¿Quién controla al que quiere controlar la verdad?
🕒 En resumen, si andás corto de tiempo:
Un hecho insólito ocurrió en el Concejo Deliberante de Tres Arroyos: una funcionaria se acercó a nuestro medio en pleno receso y, sin motivo alguno, sugirió «mantener el decoro». Días después, el Concejo envió un mail formal a todos los medios imponiendo requisitos de acreditación y nuevas restricciones al trabajo periodístico. Todo sugiere que se intenta construir una narrativa contra quienes incomodan con sus preguntas. Y lo más grave: buscan decidir qué es verdad y qué no.
📌 ¿Qué tipos de gobiernos hacen esto? Históricamente, los que no toleran la prensa libre.
📰 Noticia completa:
Todo comenzó con una escena absurda.
Durante un receso de la última sesión del Honorable Concejo Deliberante, mientras esperábamos tranquilamente en el hall del Palacio Municipal —un espacio público—, se nos acercó Rocío Liébana, actual secretaria del cuerpo legislativo y concejala del Movimiento Vecinal. Acompañada del empleado administrativo Juan Cruz Ricci, vinculado políticamente a Unión por la Patria, se dirigió a nuestro periodista y, sin preámbulos ni explicaciones, le dijo:
“Te sugiero que mantengas el decoro.”
No hubo discusión, ni improperios, ni intervenciones. Ni siquiera estábamos filmando en ese momento. Apoyados contra una pared, como cualquier otro vecino. Cuando preguntamos si algo había molestado, la funcionaria respondió dos veces: «No».
Entonces, ¿qué motivó esa advertencia? ¿Qué hay detrás de esa «sugerencia» que suena más a amenaza velada?
La respuesta es clara: no pueden impedirnos cubrir un hecho público. No pueden echarnos sin exponerse. Pero sí pueden empezar a construir un relato: que eltresarroyense “incomoda”, “rompe reglas”, “no mantiene el decoro”.
Y ese relato es peligroso. Porque instala la sospecha para justificar la censura.
📧 Días después, el mail que confirmó todo
Como si el episodio no hubiera sido suficiente, dos días más tarde llegó un correo oficial desde el Concejo. Con tono formal y copia a todos los medios, el mensaje exige a partir de ahora la “acreditación obligatoria” de periodistas y establece nuevas condiciones para cubrir comisiones o sesiones.
Entre sus frases destacadas:
“Solicitamos un buen comportamiento…”
“La toma de imágenes o video con audio quedará sujeta a la aprobación de cada comisión…”
“Durante las reuniones, los periodistas no podrán opinar…”
“Evitar la divulgación de fake news y conflictos que puedan escalar.”
¿Fake news? ¿Conflictos? ¿De dónde salieron esas acusaciones? Nadie había emitido noticias falsas, nadie había protagonizado incidentes. Pero el mail insinúa lo contrario.
Y eso, en democracia, es muy grave.
Porque no es función del Estado decidir qué es verdad y qué no. El Estado puede garantizar acceso, ordenar procedimientos, pero nunca debe ponerse en el rol de árbitro de la legitimidad de una noticia.
Quien regula los hechos, los relatos, los sentidos y la verdad, es la ciudadanía informada. No los funcionarios. No los concejales. No el poder.
📍 ¿Un caso aislado? Para nada.
Rocío Liébana ya había protagonizado un escándalo mediático reciente cuando acusó de maltrato a la concejala Daiana De Grazia. Se mostró como víctima en medios afines, pero curiosamente nunca realizó una denuncia formal, pese a ser abogada especialista en violencia de género. Fue De Grazia, en cambio, quien la demandó por daños y perjuicios.
Hoy, ese mismo patrón de manipulación simbólica y construcción de relato se repite con nuestro medio. Primero se nos marca como problemáticos, después se envían normas restrictivas, y finalmente se insinúa que somos fuente de noticias falsas.
🧨 ¿Por qué esta noticia importa?
Porque si logran instalar que el periodismo independiente “no mantiene el decoro”, que “interrumpe”, que “genera conflictos”… entonces lo que sigue es más censura, más vigilancia, más silencios forzados.
Y eso no afecta solo a eltresarroyense. Afecta a toda la ciudadanía. Porque donde no hay periodistas críticos, lo que reina es el relato único del poder.
🔚 Epílogo | ¿Quiénes quieren regular la verdad?
Cuando un gobierno —sea nacional, provincial o local— intenta decirle a la prensa qué puede mostrar, cómo debe comportarse o qué es verdad y qué no, entra en un terreno peligroso.
En la historia argentina, esta lógica de control mediático se repitió en:
- Las dictaduras militares, que censuraron, clausuraron y persiguieron periodistas.
- El primer peronismo, que cerró medios críticos como La Prensa y usó el aparato estatal para imponer su relato.
- El kirchnerismo, que etiquetó medios como “enemigos” o “hegemónicos” y direccionó la pauta según afinidad.
- El macrismo, que manipuló la pauta, intervino medios públicos y evitó el debate abierto con la prensa.
- Gobiernos municipales o provinciales de todos los colores que castigan al periodismo independiente con exclusiones, obstáculos o silencio.
Este no es un problema de un partido u otro. Es un problema del poder cuando no tolera ser observado.
En democracia, el Estado no puede ser árbitro de la verdad.
La verdad se construye con hechos, libertad y confrontación de ideas.
Y eso solo es posible si hay medios libres, incluso incómodos.
📣 ¿Y vos qué opinás?
¿Creés que el Concejo tiene derecho a decidir qué periodista puede cubrir una sesión y qué periodista no? ¿Te parece que un funcionario puede sugerir «decoro» sin que haya habido falta alguna? ¿Qué harías vos si una institución empieza a decidir qué noticia es legítima y cuál no?
Te leemos. Dejamos los comentarios abiertos.



