Nada como un buen festejo familiar en Europa.
¿Cómo? ¿Usted no puede llevar a toda su familia a Europa? Entonces no pertenece al clan exclusivo Barragán. Quizás sea del 99% que se rompe el lomo y no llega a fin de mes. O peor aún: del que no puede ni comprar agua embotellada y toma agua contaminada.
Desde el monopolio de CELTA al Consejo Escolar donde 2.342 millones del Fondo Educativo siguen sin rendirse. De la UBA a Claromecó: contratos, acomodos y millones que nunca se explican.
Mientras tanto, el presidente del bloque oficialista y concejal de Fuerza Patria usa al Honorable Concejo Deliberante como dormitorio: dos horas “descansando la vista” en una sesión. Opina de lo que quiere aunque no tenga que ver con los vecinos, y ataca cobardemente al único medio que hace preguntas. Todo, a costa de tu guita.
Te estaban pidiendo respuestas
Te pedían respuestas, información.
Y vos, Barragán, llevaste la única carilla que escribiste en tu vida de concejal y te pusiste a despotricar contra internas políticas. Nada que ver con lo que se te solicitaba ni con representar a la gente.
Y lo hiciste como siempre: con cobardía. Porque sos incapaz de nombrar con nombre y apellido.
Yo sí puedo: Alejandro Barragán. Vos no. Porque lo que te sobra es miedo a la verdad.
En este pueblo gobernado bajo el autoritarismo de ustedes, uno tiene que invocar derechos constitucionales básicos para poder trabajar. Derechos que vos y tu militancia quisieron pasar por arriba.
Lo que te persigue es la verdad. Antes te manejabas en la oscuridad, ahora la luz te expone.
Foráneos y cobardía
Hablás de “foráneos” como insulto. Pero ¿te acordás de Doval, el foráneo que pagaron para decir que el agua no estaba contaminada? Con la nuestra se armó una vinoteca de lujo en Avellaneda, cerca de su amigo Ferraresi. Ni siquiera la puso en Tres Arroyos. Ese extranjero no te molestó, ¿no?
De hecho, entre tus filas militantes hay foráneos que ayer eran oposición y hoy son peronistas empedernidos.
A esos militantes de bajo rango les hablo ¿Sabés cómo les dicen en la jerga política en la que estas metido? Soldados rasos.
Lo viví en primera línea así te calificaron cuando estuve en la oficina de tu mayor cabecilla. Mientras hacés el trabajo sucio y te creés amiguito sacándote fotitos para Instagram, simplemente te llaman así: soldado raso. ¿Sabés por qué? Porque no valés nada.
De esos foráneos no hablan cuando sacan a pasear ese patriotismo barato.
Y lo único que tienen en común los “rasos” con las grandes ligas mafiosas es la cobardía. Todos ustedes hablan desde un lugar donde no se los puede responder ni preguntar.
Todos salen en sus medios cooptados a dar opiniones cómodas.
Todos temen a algo tan simple como un micrófono, una pregunta y una cámara. Porque el miedo que tienen es que el pueblo —el vecino al que traicionan para llenarse los bolsillos— se dé cuenta de lo que realmente está pasando.
Foráneos fueron los que levantaron cada escuela, plaza y hasta la municipalidad en la que vos no podés mantenerte con los ojos abiertos.
Ellos entendían el valor de la honradez y del trabajo. Vos no.
La falsa victimización
Querés hacerte la víctima diciendo que te llaman “negro”.
Negro te deben decir en Europa, porque acá sos un jeque que maneja medio Tres Arroyos y se lleva a la familia de vacaciones afuera.
Y sobre que te dicen “vago”, basta con mirar la imagen y aceptarla.
Pueblo vs. 1%
De pueblo no tenés nada.
Pertenecés al 1% que puede viajar con su familia a Europa, mientras el resto paga impuestos para sostener tu sueldo, tus contratos y tus privilegios.
Pueblo es el que se cagó de frío en las escuelas.
Pueblo es el que toma agua envenenada.
Pueblo es el que recibe bolsas de cemento como soborno electoral.
Ese es el pueblo que usás para hacer negocios.
Cuando pierdan el miedo a mostrar verdaderamente lo que son, los espero con sus peores enemigos: micrófono, cámara y diálogo.






