En la acústica del silencio naufraga la palabra final, ya no quedan rastros del vuelo, el aire quedó sin viento que lo empuje a buena orilla, la raíz se arrancó de un tirón de la tierra fértil y jamás florecerá el jazmín. Una agónica espera derramó su última gota de ilusión y el suicidio lunar se adjudicó la penumbra, hoy solo queda un pasado imperfecto que no alcanzó a conjugar el verbo, un poco de magia ficticia disfrazando realidades que se dilapidaron sin asumirlas. Los pasos no se detienen aunque se acabe el camino, habrá nuevas sendas por explorar y un sueño sin descubrir esperando ser inaugurado, nunca se sabe debajo de que piedra puede brotar la flor. Mientras yo esté conmigo jamás estaré esperando solo, siempre habrá un después, Dios lo sabe.



