El 17 de septiembre de 2026, el Concejo Deliberante aprobó por unanimidad que la biblioteca del Museo Municipal José A. Mulazzi llevara el nombre de Stella Maris Gil. Para muchos tresarroyenses puede ser simplemente un nombre nuevo en un espacio cultural. Pero detrás hay una historia que ayuda a explicar por qué conocemos buena parte del pasado de la ciudad como hoy lo conocemos.
Durante décadas, Stella buscó fotografías, entrevistó vecinos, recuperó documentos, reconstruyó historias familiares, siguió las huellas de inmigrantes, investigó edificios, instituciones, personajes y costumbres. Hizo, en definitiva, aquello que su primer gran libro resumía desde el propio título: recuperar la memoria.
De Bahía Blanca a una ciudad que hizo propia
Stella Maris Gil nació en Bahía Blanca y se radicó en Tres Arroyos en 1968. Era licenciada y profesora en Historia, egresada de la Universidad Nacional del Sur, y ella misma se definía además como periodista especializada en temas históricos.
No había nacido acá, pero Tres Arroyos terminó convirtiéndose en el centro de gran parte de su obra.
Su interés no estaba limitado a las grandes fechas ni a los personajes que ya tenían una estatua o una calle. En sus trabajos aparecen los cines de la ciudad, antiguas librerías, inmigrantes, instituciones, clubes, edificios desaparecidos, personajes olvidados, la vida rural, el ferrocarril, la educación, las colectividades y hasta los comienzos del rugby tresarroyense.
Ese método tenía una característica particular: la historia no surgía solamente de los documentos. También buscaba a quienes todavía podían contarla.
Fotografías familiares, recuerdos, testimonios y archivos personales se transformaban así en piezas de una historia colectiva.
Diez años de investigación para “Recuperar la memoria”
Uno de los mejores indicadores de la dimensión de su trabajo aparece en documentos de la Legislatura bonaerense.
En 2002, la Cámara de Diputados de la Provincia declaró de interés legislativo su libro “Recuperar la memoria. Historias de Tres Arroyos”. En los fundamentos del proyecto quedó registrado que Stella había dedicado diez años de investigación a esa obra y que el trabajo abordaba el pasado regional desde una mirada interdisciplinaria.
El libro no quedó limitado al circuito cultural local. El registro bibliográfico internacional WorldCat conserva una edición de 2002 bajo su nombre, con ISBN propio.
Pero quizá lo más interesante sea cómo fue construyendo aquel material.
Muchos de los resultados de sus investigaciones aparecieron periódicamente en “La memoria”, la columna que publicó durante años en La Voz del Pueblo. Allí combinaba documentación, fotografías y testimonios para reconstruir diferentes momentos de la historia tresarroyense.
Era historia, pero escrita para que pudiera leerla cualquiera.
Cuando la memoria cotidiana también se convierte en historia
Revisar hoy sus artículos permite entender qué buscaba preservar.
En 2009, por ejemplo, reconstruyó la historia de la Plaza San Martín: desde el trazado original de Tres Arroyos hasta los distintos monumentos y transformaciones que atravesó el principal espacio público de la ciudad.
En otros trabajos investigó la desaparición de edificios, la historia de antiguas librerías o la llegada de distintas colectividades.
También podía detenerse en personas cuya contribución corría el riesgo de perderse. Uno de esos casos fue Luis Meister, el inmigrante alemán que durante más de 35 años trabajó en Paseos Públicos y Viveros y tuvo una participación decisiva en espacios verdes locales. Stella entrevistó en 2001 a su hija y volvió sobre su historia posteriormente en el libro “Construir la identidad”.
Esa manera de trabajar explica buena parte de su legado: investigar antes de que murieran quienes todavía podían contar; buscar antes de que se tiraran los papeles; registrar antes de que desapareciera un edificio.
Sus investigaciones terminaron siendo fuente para otros investigadores
El trabajo de Stella no quedó solamente en artículos periodísticos y libros destinados al público general.
