En 2004, un joven de Tres Arroyos aseguró vivir una situación fuera de lo común:
decía que un espíritu lo visitaba de noche, que lo arrastraba al cementerio, que veía sombras “altas, rubias y hermosas”, y que al día siguiente despertaba con cortes, moretones y marcas en la piel sin explicación.
Su madre mostraba techos manchados, cosas movidas, objetos fuera de lugar y semanas enteras de episodios nocturnos que nadie podía entender.
El chico afirmaba que a veces vomitaba sangre y que sentía “la presencia encima”, como si se le subiera al pecho.
Preocupados, lo llevaron al hospital local. También consultaron a un pai umbanda, que interpretó que había un “egún”, un espíritu pegado, según la tradición afro-brasileña.
La historia llegó a periodistas de Bahía Blanca, que viajaron a entrevistarlo.
Le hicieron una nota extensa con fotos, descripciones y testimonios de la familia.
¿El final?
La dirección del diario ordenó borrar todo.
No salió, no quedó archivo, no quedó copia impresa.
Ni siquiera los propios autores pudieron conservarla.
La entrevista desapareció de un día para otro.
Solo sobrevivió en la memoria de quienes estuvieron ahí.
Un caso extraño, fuerte y casi olvidado…
que nació en Tres Arroyos, y que un diario decidió hacer desaparecer.


