No son simplemente paredes viejas. Detrás de los galpones ferroviarios, molinos, silos y antiguas fábricas que todavía forman parte del paisaje de Tres Arroyos está la historia de una ciudad que creció alrededor del trabajo, el ferrocarril y la producción agroindustrial. Una investigación de la Universidad Nacional de Mar del Plata identificó ese conjunto como un patrimonio singular y dejó una pregunta que hoy, después de una nueva ordenanza municipal, merece una respuesta concreta: ¿cuáles de esos edificios están efectivamente protegidos?
El trabajo de investigación «Patrimonio de la producción en la Provincia de Buenos Aires. El caso de la ciudad de Tres Arroyos», publicado en 2020 por Felicidad Paris Benito, Viviana Mastrogiácomo, Alejandra Domínguez, Romina Fiorentino y Jorge Méndez, estudió el valor histórico, arquitectónico y urbano del sector industrial central. Un trabajo académico posterior de la arquitecta Romina Mariel Fiorentino avanzó con una propuesta de reconocimiento e inventario, con nombres, categorías, referencias catastrales y estados de conservación registrados durante el relevamiento.

Una ciudad industrial que todavía puede leerse en sus edificios
La llegada del ferrocarril en 1886 y la actividad agropecuaria impulsaron talleres, metalúrgicas, depósitos de granos y fábricas que se instalaron cerca de las vías. No funcionaban de manera aislada: compartían trabajadores, transporte, servicios y barrios. Ese entramado explica por qué el valor patrimonial no reside únicamente en una fachada llamativa, sino también en la relación entre edificios, calles, instalaciones y memorias de quienes trabajaron allí.
El inventario académico incluye construcciones que muchos vecinos reconocen de vista, aunque quizá nunca hayan asociado con la historia productiva local:
- Estación ferroviaria: fechada en 1886 y ubicada en el sector de Ituzaingó entre 25 de Mayo y Dorrego.
- Galpón Histórico y talleres ferroviarios: el galpón, fechado en 1885 en el relevamiento, se ubica sobre Ituzaingó entre Dorrego y Saavedra; los talleres y otras instalaciones se extienden hacia Saavedra.
- Fábrica EIMA: fundada en 1947; sus antiguas instalaciones se localizan sobre Castelli, entre avenida del Trabajador y el sector ferroviario.
- Fábrica Rossi: identificada junto a las vías, en el entorno de Castelli; sus antiguos edificios tuvieron nuevos usos administrativos municipales.
- Molino Americano: consignado desde 1908 en el sector de avenida del Trabajador entre Pueyrredón y Saavedra.
- Exsilos de la Cooperativa Agropecuaria: identificados junto a las vías, en el sector de Colón.
- Antigua fábrica Istilart: el relevamiento ya la registra como demolida y en estado de ruinas en el sector de Sarmiento y las vías.
- Otros testimonios: el estudio también releva la infraestructura de la cooperativa eléctrica, la Escuela de Artes y Oficios, viviendas ferroviarias y la antigua fábrica Vizzolini.
Una precisión: «existente», «con transformaciones» o «demolida» son estados consignados en el relevamiento universitario, no certificaciones sobre cómo se encuentra cada inmueble en noviembre de 2026. Tampoco equivalen a categorías jurídicas de protección municipal.

EIMA y Rossi: fábricas que explican una época
El estudio universitario dedica atención especial a las exfábricas EIMA y Rossi. Su interés no se limita a que fueron empresas conocidas: permite reconstruir la escala de una actividad metalúrgica que abastecía a la producción agropecuaria y trascendía Tres Arroyos.
La investigación histórica señala que Rossi Hermanos alcanzó alrededor de 350 obreros en 1945 y que sus instalaciones llegaron a reunir talleres de fundición, mecánica, carpintería y pintura. EIMA, creada en 1947 por trabajadores con experiencia en otras metalúrgicas locales, fabricó acoplados y luego silos, con ventas incluso fuera del país. Ambas dejaron estructuras que, según la documentación académica, conservaron rasgos arquitectónicos propios de su actividad original y recibieron usos municipales.
Hay un detalle particularmente revelador: dentro del antiguo conjunto de EIMA, la investigadora Alejandra Domínguez identificó un edificio que había pertenecido a las primeras instalaciones de la Sociedad Rural de Tres Arroyos. Es decir, en un mismo sector conviven testimonios de distintas etapas de la economía local.
Una fábrica intervenida en 2026 y preguntas que siguen abiertas
El debate no es exclusivamente histórico. El 6 de mayo de 2026, Diario 3 informó que el Municipio paralizó trabajos de desmantelamiento en un predio identificado como exfábrica Vizzolini, junto al ferrocarril, con frentes sobre avenida Moreno y Sarmiento. La publicación atribuyó la paralización, de manera presunta, a la falta de autorización para operar maquinaria en la vía pública. También mencionó como versiones extraoficiales distintos proyectos inmobiliarios y una eventual demolición de silos en el sector de Colón y las vías.
