domingo, junio 14, 2026
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Drogas en Tres Arroyos: alcohol al tope, marihuana extendida y un Estado que sigue sin medir el problema

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En resumen, si andás corto de tiempo
La evidencia pública más sólida sobre consumos en Tres Arroyos no surge de una encuesta municipal reciente, sino de dos relevamientos puntuales: uno en escuelas en 2017 y otro en centros de salud en 2018. Esos datos muestran un patrón claro: el alcohol sigue siendo la sustancia más presente, la marihuana es la principal droga ilícita, la cocaína aparece con niveles menores pero concretos, y el sistema local todavía no cuenta con un tablero continuo y municipal para medir la magnitud real del problema.

Informe completo
Hablar de drogas en Tres Arroyos obliga a empezar por una ausencia: no existe una encuesta poblacional municipal reciente y representativa que permita saber con precisión cuántas personas consumen, qué consumen y cómo evolucionó el problema en los últimos años. La base pública más sólida sigue siendo un relevamiento en escuelas secundarias realizado en 2017 y otro en centros de atención primaria y unidades sanitarias de 2018. Sirven como termómetro y muestran tendencias fuertes, pero también exponen un vacío serio en la capacidad local para medir.

Dentro de ese panorama, el dato más contundente no es una droga ilegal, sino el alcohol. En estudiantes de Tres Arroyos, la prevalencia mensual fue de 51,6%, la anual de 64,8% y la de vida de 74%. El salto se vuelve todavía más fuerte entre los 15 y 17 años, donde el consumo mensual trepa a 69,3%. En el relevamiento hecho en CAPS y unidades sanitarias, el alcohol también aparece al frente: 42,5% mensual, 55,9% anual y 65,6% de vida.

La marihuana aparece como la principal sustancia ilícita del distrito. En el estudio escolar de 2017, registró 8% de consumo mensual, 13,3% anual y 18,5% de vida, con más peso en varones y en adolescentes de 15 a 17 años. En el relevamiento sanitario de 2018, la cifra mensual subió a 10,4% y la prevalencia de vida a 23,1%. El corte etario vuelve a marcar una diferencia fuerte: en menores de 30 años, la prevalencia de vida llega a 38,8%, mientras que en mayores de 45 cae a 4,4%.

La cocaína, aunque muy por debajo del alcohol y de la marihuana, no aparece como un fenómeno marginal o inexistente. En escuelas, la prevalencia mensual fue de 1,3% y la de vida de 4,2%. En CAPS, los números suben a 3,7% mensual y 11,4% de vida. La pasta base o paco mostró valores menores, pero tampoco nulos: 0,6% mensual en escuelas y 1,3% de vida en el relevamiento sanitario.

Otro punto que sobresale del informe es el peso de los psicofármacos. En estudiantes, el uso fue menor en promedio, pero con aumento en el tramo de 18 a 20 años y con un dato delicado: el propio relevamiento describió formas de acceso por familia, amistades, farmacias sin receta y calle. En el primer nivel de salud, directamente aparece como una de las sustancias con mayor presencia: 19,4% de consumo mensual, 24,4% anual y 37,8% de vida.

Cuando se mira el impacto sanitario, el cuadro tampoco es menor. Con datos provinciales abiertos, Tres Arroyos registró entre 2016 y 2020 egresos hospitalarios anuales por trastornos vinculados al alcohol y por envenenamientos o efectos tóxicos en cifras de dos dígitos todos los años. Los egresos por trastornos por alcohol fueron 75 en 2016, 85 en 2017, 123 en 2018, 81 en 2019 y 72 en 2020. En paralelo, los egresos por envenenamientos y efectos tóxicos fueron 27, 17, 30, 34 y 22, respectivamente. La carga asistencial, según el propio informe, parece estar más asociada al alcohol y a las intoxicaciones que a diagnósticos finos por drogas ilícitas específicas.

En defunciones directamente asociables a intoxicaciones por drogas o fármacos, los números son bajos, pero no inexistentes. El relevamiento consigna un caso en 2017, otro en 2018, uno en 2021 y dos en 2023 y 2024. No son cifras para sacar conclusiones lineales sobre tendencia, pero sí alcanzan para mostrar que el problema tiene expresión concreta también en el extremo más grave.

El informe también pone el foco en la accesibilidad. En 2018, más de la mitad de las personas relevadas en centros de salud dijo que le sería fácil conseguir marihuana: 55,2%. Casi un tercio respondió lo mismo sobre cocaína: 32,1%. En ofertas recibidas, 40,5% dijo haber recibido alguna vez una oferta de marihuana y 23,7% una de cocaína. No se trata solo de consumo: también hay circulación, cercanía y disponibilidad percibida.

A eso se suma otra señal preocupante: solo cerca de un tercio de quienes fueron relevados en CAPS dijo conocer algún programa o actividad de prevención o asistencia en su barrio o ciudad. Entre quienes sí identificaban recursos, el más mencionado fue el CPA. El dato deja expuesta una brecha fuerte entre la existencia formal de dispositivos y el conocimiento real que tiene la población sobre cómo pedir ayuda o adónde acudir.

En el plano judicial, el informe aclara que no hay estadísticas públicas robustas a nivel partido, pero sí una referencia regional: el Departamento Judicial Bahía Blanca, al que pertenece Tres Arroyos, registró en 2024 un total de 2.321 IPP iniciadas por estupefacientes y 266 personas privadas de libertad por infracción a la ley, en su mayoría por comercialización. También remarca que la mayoría de las causas se inicia en sede policial, lo que sugiere un esquema de detección fuertemente apoyado en la acción policial más que en un sistema integral de inteligencia local sobre el problema.

Quizás el dato más incómodo del informe no sea una prevalencia sino una conclusión institucional: Tres Arroyos sigue sin un sistema continuo y municipal de indicadores que integre salud, educación, desarrollo social, seguridad y justicia. En otras palabras, hay señales fuertes de consumo, circulación, daño sanitario y dificultades de acceso a la ayuda, pero no un tablero local sostenido que permita seguir el problema barrio por barrio, año por año y con capacidad real de intervención.

Dicho de otra forma, los datos disponibles no permiten afirmar una “epidemia” con precisión estadística sobre todo el partido, pero sí alcanzan para sostener algo más concreto: en Tres Arroyos el alcohol aparece como el núcleo más extendido del problema, la marihuana es la droga ilícita con mayor presencia y accesibilidad, la cocaína mantiene una presencia medible, los psicofármacos merecen más atención de la que suelen recibir y el Estado local todavía corre de atrás, incluso para saber con exactitud qué está pasando.


Si tenés información, testimonios o querés aportar datos sobre prevención, asistencia o consumos problemáticos en Tres Arroyos, podés escribirnos de forma confidencial.

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