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Creyeron que era un galeón de 500 años y hasta un barco vikingo: el misterio del barco hundido de Reta que la ciencia todavía no pudo resolver

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En las playas de Reta hay un barco que todos conocen y que, sin embargo, nadie pudo identificar. La ficha oficial de Turismo de Tres Arroyos reconoce que todavía se desconocen su nombre, la fecha del naufragio, el tipo exacto de embarcación, la carga que transportaba y para quién viajaba. Lo que sí se sabe es que, detrás de esos restos que aparecen y desaparecen con la arena y el mar, hay una historia mucho más extraña de lo que parece.

En 2001, una sudestada dejó una parte extraordinariamente grande del casco al descubierto. Durante unos días se habló de un galeón de unos cinco siglos de antigüedad y hasta apareció la posibilidad de que fuera un drakkar vikingo. La arqueología terminó derribando aquellas hipótesis, pero no logró resolver el misterio principal: qué barco era.

La sudestada que volvió a sacar el barco de la arena

La actual información oficial del Municipio señala que los restos del barco hundido de Reta eran conocidos desde antes de la fundación del balneario. Sin embargo, en septiembre de 2001 una sudestada removió tanta arena que el pecio quedó expuesto de una manera excepcional.

Según reconstruyó LA NACION en aquel momento, un arriero de la zona conocido como “Tati” Sánchez vio unas grandes maderas sobresaliendo de la arena, a unos cuatro kilómetros al sur del pueblo. La noticia corrió rápidamente y al día siguiente cerca de cuarenta vecinos, con palas, baldes y camionetas, fueron hasta el lugar.

Después de varias horas de trabajo quedaron visibles sectores de la quilla, las cuadernas y otras partes del casco. La estructura expuesta medía aproximadamente 30 metros de largo por 8 de ancho.

Ahí empezó el fenómeno. Por el aspecto de las maderas, los tarugos y los elementos metálicos de la construcción, circularon estimaciones que situaban al barco varios siglos atrás. En la cobertura de septiembre de 2001 quedó registrada la expectativa de los vecinos: podía tratarse de algún antiguo galeón e incluso se mencionó la posibilidad de un drakkar vikingo.

Los arqueólogos encontraron una historia muy distinta

Cuando comenzaron los estudios sistemáticos, la primera gran sorpresa fue que el barco no era tan antiguo como se había imaginado. El trabajo estuvo encabezado por especialistas vinculados al Área de Arqueología Subacuática de la Universidad Nacional de Rosario y la Fundación Albenga, con apoyo de la Municipalidad de Tres Arroyos y de la Armada Argentina.

En octubre de 2002, la arqueóloga Mónica Valentini y el arquitecto Javier García Cano ya manejaban una hipótesis completamente diferente: los restos correspondían a una embarcación mercante del siglo XIX.

También aparecieron otras pistas. Los investigadores observaron rastros compatibles con un incendio, posiblemente posterior al encallamiento, y determinaron que en la construcción o reparación del barco se había utilizado madera de una conífera originaria de América del Norte o Europa.

Pero la pista decisiva estaba en algo mucho menos espectacular que una vieja leyenda: el revestimiento metálico del casco.

La pieza de metal que terminó con la teoría de los cinco siglos

Años después, un trabajo científico sobre arqueometalurgia de naufragios históricos argentinos incluyó específicamente al pecio de Reta. Los investigadores analizaron muestras del revestimiento y de los elementos metálicos de fijación.

El resultado permitió establecer un dato clave: las planchas habían sido fabricadas con un latón de cobre y zinc conocido como metal Muntz, una aleación patentada en 1832.

Eso fija un límite cronológico muy concreto: el naufragio no pudo haber ocurrido antes de 1832. La posibilidad de que los restos expuestos correspondieran a un barco de cinco siglos de antigüedad quedó así descartada por la evidencia material.

La investigación científica publicada en 2015 incluso presenta al de Reta directamente como un pecio del siglo XIX y lo señala como uno de los primeros casos argentinos estudiados mediante técnicas arqueometalúrgicas.

Entonces, ¿qué barco es?

Ahí está la parte más interesante del misterio. La ciencia pudo acotar la época, estudiar su tecnología constructiva, analizar sus metales, reconocer posibles procedencias de la madera y detectar rastros de incendio. Pero no logró ponerle nombre.

La ficha que mantiene actualmente Turismo de Tres Arroyos es explícita: todavía no se ha determinado la fecha exacta del naufragio, el nombre de la embarcación, qué tipo de barco era, qué carga llevaba ni para quién.

Es decir, el misterio cambió. Ya no consiste en saber si los vikingos llegaron hasta Reta o si un galeón del siglo XV quedó atrapado en sus playas. La pregunta ahora es quizás más concreta y difícil: qué mercante del siglo XIX terminó allí y qué historia quedó enterrada con él.

Un patrimonio que la arena ayuda a conservar

La excavación también produjo una paradoja. Los vecinos querían conocer y mostrar el barco, pero los arqueólogos determinaron que los restos no podían quedar permanentemente expuestos ni ser extraídos sin afrontar serios problemas de conservación.

En un trabajo presentado ante ICOMOS, Valentini explicó que esa situación obligó a combinar la preservación arqueológica con el interés de la comunidad de Reta por convertir la historia del pecio en parte de su patrimonio y de su identidad turística.

Más de dos décadas después de aquella sudestada, la ciencia resolvió la parte más espectacular de la leyenda: el barco no tiene cinco siglos de antigüedad. Pero dejó intacta la pregunta que importa. En Reta sigue habiendo un barco sin nombre, sin fecha precisa y sin una historia documental que permita explicar cómo terminó frente a esas playas.

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