un poco más. El cielo parece más alto que nunca, por eso vale la pena, acepto con gusto el desafío. Alcanzar la luz es la mejor recompensa de vida que puedo anhelar, aún respiro y hay aire por compartir. Voy por ti.






