El PJ local publicó su comunicado por el 24 de marzo con las consignas de siempre, pero volvió a esquivar cualquier mención al proceso previo al golpe. A esta altura, ya no se trata de una discusión abierta: la evidencia histórica sobre la escalada represiva anterior a 1976 es demasiado contundente como para seguir ignorándola.
Noticia completa:
El Partido Justicialista de Tres Arroyos difundió un comunicado en el marco del 24 de marzo, al cumplirse 50 años del golpe de Estado de 1976, con un mensaje centrado en la memoria, la verdad y la justicia.
El texto recorre los ejes clásicos de cada aniversario: condena a la dictadura, reivindicación de las víctimas, advertencia sobre el negacionismo y reafirmación de consignas como “Nunca Más”, “fueron 30.000” y la definición de genocidio. También insiste en la idea de que la memoria debe sostenerse en el tiempo y advierte que “un pueblo que no tiene memoria tampoco tiene futuro”.
Sin embargo, el comunicado vuelve a mostrar un límite evidente: construye el inicio del horror exclusivamente a partir del 24 de marzo de 1976, sin hacer ninguna referencia al proceso previo que desembocó en el golpe.
Esa omisión ya no puede leerse como un simple recorte. A 50 años, existe un volumen suficiente de evidencia histórica que muestra que la violencia política, la persecución y la habilitación de mecanismos represivos desde el propio Estado no comenzaron con la Junta Militar, sino antes.
Durante los años previos al golpe, bajo gobiernos constitucionales, ya se habían consolidado prácticas y discursos que instalaron la lógica del “enemigo interno”, habilitaron la persecución política y prepararon el terreno para lo que vendría después. La existencia de estructuras paraestatales, la escalada de violencia y las decisiones institucionales que ampliaron el margen de acción de las fuerzas armadas forman parte de ese proceso.
En ese contexto, la figura de Juan Domingo Perón y el rol del peronismo en esa etapa no pueden quedar fuera del análisis si se pretende construir una memoria completa. Sin embargo, el comunicado del PJ local evita cualquier mención en ese sentido y vuelve a trazar una línea que comienza directamente en 1976.
El resultado es una memoria parcial, que recuerda las consecuencias pero omite discutir los antecedentes. Una memoria que señala con claridad el horror de la dictadura, pero que no se detiene en las condiciones políticas que hicieron posible su irrupción.
A medio siglo del golpe, la discusión ya no pasa solo por recordar, sino por cómo se cuenta la historia. Y en esa construcción, lo que se omite pesa tanto como lo que se dice.
¿Se puede hablar de memoria completa sin revisar el origen del proceso? Sumate al debate en ElTresArroyense.



