domingo, junio 14, 2026
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25N en Tres Arroyos: marcha masiva contra la violencia y un silencio político que expone una contradicción profunda

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En resumen, si andás corto de tiempo

Tres Arroyos marchó este 25N para exigir el fin de la violencia contra las mujeres. Hubo actividades, talleres y una movilización amplia impulsada por colectivos feministas y áreas municipales. Entre las presentes, la concejal oficialista Carla Moreno, habitual participante de estas jornadas.
Pero la foto del día deja en evidencia una contradicción seria: las mismas figuras políticas que marcharon contra la violencia callaron y aplaudieron semanas atrás en el Palacio Municipal a Rubén Carabajal, dirigente condenado por violencia de género, invitado como orador por el oficialismo.
El 25N mostró compromiso en la calle, pero también expuso un silencio político que desmiente parte del discurso institucional.


Noticia completa

Tres Arroyos volvió a salir a la calle este 25 de noviembre, en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. La jornada comenzó con una concentración en Plaza San Martín y continuó con una marcha nutrida por vecinas, organizaciones sociales, grupos feministas y áreas municipales.
Hubo talleres, actividades de concientización y acciones culturales, tanto en la ciudad como en Claromecó, donde se inauguró la muestra “Memoria colectiva” sobre mujeres víctimas de femicidio.

Las propuestas incluyeron trabajos formativos, entrega de folletería en el centro y actividades de sensibilización junto a instituciones educativas y colectivos feministas.

La presencia de Carla Moreno y la referencia institucional

Entre las funcionarias presentes estuvo la concejal oficialista Carla Moreno, habitual participante de todas las actividades vinculadas a género. Su presencia en la marcha refuerza la imagen institucional del oficialismo como promotor de la agenda contra la violencia.

Pero este año, esa foto convive con un antecedente que tensó el significado político del 25N.


La contradicción: marchar contra la violencia y callar frente a un condenado

Hace apenas unas semanas, el Palacio Municipal —símbolo institucional de todos los vecinos— fue usado como sede partidaria para un acto del oficialismo.
Ese día, el orador principal fue Rubén Carabajal, dirigente sindical condenado por violencia de género a tres años de prisión en suspenso.
El evento fue encabezado por el intendente Pablo Garate y el concejal Alejandro Barragán, con acompañamiento del bloque oficialista. Entre las presentes, también estuvo Carla Moreno, quien aplaudió el acto junto a otros referentes del espacio.

El contraste es inevitable:

– En el 25N, el oficialismo marcha contra la violencia.
– En el Salón Blanco, legitimó a un hombre condenado por ejercerla.

Y la contradicción no termina ahí.


Un silencio político que habla más que cualquier discurso

En la marcha del 25N participaron también funcionarias, referentes y militantes que, cuando Carabajal fue invitado a hablar en el municipio, no dijeron una sola palabra.

No exigieron explicaciones.
No pidieron sanciones.
No marcaron distancia.
No cuestionaron la decisión política de darle micrófono y legitimidad a un condenado.
No incomodaron al poder que integran.

No es la ciudadanía la que quedó señalada.
No son las mujeres que marchan genuinamente las que deben cargar con esta incoherencia.
El problema es estrictamente político: son quienes tienen responsabilidades públicas y lugar en el Estado quienes marchan un día contra la violencia, y al siguiente guardan silencio ante los violentos que su propio espacio sostiene.

Ese silencio es una toma de posición.
Y no es del lado de las mujeres.


El doble estándar institucional

La consigna “Ni Una Menos” exige coherencia, no marketing.

Ningún área del Estado puede reclamar compromiso social mientras, en paralelo:

  • habilita a un condenado por violencia de género a hablar en el edificio público más importante,
  • lo aplaude,
  • y evita cualquier tipo de repudio o límite interno.

Cuando la política local sostiene estas contradicciones, el mensaje real que recibe la ciudadanía es otro:
la violencia importa… hasta que choca con la conveniencia del poder.


El reclamo ciudadano fue claro

Las vecinas que marcharon este 25N no piden fotos ni discursos ensayados.
Piden coherencia.
Piden que el Estado deje de ser refugio para violentos cercanos al poder.
Piden políticas reales, no slogans.

Mientras la ciudad reclama más protección y transparencia, la dirigencia tiene que decidir de qué lado está:
del lado de las mujeres o del lado del silencio que protege a los violentos.


¿Qué opinás vos?

¿Creés que un municipio que aplaude a un condenado por violencia puede proclamarse defensor de los derechos de las mujeres?
¿Viste la contradicción también en la marcha?

Dejanos tu opinión en eltresarroyense.

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