En resumen, si andás corto de tiempo:
Javier Doval, ex funcionario de la gestión Garate, renunció a su cargo tras haber sido uno de los principales voceros del gobierno en la crisis del agua contaminada. Sin formación técnica, sin responsabilidad real, y tras meses de encubrir irregularidades sanitarias, dejó Tres Arroyos sin dar explicaciones públicas. Hoy, abrió una exclusiva casa de vinos en Avellaneda, de la mano de su amigo político Jorge Ferraresi. Otro ejemplo de cómo llegan funcionarios de paso a usar el Estado para sus carreras personales, mientras los vecinos siguen tomando agua contaminada.
Noticia completa:
El nombre de Javier Doval es, en sí mismo, un resumen brutal de la lógica de esta gestión: gente que viene, usa el Estado, y sigue su camino personal mientras los problemas reales quedan sin resolver.
Doval aterrizó en Tres Arroyos sin antecedentes técnicos. Su mayor carta de presentación era su vínculo político con el intendente Pablo Garate —con quien compartió trabajo en el FONCAP— y con el actual intendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi. Desde allí fue colocado al frente de áreas sensibles como Planeamiento Urbano y, más tarde, Obras y Servicios Públicos.
Vocero de la mentira sanitaria
Su rol durante la crisis del agua contaminada fue central. Sin conocimientos en salud ambiental ni experiencia técnica, fue el vocero principal del Ejecutivo en las reuniones del Consejo de Medio Ambiente, donde admitió públicamente que el Municipio no cumplía con la ordenanza 7595, que obliga a informar los análisis de agua, y mostró su desconocimiento de las normas que debía aplicar.
Participó activamente en la reunión de Reta, donde junto a otros funcionarios del Ejecutivo prometieron la instalación de una planta de ósmosis inversa sin mostrar papeles, estudios ni presupuestos. Todo esto, mientras los análisis existentes mostraban claramente que el agua de la localidad no era apta para el consumo humano.
La última aparición: propaganda y huida
Su última aparición pública fue protagonizando un video oficial en el que intentaba mostrar, en tono de propaganda, cómo supuestamente el Municipio realizaba los análisis de agua. Después de ese montaje comunicacional, presentó su renuncia sin dar explicaciones a los vecinos, a quienes jamás nombró en su despedida.
En su mensaje de renuncia, Doval solo agradeció a los funcionarios, al intendente Garate y a su círculo político. Ni una palabra hacia la comunidad que lo sostuvo con sus impuestos mientras jugaba su rol en la gestión.
De funcionario a empresario gourmet
El salto final de Doval completa el círculo del «funcionario golondrina»: se trasladó a Avellaneda, donde abrió una exclusiva vinoteca de alto nivel, con catas, asados por pasos, gin artesanal, experiencias VIP y presencia destacada de Jorge Ferraresi en la inauguración.
Mientras en Tres Arroyos sigue sin garantizarse el derecho básico al agua segura, el ex funcionario ahora brinda por su nuevo emprendimiento gastronómico.
Parte de un modelo que se repite
Doval no es una excepción dentro de la gestión Garate. Forma parte de una estructura de funcionarios de paso que, con mayor o menor vínculo con Tres Arroyos, utilizan cargos públicos como escalones para sus proyectos personales o carreras políticas. Incluso el propio intendente Garate, si bien nacido aquí, retornó a la ciudad cuando vio la oportunidad de ser candidato, tras años de construir su carrera política fuera del distrito.
Mientras tanto, los vecinos siguen esperando respuestas sobre el agua, las escuelas siguen funcionando con carencias estructurales, y los recursos públicos —aunque legalmente ejecutados— se priorizan para negocios políticos como la pileta de 610 millones de pesos, mientras los chicos estudian en aulas destruidas.
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¿Quién se hace cargo de las decisiones que afectan la salud de todos? ¿Hasta cuándo Tres Arroyos va a ser usado como plataforma de paso?
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