Dos años después de que parte de las reservas de oro del Banco Central salieran de la Argentina, una pregunta elemental sigue abierta: ¿dónde están físicamente los lingotes y qué operaciones se hicieron con ellos?
El presidente del Banco Central, Santiago Bausili, dio finalmente una respuesta el 9 de septiembre ante el Senado. Aseguró que el oro fue depositado en el Banco de Pagos Internacionales (BIS), con sede en Suiza, y afirmó que allí continúa.
Pero la explicación no cerró el caso. Legisladores de la oposición sostienen que los lingotes se encuentran físicamente en las bóvedas del Banco de Inglaterra, en Londres. Y cuando Casa Rosada fue consultada directamente sobre cuál de las dos ubicaciones es la correcta, evitó despejar la duda.
La discusión ya no pasa solamente por saber por qué el oro salió del país. Pasa por algo mucho más básico: establecer dónde está, qué se hizo con él y contar con una auditoría terminada que permita reconstruir la operación.
El oro salió del país en 2024
Las primeras versiones sobre movimientos de oro desde las bóvedas del Banco Central aparecieron en junio de 2024.
Un mes después, el ministro de Economía, Luis Caputo, confirmó que el metal había sido enviado al exterior.
Su explicación fue concreta: tener el oro fuera del país permitía utilizar un activo que, según sostuvo, permanecía inmovilizado dentro del Banco Central.
Caputo señaló entonces que en el exterior podía obtenerse un rendimiento por esos activos y que la Argentina necesitaba maximizar el retorno de sus reservas.
En septiembre de ese mismo año, el Banco Central reconoció oficialmente que había completado transferencias de parte de sus reservas de oro entre distintas cuentas.
La entidad sostuvo que se trataba de operaciones de “rebalanceo” y remarcó que no modificaban la cantidad total de oro perteneciente al Banco Central.
Pero no informó públicamente el destino preciso de los lingotes.
La explicación fue que esos datos debían mantenerse bajo confidencialidad por razones de seguridad.
Bausili rompió el silencio: “Suiza”
La situación cambió el 9 de septiembre de 2026.
Durante su exposición ante las comisiones de Economía Nacional e Inversión y de Presupuesto y Hacienda del Senado, Bausili fue interrogado sobre las reservas.
Allí afirmó que parte del oro había sido trasladado y depositado en el BIS, en Suiza.
También dio una explicación sobre la finalidad de la operación que puso el foco en otro aspecto.
Según Bausili, durante 2024 existió una oportunidad en el mercado internacional para reemplazar lingotes de menor calidad por otros de mayor calidad a un costo conveniente.
Es decir: mientras Caputo había explicado originalmente el traslado por la posibilidad de obtener rendimiento con el oro en el exterior, Bausili destacó ahora una operación destinada a mejorar la calidad de los lingotes.
Las dos explicaciones no necesariamente son incompatibles, pero describen aspectos diferentes de una operación sobre la cual durante dos años hubo escasa información pública.
Entonces apareció Londres
Después de la presentación de Bausili surgió una nueva controversia.
Senadores opositores, entre ellos Juliana Di Tullio y Martín Soria, sostienen que los lingotes no se encuentran físicamente en Suiza sino en el Banco de Inglaterra, en Londres.
Hasta el momento, esa ubicación fue planteada por la oposición y no existe una confirmación pública independiente que permita establecer que todos los lingotes involucrados estén efectivamente almacenados allí.
También existe una posibilidad técnicamente relevante: que un activo esté registrado o depositado financieramente a través del BIS sin que necesariamente los lingotes físicos se encuentren en la sede de esa institución en Basilea.
Precisamente por eso la diferencia entre dónde está registrado el oro y dónde están físicamente las barras resulta central.
Y esa diferencia todavía no fue aclarada públicamente de manera definitiva.
Casa Rosada tuvo la pregunta delante y no la respondió
El martes 15 de septiembre, la cuestión llegó directamente a la conferencia de prensa de Casa Rosada.
