El intendente salió a pelearse en redes con Federico Sturzenegger por los vuelos de Humming, pero el cruce dejó una ironía difícil de esconder: mientras acusa a La Libertad Avanza de bloquear el desarrollo, en Tres Arroyos defendió exenciones para una empresa privada al mismo tiempo que su gestión les aumentó las tasas a los vecinos.
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El cruce entre Pablo Garate y Federico Sturzenegger por los vuelos comerciales a Tres Arroyos pareció, a primera vista, una pelea clásica entre un intendente peronista y un ministro libertario. Sturzenegger acusó al municipio de querer cobrar una tasa aeroportuaria y habló de “extorsión”, mientras Garate respondió que al ministro “le llegó mal la información” y que el gobierno nacional habla del interior sin conocer lo que pasa.
Pero detrás del cruce de redes hay una contradicción política bastante más incómoda. Porque Garate no respondió defendiendo una mayor carga sobre el privado ni una lógica clásica de Estado regulador. Respondió diciendo exactamente lo contrario: que el municipio había acompañado a Humming con un esquema de eximición de tasas para facilitar su operación y que lo único que faltaba era un paso administrativo que no pudo avanzar por falta de quórum en el Concejo.
Dicho de otro modo: el intendente que salió a plantarse frente a Sturzenegger terminó defendiendo, en los hechos, una política mucho más cercana a la lógica libertaria que a la tradición peronista que dice representar. Porque el corazón de su argumento no fue proteger al vecino ni cuestionar privilegios al capital privado. Fue justificar un beneficio para una empresa aérea en nombre de la inversión, el desarrollo y la conectividad.
La contradicción se vuelve todavía más fuerte cuando se la cruza con la política fiscal local. Apenas días antes, la gestión de Tres Arroyos había quedado asociada a un nuevo aumento de tasas en medio de un déficit de más de 3.000 millones de pesos, con subas del 10 por ciento en noviembre y otro 10 por ciento en diciembre, que se sumaron al esquema escalonado ya aprobado y dejaron un impacto acumulado superior al 50 por ciento. Mientras al vecino se le exige más esfuerzo, a Humming se le ofrecía alivio.
Ahí está la ironía de fondo. Garate quiso correr a Sturzenegger por derecha y mostrarlo mal informado, pero en el camino dejó al descubierto otra cosa: que en Tres Arroyos su gestión viene aplicando una doble vara. Tarifazo para el contribuyente común, exención para el privado. Ajuste para abajo, incentivo para arriba. Y eso se parece bastante más al credo libertario que al discurso peronista con el que después se envuelve la pelea.
Incluso el propio Garate formuló su defensa en esos términos. Dijo que desde Buenos Aires hablan de libertad, inversión y acompañamiento al sector privado, pero que en Tres Arroyos los concejales de La Libertad Avanza hicieron lo contrario al no dar quórum. El problema para el intendente es que, tomada en serio, su queja lo deja parado más cerca del ministro que del manual histórico del peronismo local: porque la política que estaba defendiendo era, justamente, una exención para facilitarle el negocio a una empresa privada.
Por eso la discusión real no es si Sturzenegger mintió o si Garate le contestó bien. La discusión real es qué modelo de ciudad se está defendiendo. Y ahí la escena cambia. Porque cuando un gobierno peronista discute con un libertario, pero al mismo tiempo defiende beneficios para una empresa mientras sube tasas al pueblo, la pelea deja de ser ideológica y pasa a ser casi una cuestión de marketing.



