En resumen, si andás corto de tiempo:
En pocas semanas, Tres Arroyos perdió al menos 20 empleos en el sector gastronómico: cerró Joker’s, Troya fue puesto en venta y el Hotel Alfil dejará de funcionar en mayo. Mientras esto ocurre, el intendente Pablo Garate no se ha pronunciado públicamente sobre la situación. Aunque asegura apoyar al comercio local, su gestión por ejemplo, compró cajas navideñas a un proveedor externo y no ha anunciado medidas concretas de ayuda al sector. La desconexión entre el discurso oficial y los hechos se profundiza.
Noticia completa:
En las últimas semanas, el sector gastronómico tresarroyense atravesó una nueva oleada de cierres y despidos. Según el sindicato UTHGRA, Joker’s cerró definitivamente, Troya fue puesto en venta y el Hotel Alfil dejará de funcionar en mayo, lo que implicará la pérdida de al menos 20 puestos de trabajo. A esta situación se suman los despidos acumulados desde 2023, incluyendo los cierres de otros comercios como El Mundo de las Tartas o el Parque Hotel.
Más allá del impacto económico, hay un peso simbólico. La esquina de Istilart y Moreno —donde funcionaba Joker’s— es parte de la historia urbana de Tres Arroyos. Allí existieron comercios que marcaron distintas épocas de la ciudad. Hoy, esa esquina vuelve a quedar vacía.
El dato más llamativo es el silencio oficial. A pesar de que estos cierres representan un golpe directo a la actividad comercial local, el municipio no se ha pronunciado al respecto ni ha anunciado acciones concretas de acompañamiento. La única reacción pública del intendente Pablo Garate vinculada al comercio fue en mayo de 2024, cuando convocó a una reunión con comerciantes céntricos para “escuchar sus inquietudes”. Desde entonces, no se registran políticas efectivas de apoyo económico al sector.
Por el contrario, algunas decisiones recientes van en la dirección opuesta al discurso oficial. En diciembre de 2024, el municipio reemplazó el bono de fin de año de $30.000 para trabajadores municipales por una caja navideña, que además fue adquirida a un proveedor externo, contradiciendo el principio de “priorizar el comercio local” que el propio intendente había defendido públicamente. Esta decisión generó malestar entre los trabajadores y comerciantes del distrito.
La paradoja es aún mayor si se tiene en cuenta que los emprendedores beneficiarios del programa municipal FOMEPRO están obligados a comprar insumos exclusivamente a proveedores locales. Esa condición no fue aplicada por el propio municipio en su compra institucional.
Mientras se anuncia con entusiasmo la pintura de salas de salud, parquización y nuevos espacios recreativos, no hay anuncios ni propuestas para sostener la actividad comercial existente ni para evitar nuevos cierres. La gestión tampoco ha convocado nuevas rondas con comerciantes ni promovido medidas tributarias o de acompañamiento para el sector.
En una ciudad que enfrenta inflación, caída del consumo y aumento de la informalidad, la falta de políticas activas de protección al comercio preocupa. La gastronomía no solo emplea a decenas de vecinos, sino que también le da vida a las calles y define parte de la identidad urbana. Hoy, ese ecosistema se ve amenazado mientras el Estado municipal permanece en silencio.
¿Qué opinás vos?
¿El municipio está haciendo lo necesario para apoyar al comercio local?
¿Se puede hablar de gestión eficiente mientras cierran negocios históricos?
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