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La mujer que creó el Día de la Madre terminó luchando contra su propia creación

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La mujer que dedicó años de su vida a conseguir que existiera el Día de la Madre terminó luchando contra aquello en lo que se había convertido. Y su enfrentamiento con los comerciantes llegó tan lejos que, en 1925, fue detenida durante una protesta.

Su nombre era Anna Jarvis, y su historia es una de las grandes contradicciones detrás de una celebración que hoy reúne a millones de familias.

Todo comenzó como un homenaje a su madre

En 1905 murió Ann Reeves Jarvis, una mujer estadounidense que había dedicado parte de su vida a organizar actividades comunitarias, mejorar las condiciones sanitarias y ayudar a familias afectadas por la Guerra Civil.

Su hija Anna decidió que las madres merecían una jornada especial de reconocimiento.

El 10 de mayo de 1908 se celebró un acto religioso en Grafton, Virginia Occidental, considerado uno de los acontecimientos fundacionales del Día de la Madre moderno en Estados Unidos.

Anna no estuvo presente en aquella ceremonia: participaba de otro acto en Filadelfia. Pero envió 500 claveles blancos, la flor favorita de su madre, para repartir entre los asistentes.

Su campaña creció rápidamente. Escribió cartas a políticos, gobernadores, periodistas y dirigentes de todo el país.

Finalmente, en 1914, el presidente Woodrow Wilson reconoció oficialmente el segundo domingo de mayo como Día de la Madre en Estados Unidos.

Anna había conseguido su objetivo.

Pero pronto comenzó a arrepentirse de la forma que había tomado la celebración.

De impulsar la celebración a organizar boicots

Las florerías comenzaron a aumentar los precios de los claveles. Los fabricantes de tarjetas encontraron una oportunidad comercial. Los vendedores de golosinas y regalos también aprovecharon la fecha.

Aquello indignó a Jarvis.

Para ella, el Día de la Madre debía ser una demostración personal de amor y gratitud, no una obligación de comprar regalos.

En 1922 apoyó un boicot contra las florerías que aumentaban sus precios durante la celebración.

En 1923 irrumpió en una convención de comerciantes de golosinas para protestar contra el aprovechamiento económico de la fecha.

Y en 1925 protagonizó uno de sus episodios más conocidos: interrumpió una reunión de la organización American War Mothers, que vendía claveles blancos para recaudar fondos.

La protesta terminó con su detención por alteración del orden público, aunque posteriormente se desestimaron los cargos.

Jarvis había pasado de promover una celebración nacional a enfrentarse públicamente con quienes obtenían ganancias gracias a ella.

Una lucha que no consiguió ganar

Durante años continuó denunciando la comercialización del Día de la Madre. Incluso cuestionó a organizaciones que utilizaban la celebración para recaudar fondos benéficos.

Su intención original era mucho más sencilla: que cada persona dedicara tiempo a reconocer a su propia madre, mediante una visita, una carta o un gesto sincero.

Anna Jarvis murió en 1948, a los 84 años, sin haber conseguido revertir la transformación comercial de la fecha que había impulsado.

En Argentina, el Día de la Madre se celebra el tercer domingo de octubre, a diferencia de Estados Unidos, donde tiene lugar en mayo. Pero la contradicción que atravesó su historia sigue siendo reconocible.

La mujer que ayudó a convertir el homenaje a las madres en una tradición nacional terminó dedicando buena parte de su vida a recordar que el cariño no necesitaba comprarse.

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