El vocero presidencial Adrián Ravier recibió una pregunta explícita: si el oro estaba en Suiza, como había dicho Bausili, o en Londres, como sostiene la oposición.
También le preguntaron si podía encontrarse parcialmente distribuido en diferentes lugares.
Ravier recordó que el presidente del Banco Central había dicho que estaba en Suiza, pero se negó a precisar más.
Argumentó que el BCRA es un organismo autárquico y que la respuesta debía proporcionarla la propia autoridad monetaria.
Ante una repregunta, volvió a derivar la cuestión al Banco Central.
Así, dos años después del traslado y luego de que la discusión llegara hasta el Senado, Casa Rosada no pudo o no quiso determinar públicamente dónde están físicamente los lingotes.
La auditoría tampoco está cerrada
La otra parte sensible del caso apareció después de la exposición de Bausili.
Ante los senadores, el titular del Banco Central aseguró que las operaciones habían pasado por controles y auditorías.
Pero la Auditoría General de la Nación aclaró después que el análisis específico sobre la trazabilidad del oro todavía no estaba terminado.
La AGN informó además que existieron demoras superiores a un año en la entrega de documentación requerida al Banco Central.
También aclaró que la aprobación de estados contables anteriores no equivale a haber finalizado una auditoría específica capaz de determinar toda la trazabilidad de los movimientos del oro.
Ese punto es central.
Porque mientras no termine ese control, el principal organismo externo de auditoría del Estado todavía no puede cerrar de manera definitiva el recorrido de los activos.
¿Para qué se usó finalmente?
Hasta ahora existen algunas respuestas, pero no una reconstrucción pública completa.
El Gobierno explicó en 2024 que sacar el oro del país permitiría generar rendimiento y facilitar su utilización financiera.
El Banco Central habló posteriormente de transferencias entre cuentas y de administración de reservas.
Y Bausili explicó en septiembre de 2026 que también se aprovechó una oportunidad para cambiar lingotes de menor calidad por otros de calidad superior.
Lo que no está disponible públicamente con el mismo nivel de precisión es el detalle integral de las operaciones: qué cantidad exacta fue movilizada en cada envío, dónde quedó físicamente cada partida, cuáles fueron todas las operaciones financieras realizadas, cuáles fueron sus resultados económicos y cómo fue la cadena completa de custodia.
El oro sigue existiendo en las reservas
La controversia no significa que haya desaparecido el oro de los registros del Banco Central.
Los datos oficiales continúan contabilizando aproximadamente 1,98 millones de onzas troy de oro fino, unas 61 toneladas.
Al 7 de septiembre de 2026, ese activo estaba valuado en alrededor de 8.611 millones de dólares.
La discusión, por lo tanto, es otra: dónde están físicamente esos activos, qué parte fue trasladada, bajo qué modalidad se encuentran depositados y qué operaciones se realizaron con ellos.
La discusión llegó a la Justicia
El conflicto ya dejó de ser únicamente parlamentario.
Los senadores Juliana Di Tullio, Martín Soria y Florencia López ampliaron el 15 de septiembre una denuncia penal presentada contra el presidente Javier Milei, el ministro Luis Caputo y Santiago Bausili.
La presentación plantea posibles delitos vinculados con abuso de autoridad, incumplimiento de deberes y malversación de caudales públicos.
Se trata de acusaciones formuladas por los denunciantes y no de delitos comprobados judicialmente.
Además, desde el Senado impulsaron una nueva citación a Bausili para exigir información sobre el traslado, la localización y las operaciones realizadas.
Después de dos años, una revelación en el Senado y una auditoría todavía inconclusa, el interrogante continúa abierto.
El oro figura en las reservas argentinas. Lo que todavía falta conocer con precisión pública y verificable es dónde están físicamente los lingotes trasladados y qué ocurrió con ellos desde que abandonaron las bóvedas del Banco Central.
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