Es importante saber que la función primaria de comer es aportarnos nutrientes para sobrevivir. Nuestro cuerpo tiene la capacidad de mantenernos con vida compensando, muchas veces la falta de ingesta total o de alimentos adecuados, compensando el funcionamiento de nuestro organismo.
El acto de comer está atravesado por diferentes factores, algunos internos, como nuestras señales neuronales y hormonales. Y otros externos, como emociones, hábitos, campañas de venta, la cultura, lo que tenemos disponible, la educación y entre otros.
Los factores externos son los que más condicionan nuestra conducta alimentaria, muchas veces provocando una desconexión total de las auténticas necesidades fisiológicas.
El hambre real responde a una necesidad fisiológica, por eso aparece de a poco, no es selectivo (come lo que hay) y viene acompañado de señales físicas como ruidos en la panza, vacío en el estómago, irritabilidad y hasta dolor de cabeza.
Pero ¿si no comemos por hambre real por que lo hacemos? Muchas veces por hambre emocional o hedónica: cuando la comida es más que eso, hay un deseo de comer algo en particular, es cuando se busca placer, consuelo o distracción a través de la comida. Esto se ve profundizado aún más por la existencia de alimentos hiperpalatables (ultraprocesados – panificados) diseñados para ser altamente adictivos.
Esto es fundamental tenerlo en cuenta en el momento de iniciar un cambio de hábitos, no solo pensar en qué comemos sino cómo y por qué lo hacemos.
Carolina Tedesco
Lic. En Nutrición MP 6764 / Comunicadora
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