Mientras la gestión acumula silencios, demoras y faltantes en temas básicos como el agua, la infraestructura escolar y el hospital público, el oficialismo ahora quiere apurar una sesión extraordinaria para darle celeridad al convenio con Humming. La prioridad quedó expuesta: cuando se trata de derechos esenciales, todo se dilata; cuando se trata de beneficiar a un privado, aparece la urgencia.
En resumen, si andás corto de tiempo
Fuerza Patria confirmó que pedirá una sesión extraordinaria para volver a tratar el convenio con Humming y acelerar la exención de tasas para la empresa. El contraste político es brutal: mientras el oficialismo busca rapidez para un privado, la ciudad sigue con el agua bajo cuestionamiento, con fallos judiciales por falta de información pública, con reclamos no respondidos sobre el Fondo Educativo y con denuncias por faltantes de medicamentos e insumos en el Hospital Pirovano.
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La gestión de Pablo Garate acaba de dejar en claro cuál es su escala de prioridades. Mientras la ciudad arrastra problemas graves y abiertos en materia de agua, educación y salud, el oficialismo decidió moverse con apuro para no perder tiempo con Humming Airways. Fuerza Patria ya anunció que pedirá una sesión extraordinaria para volver a tratar el convenio que une a la empresa, la Municipalidad y la Cámara Económica, con el objetivo explícito de darle celeridad al tema.
La justificación oficial ya está dicha. Alejandro Barragán sostuvo que la exención es “más que nada simbólica”, que ronda los 35 mil pesos por aterrizaje, y defendió que el convenio debe tratarse cuanto antes para evitar que la empresa privada se vaya “para otro lado”. También habló de una prueba por 9 meses, de abril a diciembre de 2026, con posibilidad de prórroga futura. Es decir: para Humming hay apuro, hay premura, hay miedo a perder la oportunidad.
Ahora bien: cuando el tema es otro, la velocidad desaparece.
Con el agua, por ejemplo, lo que hubo fue silencio. La Justicia ya dejó asentado que la Municipalidad de Tres Arroyos violó la ley al no responder en tiempo y forma un pedido de información pública ambiental sobre la calidad del agua. La Cámara de Apelación confirmó además que el Municipio debía suministrar la información sobre gestión educativa requerida y que no había divulgado a tiempo el pedido, mientras otro fallo dejó asentado que la comuna respondió tarde y con información vieja en el caso del agua. O sea: cuando se pidió transparencia sobre algo tan básico como lo que sale de la canilla, no hubo celeridad sino incumplimiento.
Y el problema no es abstracto. En la documentación e investigaciones ya publicadas consta que en Tres Arroyos hay análisis que ubican al agua de red con arsénico, fluoruros y nitratos por encima de los límites del Código Alimentario Argentino, mientras la comunidad sigue reclamando medidas concretas y acceso a los datos. Pero en vez de respuestas rápidas, hubo propaganda, evasivas y resistencia a informar.
En educación, el cuadro no es mejor. La propia sentencia por acceso a la información muestra que una de las cosas que se reclamó formalmente fue el detalle del estado edilicio de las escuelas, incluyendo techos, paredes, ventanas, sanitarios, ventiladores y estufas por aula, junto con las obras hechas con el Fondo Educativo, las prioridades fijadas y el estado de ejecución. Es decir: ni siquiera en un tema tan elemental como saber en qué condiciones están las escuelas y cómo se usa la plata educativa hubo voluntad de abrir los papeles con rapidez.
En salud, la situación es todavía más cruda. Según testimonios relevados por eltresarroyense, en el Hospital Pirovano faltan calmantes básicos, antibióticos, paracetamol e incluso morfina; también se les pide a pacientes internados que lleven bolsas de consorcio, papel higiénico, servilletas y pañales. A eso se suman cirugías postergadas por falta de insumos y la suspensión de horas extras solo en el hospital. Todo esto, mientras el municipio anuncia compras millonarias como un tomógrafo de 500 millones.
Entonces la contradicción ya no admite mucho maquillaje. Para el agua contaminada, la respuesta fue demorar y esconder. Para las escuelas, negar o retacear información sobre estufas, infraestructura y Fondo Educativo. Para el hospital, convivir con testimonios de carencias básicas mientras se prioriza el anuncio antes que el funcionamiento diario. Pero para Humming, no: para Humming hay sesión extraordinaria, apuro político y voluntad de que el expediente avance ya.
El propio Barragán lo dijo sin rodeos: quieren evitar que el tema se dilate y que la empresa privada decida irse. Esa confesión vale más que cualquier comunicado. Porque expone la lógica de fondo: lo urgente no es lo esencial para el vecino, sino lo que no se quiere perder en la negociación con un privado.
Y ahí es donde la noticia deja de ser solo sobre vuelos. Pasa a ser sobre prioridades políticas. Porque nadie discute que una ciudad puede querer conectividad aérea. Lo que sí se discute es por qué un oficialismo que demora respuestas sobre agua, escuelas y salud encuentra de golpe toda la energía institucional cuando se trata de darle curso a un convenio con una empresa.
El mensaje que baja de la gestión es brutal por su claridad: el agua puede esperar, las escuelas pueden esperar, el hospital puede esperar. Humming no.



