domingo, junio 14, 2026
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Los cómplices del silencio

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David Niztzschmamn
David Niztzschmamnhttps://eltresarroyense.com/category/autores/david-niztzschmamn/
Un alma sensible, de lágrima fácil y risa rápida. Prefiero morir en el intento antes que morir por no intentarlo. Con la valentía suficiente para jugársela a pesar de los miedos. Acepto la verdad aunque duela, porque sé que el dolor es pasajero, pero la verdad es eterna. Nacido en la ciudad del Fernet, adoptado por la ciudad del tango y sus conurbanos. De paseo por el país del chile picante y las playas paradisíacas, ahora atraído por un magnetismo inexplicable hacia Tres Arroyos. Padre, padrastro, compañero y amigo. Pero, ante todo, humano. Porque al final, la verdad siempre pesa menos que el miedo.

1 COMENTARIO

  1. Totalmente de acuerdo…toda la vida me caracterice en este pueblo por decír la verdad por no ser corrupto como muchos me costó la falta de trabajo e irme un año a Mardel lo cual agradezco que fue un punto de bisagra en mí vida!! Siempre para muchos fui una amenaza por saber los negocios cruzados donde nunca tuve miedo a perder dinero, trabajo o la vida!! Pero la mayoría prefiere hacer silencio y que no los señalen con el dedo!! Eso logró que una hermosa ciudad se fue devaluando en valores y ética!! Mi viejo Antonio Tito Sampedro fue un tipo más que honesto y con los valores muy altos!! Pero siempre por hacer lo correcto le pegaron en su cabeza y fue más homenajeado fuera de Tres Arroyos que acá mas en su último paso decidí vida siendo administrador de la clínica hispano!! Lo echaron como un perro donde un par de atorrantes les molestaba los controles!! Pero no voy a bajar los brazos a pesar que perdí mi hijo también contaminado por gente que hoy todos los medios lo muestran como un exelente empresario!!

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Todos quieren periodismo independiente. Todos quieren que alguien investigue. Todos quieren que alguien diga lo que otros callan. Pero eso dura hasta que la verdad toca la bandera propia.

Ahí cambia todo. El medio que ayer era valiente, hoy es ensobrado. El periodista que ayer “se animaba”, hoy “opera”. La nota que ayer era necesaria, hoy es sospechosa. No cambió el método. No cambió el trabajo. Cambió el lugar donde pegó.

Ese es el problema de fondo: mucha gente no quiere periodismo. Quiere un arma. Quiere que alguien apunte contra el enemigo de ellos. Quiere que alguien se exponga, investigue, filme, escriba, edite, publique y se banque las consecuencias. Gratis, por supuesto. Pero siempre contra el otro. Nunca contra los propios.

Y hacer esto tiene costo. En un pueblo, decir cosas tiene costo. Hay gente que te deja de hablar. Hay puertas que se cierran. Hay vínculos que se cortan. Hay personas que empiezan a mirarte distinto. Empiezan los llamados perturbadores y los llamados que uno espera, directamente no llegan más. Y uno sigue viviendo acá. Con su familia, con su nombre, con su hijo, con su casa y con su vida puesta en el mismo lugar donde publica.

Pero muchos no ven eso. Creen que una nota se hace sola. Que una entrevista aparece sola. Que un video se edita solo. Que investigar no lleva tiempo. Que sentarse frente a una computadora, ordenar datos, buscar fuentes, grabar, cortar, publicar y sostener lo publicado no es trabajo.

Creen que todo eso es gratis.

No lo es.

Los valientes del sillón

La primera parte del sistema es la audiencia. El vecino. El elector. El militante. El que mira desde afuera y aplaude mientras otro pone el cuello.

“Seguí así”. “No aflojes”. “Muy bueno lo que hacés”. Pero cuando llega el momento de sostener eso, empiezan las excusas. No puedo. Está difícil. Soy jubilado. No tengo trabajo. Más adelante. Ahora no.

Nadie puede. Nadie llega. Nadie se organiza. Nadie sostiene. Y no hablamos solo de meter la mano en el bolsillo. Hablamos de hacer algo. De moverse. De acompañar. De dar la cara. Pero no. Se quedan quietos, cómodos, adormecidos, mirando cómo otro se expone por ellos.

Pero después, cuando el medio dice algo que no les gusta, ahí sí aparecen. Ahí sí comentan. Ahí sí insultan. Ahí sí tienen tiempo. Para bancar la verdad no estaban. Para castigarla, sí.

Y muchos ni siquiera dan la cara. Insultan desde cuentas falsas. Desde perfiles fantasmas. Desde el anonimato. Se esconden para exigir coraje. Piden valentía con una foto falsa y un nombre inventado.

Ese es el nivel de cobardía.

Te piden que pongas el cuerpo mientras ellos no pueden poner ni la cara.

Los empresarios modernos, de un pueblo viejo

La segunda parte del sistema es el sector privado. Comercios, empresas, sectores con recursos, gente que podría sostener un medio sin que eso le mueva la aguja.

No hablamos de fortunas. Hablamos de montos que para algunos son menos que una cena, menos que un vino, menos que un gasto más de la semana.

Pero no lo hacen. No se meten. No se exponen. Prefieren seguir donde estuvieron siempre. En los medios de siempre. Aunque nadie les muestre estadísticas. Aunque nadie les demuestre resultados. Aunque nadie les diga quién leyó, quién entró, quién vio o quién compartió.

La costumbre pesa más que los datos. El miedo pesa más que la verdad. La comodidad pesa más que cualquier discurso sobre modernizar Tres Arroyos.

