Julián Tornini, director de Juventud, volvió a la agresión verbal. En su última publicación llamó a los concejales opositores “grasas, vagos y absurdos”. No es un exabrupto aislado: es parte de un historial público y documentado.

Ya fue señalado por alterar información oficial sobre becas, por hostigar a la prensa crítica, por insultar en debates públicos y por responder con violencia en lugar de dar explicaciones. Todo esto mientras ocupa un cargo que debería trabajar por la educación, la inclusión y el respeto entre jóvenes.
El problema trasciende su conducta personal: Tornini actúa con aval político. Amigo de las primeras líneas del oficialismo —incluso entrena boxeo con los Garate—, nunca recibió sanciones, advertencias ni correcciones.
Son los métodos del oficialismo: naturalizar la agresión como forma de gestión. Así, quien debería promover valores democráticos entre los jóvenes degrada la discusión pública con insultos y ataques.
Tornini no controla su ira y convierte la política tresarroyense en un escenario de odio. Representa lo contrario a la democracia y al diálogo: violencia, opacidad y un Estado que se desentiende de su propia responsabilidad.
Pertenece a Fuerza Patria, el bloque presidido por Alejandro Barragán, quien en su última intervención en el Concejo se victimizó diciendo que a ellos los tratan de “negros y vagos”, mientras su propio referente juvenil, exintegrante de Juntos por el Cambio, agrede sin control.













