lunes, junio 8, 2026
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La sed que nos mata lentamente

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David Niztzschmamn
David Niztzschmamnhttps://eltresarroyense.com/category/autores/david-niztzschmamn/
Un alma sensible, de lágrima fácil y risa rápida. Prefiero morir en el intento antes que morir por no intentarlo. Con la valentía suficiente para jugársela a pesar de los miedos. Acepto la verdad aunque duela, porque sé que el dolor es pasajero, pero la verdad es eterna. Nacido en la ciudad del Fernet, adoptado por la ciudad del tango y sus conurbanos. De paseo por el país del chile picante y las playas paradisíacas, ahora atraído por un magnetismo inexplicable hacia Tres Arroyos. Padre, padrastro, compañero y amigo. Pero, ante todo, humano. Porque al final, la verdad siempre pesa menos que el miedo.

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Hay una sed que no se calma. Una sed que no pide un vaso de agua, sino algo más profundo, más urgente. Es la sed de la acción, del cambio, de la dignidad. Es esa necesidad de moverse cuando todo alrededor parece estar quieto, inmóvil. Una sed que nos recuerda, en cada sorbo, que hay algo que no está bien.

Esa sed convive con otra, más literal, pero igual de cruel. El agua que llega a nuestras casas no es el alivio que debería ser. Parece clara, parece fresca, pero lleva consigo un veneno invisible que se cuela en nuestras vidas. Sorbo a sorbo, día tras día, ese veneno nos roba la fuerza, nos quita el futuro. Pero ahí seguimos, acostumbrados, como si no hubiera otra opción.

El problema no es solo el agua. Es la sed de acción que no logramos saciar. Nos acostumbramos a lo que no deberíamos aceptar. Miramos hacia otro lado, esperando que alguien más resuelva, esperando que el cambio llegue desde afuera. Y mientras esperamos, la sed nos consume.

Dicen que el agua es vida.

Pero, ¿qué pasa cuando el agua nos envenena? ¿Y qué pasa cuando nuestra inacción se convierte en el veneno más letal de todos? La sed de justicia, de soluciones, de respuestas, se ahoga en la resignación. Y la resignación es el peor de los espejismos: promete calma, pero lo único que ofrece es vacío.

En este rincón del mundo, la sed no es solo una cuestión de agua. Es una cuestión de voluntad. De decidir si seguimos aceptando lo inaceptable o si nos levantamos, juntos, para reclamar lo que nos corresponde. Porque mientras no actuemos, esa sed, doble y cruel, seguirá matándonos lentamente.

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