Tienen el coraje adormecido en sus propios planes, mientras también sus propios derechos son vulnerados. Como el acceso al agua potable, una problemática de la que muchos también fueron y son cómplices por acción, por silencio o por comodidad.

Después se ven a si mismos como modernos; hablan de crecer, de avanzar, de cambiar. Pero cuando aparece algo nuevo, lo miran desde lejos. Lo evalúan. Lo patean. Lo dejan. Lo abandonan. 

No porque no puedan.

Porque no quieren.

Porque en un pueblo chico, hasta poner publicidad parece una declaración política. Entonces el privado también se acomoda. No dice nada. No rompe nada. No arriesga nada.

La verdad le parece importante, pero no tanto como para poner la firma.

Cagones, lerdos y, sobre todo, egoístas. Poco empáticos con el tipo que te visita puerta por puerta mientras también está defendiendo derechos que a ellos mismos les convienen.

La oposicion que ama al pueblo hasta que hay que bancarlo

La tercera parte de este sistema es la oposición. Una oposición que muchas veces parece más cómoda criticando que enfrentando. Les encanta el periodismo crítico cuando la crítica va contra el oficialismo. Pero cuando la pregunta cambia de vereda, ahí se ve la preparación. Mejor dicho: la incomodidad y la incapacidad.

Celebran que alguien hable, siempre y cuando no hable demasiado cerca.

Estamos hablando de una oposición que hace discursos largos, grandilocuentes y heroicos, pero no se banca los costos. Una oposición que no está preparada para responder preguntas simples. Preguntas políticas. Preguntas que nadie les hace. Y esas preguntas llegan, es cuando muestran la hilacha -sus ragos más evidentes quedan expuestos: dejadez, comodidad e incapacidad.

Son los que abandonan temas como el agua. Los que pasan un año quejándose del uso de un presupuesto que ellos mismos aprobaron. Los que se quejan de aumentos de tasas que después acompañan. Y, en muchos casos, los que hablan del «amor» por el pueblo desde una comodidad que el pueblo no tiene.

Duros y malos para la foto. Acomodados para las decisiones políticas. Cagones también.

Pero en Tres Arroyos hay demasiados intereses cruzados. Demasiadas relaciones. Demasiados trámites. Demasiadas puertas que nadie quiere cerrar.

Entonces muchos calculan. Miden. Se cuidan. Hablan hasta donde pueden. Critican hasta donde les conviene.

Y cuando un medio deja de servirles como herramienta y empieza a mirarlos a ellos, aparecen las mismas cobardías de siempre: insulto, sospecha, ataque y victimización. Y en algunos casos, la mentirita de siempre: ahora resulta que el periodista es un “vendido”.

Por favor te lo pido, abrí los ojos: esos que dicen estar por amor, esos que dicen no necesitar un sueldo porque tienen empresas, campos o espaldas económicas —y eso sí es verdad— también son incapaces de meter la mano en el bolsillo para bancar un medio que beneficia al pueblo. ¿Todavía creés en ese amor? ¿Todavía creés en el “estoy acá porque amo a mi pueblo”? Quizás algunos de esos que nunca se embarraron los zapatos no están ahí por amor al pueblo, sino por otra cosa: la caja grande, el poder, los contactos y todo el entramado que se puede construir desde el Estado.

No quieren un medio independiente caso contrarío lo apoyarían.

Quieren un medio útil.

Imaginátelos gobernando. Si hoy no son capaces de bancar un medio que les pide dos mangos para sostener una voz crítica, imaginátelos con poder real. Por las dudas te lo paso en limpio: si sos independiente, artista, trabajador, periodista o cualquier tipo sin poder, para esta gente valés poco. Muy poco. Casi nada. No sos parte del pueblo que dicen amar: sos una molestia. Así que ojo con lo que estás creyendo y dónde vas a poner el voto.

Ojo si sos feminista, si defendés el aborto, si hablás de justicia social o si te importa el que menos tiene. Y sobre todo, ojo si sos pobre. Porque muchos de los que hoy se disfrazan de amor por el pueblo no te ven como pueblo: te ven como número, voto o decoración de campaña.

Así se llega a esto

Así funciona este sistema.

La audiencia mira desde el sillón. El privado no se mete. La oposición calcula. Y después todos preguntan indignados por qué no hay periodismo real.

No hay periodismo real porque nadie quiere pagar el costo del periodismo real. Ni el costo económico. Ni el costo social. Ni el costo político. Ni el costo personal.

Quieren verdad sin conflicto. Quieren investigación sin riesgo. Quieren independencia sin sostén. Quieren valentía ajena sin responsabilidad propia.

Por si no se entiende: quieren que otro se sacrifique, ponga el cuello en la guillotina y encima lo haga gratis.

La verdad no se banca con aplausos desde el sillon. No se banca con mensajes lindos. No se banca mandando a otro al muere mientras uno mira desde la casa.

La verdad se banca con hechos.

“Yo no pienso poner un mango para la política”, respuesta de un político.

“¿Y qué querés que haga? Tengo mis problemas”, respuesta de un tipo que desayuna en restaurantes entre tres y seis veces por mes.

“Lo que pasa es que si te apoyo, después viene la Muni…” respuesta de alguien para quien bancar este proyecto ni siquiera representa mirar dos veces los balances.

“Por ahora no te vamos a bancar”, respuesta de alguien que, según su propio discurso político, ama Tres Arroyos. Y según los premios de sus estancias, bancar este proyecto sería tan fácil y tan barato como pagar un vino más al mes.

Nadie banca, pero lloran cuando el silencio gana.

Pero el silencio no aparece solo. Lo construyen todos los que dicen querer la verdad, pero desaparecen justo cuando hay que sostenerla.

Son los cómplices del silencio.

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