Investigaciones académicas posteriores utilizaron sus trabajos y testimonios como fuente.
Un estudio universitario sobre la Escuela Agrícola de San Francisco de Bellocq recurrió, entre otros antecedentes, a “Recuperar la memoria” y a testimonios recogidos por Stella sobre aquella institución.
Una tesis de la Universidad Nacional de Quilmes sobre el sitio arqueológico Arroyo Seco 2 también la identifica como integrante de la Comisión Local de Patrimonio, ex docente y colaboradora durante una etapa inicial de investigación del sitio.
No era solamente alguien que escribía sobre el pasado. Participaba también de la discusión sobre cómo protegerlo.
Años después continuó involucrada en cuestiones vinculadas al patrimonio tresarroyense y en iniciativas destinadas a recuperar figuras y obras culturales que habían quedado prácticamente olvidadas.
Libros, educación y compromiso con la ciudad
Su producción fue creciendo con los años.
Además de “Recuperar la memoria” y “Construir la identidad”, publicó en 2012 “Entre los Tres Arroyos: de la llanura a la ciudad”, una obra de 231 páginas dedicada nuevamente a reconstruir el desarrollo local.
En 2022 presentó “Crónica de una vida desnovelada”, que fue anunciado entonces como su sexto libro. Allí cruzó la historia regional con su propia vida, desde Bahía Blanca hasta Tres Arroyos.
Su participación comunitaria excedió además la investigación histórica.
Integró la Comisión de Apoyo de CRESTA y fue una de las voces recordadas cuando en 2025 se celebraron los veinte años del centro universitario. En aquel acto recordó las dudas que existían cuando comenzó el proyecto y resumió lo que significaba verlo consolidado: aquello que inicialmente algunos consideraban innecesario había terminado cambiando la realidad educativa local.
También participó de la Asociación Cultural Sanmartiniana y mantuvo durante años actividad vinculada a instituciones culturales y educativas.
El reconocimiento llegó en vida
Tres Arroyos alcanzó a reconocerla antes de su muerte.
En 2018 recibió un Premio Caduceo como mejor columnista de investigación histórica y en 2019 fue distinguida en los Premios Platino locales como escritora destacada.
El reconocimiento institucional más fuerte llegó el 24 de abril de 2025, durante el 141º aniversario de Tres Arroyos, cuando el Municipio la declaró Personalidad Destacada de la ciudad por su trayectoria y su aporte cultural.
Ese día Stella volvió sobre una idea que atravesó toda su obra: la necesidad de que las nuevas generaciones entendieran de dónde venía la comunidad que habitaban.
Menos de trece meses después, el 11 de mayo de 2026, falleció.
De investigar archivos a convertirse ella misma en parte del archivo
Después de su muerte ocurrió algo que resume de manera especialmente clara el sentido de su trayectoria.
En agosto, el Concejo Deliberante aprobó la aceptación de la donación de su archivo histórico con destino al Museo Mulazzi. Y el 17 de septiembre aprobó por unanimidad imponer “Stella Maris Gil” como nombre de la biblioteca del museo, donde se conserva material vinculado con su trabajo.
Durante décadas Stella había recibido fotografías, documentos, testimonios y recuerdos para evitar que desaparecieran.
Ahora ese material quedó incorporado a una institución pública para que otros puedan seguir investigando.
Hay cierta coherencia histórica en ese recorrido.
La mujer que pasó buena parte de su vida preguntándose qué había que conservar del Tres Arroyos del pasado terminó dejando también su propio archivo para el Tres Arroyos del futuro.
Stella Maris Gil llegó a la ciudad en 1968. Casi seis décadas después, Tres Arroyos decidió conservar su nombre exactamente en uno de los lugares que ella ayudó a llenar de sentido: una biblioteca destinada a preservar, investigar y transmitir memoria.









