En 1833, Antonio “El Gaucho” Rivero lideró un alzamiento armado en las islas Malvinas contra los británicos. Su nombre quedó envuelto en mito, olvido y disputa.
¿Puede un hombre solo, a caballo, desafiar un imperio?
Tenía facón, rabia y memoria. No era militar, no venía con bandera, ni con órdenes. Venía con bronca. Y con historia encima.
Antonio Rivero, conocido como “el Gaucho Rivero”, encabezó en 1833 un levantamiento en las Islas Malvinas, poco después de la ocupación británica. No lo hizo por estrategia diplomática ni por orden del gobierno argentino —lo hizo como respuesta al maltrato y la explotación que sufrían los peones criollos y originarios por parte del nuevo poder impuesto.
Rivero y un grupo de trabajadores locales —en su mayoría charrúas y mestizos— atacaron y mataron a cinco colonos británicos, incluyendo al administrador designado por la corona. Luego resistieron durante meses desde las zonas altas de la isla, sin armamento pesado, sin refuerzos, sin una nación detrás.
Fueron finalmente capturados por un buque británico y enviados a Inglaterra sin juicio. Nadie los defendió. Nadie los recibió como héroes. De hecho, durante décadas fueron ignorados o presentados como criminales.
Pero con el tiempo, la historia empezó a girar. En los ‘80, en pleno conflicto de Malvinas, el nombre de Rivero volvió a sonar. Hoy, es símbolo de resistencia y soberanía. Y hay una avenida que lo recuerda en Ushuaia, aunque muy pocos conozcan realmente su historia.