Esos proyectos no deben presentarse como obras aprobadas ni como demoliciones confirmadas. Además, la ubicación consignada para Vizzolini en el inventario universitario no coincide con la señalada en esa cobertura periodística. La identidad catastral de los inmuebles requiere contrastar planos y expedientes antes de vincularlos como si fueran una misma parcela. Lo comprobable es que las intervenciones sobre predios industriales históricos dejaron de ser una posibilidad abstracta.
La ordenanza de septiembre: qué garantiza y qué no
El 3 de septiembre de 2026, el Concejo Deliberante aprobó la Ordenanza 7896, que creó un régimen de patrimonio material e inmaterial para el partido de Tres Arroyos. La norma distingue entre un Inventario Municipal, destinado a identificar bienes con valor patrimonial real o potencial, y un Registro Municipal, destinado a incorporar aquellos formalmente declarados mediante ordenanza. Que un inmueble figure en un estudio académico o en el inventario no lo convierte automáticamente en un bien declarado.
La ordenanza también dispone que las solicitudes de demolición total o parcial de inmuebles de 50 años o más sean comunicadas a la Comisión Municipal de Patrimonio. Una vez ingresado el expediente de demolición o incorporado formalmente el bien a estudio, puede operar una protección preventiva de hasta 45 días hábiles, prorrogable por otros 45. Durante ese período se suspenden las autorizaciones que permitan demoler o alterar sustancialmente los valores bajo evaluación. Concluido el procedimiento, la Comisión debe recomendar una declaratoria o el cese de la protección; no se trata de una prohibición automática y permanente para todos los edificios antiguos.
El régimen ordena además actualizar el Inventario y el Registro, incorporando las declaratorias anteriores, dentro de los 180 días posteriores a su promulgación. Esa obligación abre una oportunidad concreta para que la ciudadanía pueda consultar una lista actualizada, comprensible y pública de bienes protegidos y de bienes en estudio.
¿Cuáles de estos inmuebles están protegidos de verdad?
El anexo histórico del régimen patrimonial anterior menciona, entre otras declaratorias, el Molino Harinero Don Félix Mayolas y el Área Estación Ferrocarril de Tres Arroyos, reconocida por la Ordenanza 6218/11. Esto demuestra que existen antecedentes de protección. Pero la declaratoria de un área no permite inferir sin más que cada edificio industrial próximo a las vías tenga idéntico alcance o protección individual.
En su trabajo sobre EIMA y Rossi, la arquitecta Alejandra Domínguez advertía que ambos conjuntos integraban el entorno ferroviario desde el punto de vista histórico y funcional, pero no contaban entonces con una declaratoria individual específica. No corresponde transformar esa observación académica en una afirmación sobre su condición jurídica actual: para eso hace falta consultar el Registro actualizado, las ordenanzas posteriores y los límites precisos de las áreas protegidas.
La cuestión que merece una respuesta pública no es si Tres Arroyos tiene normas patrimoniales —las tiene—, sino qué edificios concretos amparan, con qué límites, qué intervenciones permiten y qué medidas de conservación se están implementando.
Conservar no significa impedir que la ciudad cambie
Hay una alternativa a la falsa discusión entre demoler todo y mantener edificios vacíos. En septiembre de 2025, la Municipalidad presentó un proyecto para recuperar el histórico galpón ferroviario y convertirlo en mercado gastronómico y espacio comunitario, preservando elementos asociados al ferrocarril. El anuncio sirve como ejemplo de una propuesta de reutilización; su realización efectiva y su estado de avance necesitan verificación específica.
Reutilizar un edificio industrial puede darle actividad económica y social sin borrar las huellas de su pasado. Pero eso exige identificar qué elementos deben preservarse, definir intervenciones compatibles y, sobre todo, sostener el mantenimiento. El patrimonio no se cuida únicamente mediante una declaración escrita.
El desafío: que el inventario se traduzca en decisiones
Tres Arroyos ya cuenta con conocimiento producido por investigadores, una enumeración de inmuebles y un régimen municipal que contempla su evaluación. Falta poder contrastar públicamente esas piezas: qué bienes relevados por la universidad están hoy declarados, cuáles siguen bajo estudio y qué autorizaciones de obra existen sobre los predios más sensibles.
La pregunta no exige detener el desarrollo urbano ni desconocer los derechos de los propietarios. Exige información verificable y criterios transparentes antes de modificar de forma irreversible construcciones que pueden ser testimonios irreemplazables de la historia local.
Porque una ciudad puede seguir creciendo y conservar su memoria. Lo que no puede hacer es reconstruir después, a partir de fotografías, un edificio que decidió perder sin siquiera conocer su valor.









