Entrabas a La Catalana, dejabas tu nombre y esperabas. No había currículum, correo electrónico ni plataformas de empleo. Si algún productor de la zona necesitaba gente para trabajar en el campo, se acercaba al lugar, preguntaba quién estaba disponible y podía salir de ahí mismo con los peones contratados.
Así se conseguía trabajo en Tres Arroyos hace un siglo.
La escena parece extraña vista desde hoy, pero está documentada. Una fotografía de 1924 publicada por La Voz del Pueblo identifica a La Catalana como una “agencia de colocaciones”, donde se anotaban personas interesadas en realizar tareas rurales.
Y el funcionamiento fue contado años después por la propia familia vinculada al establecimiento.

Dejabas tu nombre y esperabas que apareciera trabajo
En 2014, El Periodista de Tres Arroyos entrevistó a Guillermo y Joaquina “Quina” Antonini, nietos de Andrés Más, uno de los históricos propietarios de La Catalana.
Guillermo recordó que los peones y otras personas que buscaban empleo se anotaban allí y los propietarios de los campos iban a buscar trabajadores.
Era, en los hechos, una bolsa de trabajo improvisada dentro de una fonda.
La Catalana tenía además una ubicación ideal para cumplir ese papel. Estaba en Maipú y Chacabuco, a pocas cuadras de la estación ferroviaria, por donde circulaban viajeros, trabajadores y gente que llegaba desde distintos puntos de la zona.
Algunos iban a comer. Otros se alojaban. Otros llegaban directamente buscando una oportunidad.
Y del otro lado estaban los productores rurales, que sabían dónde encontrar mano de obra.

Una esquina donde se cruzaban los que buscaban trabajo y los que necesitaban gente
Es fácil imaginar aquella escena.
Un peón llegaba desde algún campo o bajaba del tren, entraba a La Catalana, preguntaba por trabajo y dejaba su nombre. Podía quedarse a comer, pasar la noche o simplemente esperar noticias.
Horas o días después podía entrar un productor preguntando si había gente disponible para alguna tarea rural.
Sin avisos clasificados, sin entrevistas formales y sin intermediarios profesionales, la contratación podía empezar alrededor de una mesa.
La Catalana era hotel, fonda, restaurante y pensión, pero también cumplía una función social mucho más amplia: era uno de esos lugares donde circulaba información.
Quién buscaba trabajo. Quién necesitaba peones. Quién acababa de llegar. Quién sabía de un campo donde faltaba gente.

Las “agencias de colocaciones” ya existían en Argentina
El concepto no era extraño para la época.
A comienzos del siglo XX, Argentina ya había comenzado a regular las llamadas agencias de colocaciones. La Ley 8.999, sancionada en 1912, creó un Registro de Colocaciones dentro del Departamento Nacional del Trabajo, y en 1913 la Ley 9.148 avanzó sobre la creación de agencias públicas gratuitas y la regulación de las privadas.
No hay elementos para afirmar que La Catalana funcionara formalmente dentro de ese sistema estatal. Pero el término utilizado en la fotografía de 1924 muestra que la idea estaba instalada: había lugares destinados a conectar a quienes necesitaban trabajar con quienes necesitaban trabajadores.
En Tres Arroyos, uno de esos lugares era un hotel.

Antes del currículum, estaba La Catalana
Con los años, La Catalana se convirtió en uno de los establecimientos históricos más conocidos de Tres Arroyos. Bartolomé Roig y Andrés Más, dos primos provenientes de Mallorca, se hicieron cargo del lugar en 1914 y alrededor de sus mesas, habitaciones y mostradores pasaron generaciones enteras.
Pero entre todas esas historias hay una que dice mucho sobre cómo era la ciudad hace cien años.
Para conseguir trabajo, muchas veces no había que mandar nada ni completar ningún formulario. Había que caminar hasta Maipú y Chacabuco, entrar a La Catalana y decir una frase tan simple como urgente: “Estoy buscando trabajo”.
Y después esperar que alguien del campo entrara por la misma puerta.









