Sesenta y cinco alumnos pasaron un año sin poder ir a su escuela porque dos partes del mismo espacio político, con la misma bandera y el mismo relato de que “la educación pública no se toca”, no pudieron resolver algo tan básico como el transporte. Gárate y Kicillof, aun con un presupuesto educativo de $2.342 millones en 2025, no lograron ni pagar el gasoil de un colectivo ni garantizar una solución transitoria para que esos chicos siguieran cursando donde les correspondía.
Un año. Lo repito porque intentan minimizarlo: un año. ¿Cuánto tiempo mandarías a tu hijo a otra escuela de golpe? ¿Un mes? ¿Dos? Ninguno de ellos tuvo que sacar a sus hijos de su colegio, separarlos de sus compañeros y mandarlos a otro lado. A los hijos de los que alzan la bandera de la educación publica, nunca les tocó.
Y a la semana de otro de esos actos bochornosos a los que ya nos tienen acostumbrados, usando lo público para montar una escena de beneficencia con recursos que salen del bolsillo de todos, volvió a quedar expuesto el contraste. Hablo del acto que armó Gárate para entregar electrodomésticos, casi como una Susana Giménez de la política local, con Palacio Municipal, empleados, foto y relato. Apenas unos días después, una escuela se inundó y esta vez ya no hubo manera de disimularlo. Mientras el intendente juega al benefactor repartiendo aparatos, los pibes en las escuelas corren riesgos reales: que se les caiga un techo encima, que se electrocuten, que estudien en condiciones indignas. Tampoco alcanzaron para eso los $2.342 millones de 2025.
Pero no se preocupen: los hijos de quienes se llenan la boca hablando de lo público están a salvo, en escuelas privadas. Porque lo público, para muchos de ellos, es un discurso para administrar pobres. ¿O acaso usted ve a quienes “defienden lo público” atendiéndose en el hospital público o mandando a sus hijos a la escuela pública?
Pero mientras todo lo básico puede esperar, Humming —el privado— no. Y esa urgencia se trasladó al Ejecutivo, que mandó a apurar el trámite como si no existieran prioridades elementales. Rápido, sin tasas, sin obstáculos para Humming. Siempre con ese tono de falsa épica social, como si bonificar a una empresa privada multimillonaria fuera un acto de justicia para los sectores postergados. ¿Desde cuándo beneficiar a un privado poderoso mientras se deteriora lo esencial es justicia social? ¿Cuándo vio usted a un oligarca ejercer justicia social?
Así fue como los mismos que en noviembre empujaron aumentos de tasas con el discurso de la crisis, del agujero presupuestario, de la falta de coparticipación y de la necesidad del esfuerzo colectivo, después se mostraron generosos con Humming. Al vecino le aumentan. Al privado forastero y multimillonario le bonifican. Esa es la “justicia social” que nos ofrecen: en las escuelas se usan paraguas cuando llueve, en Claromecó se surfea por las calles, en el hospital hasta el papel higiénico te lo terminás pagando vos, pero a una empresa aérea privada millonaria hay que facilitarle todo. Para el pueblo, ajuste. Para los poderosos, alivio: la justicia social del oligarca europeo moderno.
Y por supuesto, tampoco faltó el papel ya conocido de una parte de la oposición: ver todo, denunciar todo, criticar todo y después acompañar con el voto casi todo. Aumentos de tasas, presupuesto, beneficios para Humming. Un voto es responsabilidad, es decir, si estaba mal y fue aprobado, estan siendo responsables y complices.
El patrón es siempre el mismo: pasan meses denunciando falta de información, se paran media hora a explicar por qué el Ejecutivo hace las cosas mal, levantan la voz, gesticulan, dejan frases para los medios… y después aprueban. A los pocos días, o el mismo día incluso, salen en los medios presentando un proyecto propio del partido aprobado que, hasta entonces, llevaba un año archivado o frenado.
De este lado hace rato que no nos chupamos el dedo. Ya tenemos los oídos bastante cansados de discursos baratos, pero el ojo sigue bien abierto para mirar los hechos.
DAVID NIZTZSCHMAMN
Elmalpensado






