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Mientras el Movimiento Vecinal se arrima a los libertarios, Carlos Sánchez se sienta al lado de Garate

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Hay una costumbre bastante extendida entre quienes miramos política que consiste en observar dos o tres movimientos, juntar algunas declaraciones, mirar quién se sacó una foto con quién y después intentar adivinar qué están haciendo.

Lo hacemos todos.

La diferencia está, quizás, en recordar de vez en cuando que estamos haciendo exactamente eso: conjeturas y a no confundirse, porque a esta altura del partido «conjeturas» podemos sacar todes.

Porque mientras algunos colegas ya empiezan a acomodar nombres para 2027, hablan de Roxana Calvo, de María Saavedra o intentan imaginar quién será el próximo candidato del Movimiento Vecinal, esta semana apareció una foto que, por lo menos para este malpensado, resulta bastante más interesante.

De un lado: Carlos Sánchez sentado, al lado de Pablo Garate. Del otro: los del nuevo Movimiento Libertario – perdón quise poner Vecinal, a veces me traiciona el sarcasmo.

El motivo era absolutamente institucional y no tiene ningún misterio. Se reconoció a quienes fueron parte de la construcción del sistema de Vialidad Rural durante la gestión de Sánchez y el actual intendente hizo lo que correspondía a pesar de ir en contra del manual: reconocer una política que funcionó, aunque haya nacido durante la administración de otro espacio político.

Hasta acá no hay ninguna teoría conspiranoica.

Mientras Sánchez se sienta al lado de Garate, se muestra cómodo, recibe su reconocimiento y al día siguiente habla de una oposición que debería ayudar a gobernar en lugar de convertir todo en un Boca-River (exactamente lo opuesto que el Movimiento Liberal está haciendo) el Movimiento Vecinal al que dice seguir llevando en el corazón camina exactamente hacia el otro lado: hacia La Libertad Avanza.

Y acá aparece la inevitable y reiterativa contradicción:

Sánchez gobernó Tres Arroyos durante veinte años desde un vecinalismo que hizo de su independencia de los partidos nacionales casi una razón de existencia (hasta quizás la única). Construyó vínculos con la Provincia, tuvo una relación política de años con Cuto Moreno, dialogó con el peronismo y hasta fue públicamente mencionado por sectores peronistas cuando ya había dejado la Intendencia.

El Movimiento Vecinal actual, en cambio, analiza cómo llegar a 2027 abrazado a los libertarios y los propios libertarios fueron rebotados por Sánchez.

Es decir que Sánchez dice que su corazón está en el Movimiento Vecinal, pero quizás la pregunta correcta sea otra:

¿En cuál?

Porque el Movimiento Vecinal que Carlos Sánchez llevó al poder durante veinte años y este que hace cuentitas para ver si los votos libertarios alcanzan para volver al Municipio empiezan a parecerse cada vez menos.

Y mientras todos intentan descubrir quién será el candidato vecinalista, quizás estamos mirando el casillero equivocado.

El problema Sánchez

Carlos Sánchez ya dijo varias veces que no quiere volver a ser intendente y lo volvió a decir en esta aparición: entendelo, sanchista.

Eso resuelve únicamente una cosa: que, por ahora, no quiere ser candidato.

No resuelve qué va a hacer con el poder político que todavía conserva.

Porque sería bastante ingenuo pensar que una persona gobierna durante veinte años una ciudad, construye relaciones con empresarios, instituciones, dirigentes, sectores del peronismo, independientes y vecinalistas y después, simplemente porque deja de firmar decretos, todo eso desaparece.

Sánchez todavía mueve.

Y ahí es donde la foto con Garate empieza a ser interesante.

Si Sánchez decide acompañar al actual intendente, Garate podría encontrarse con algo bastante parecido al escenario ideal. Ya tiene detrás suyo al Frente Renovador, consiguió mantener unido hasta ahora a un peronismo que históricamente sabe dividirse con una facilidad admirable y además podría sumar sectores que jamás se sintieron peronistas pero que durante años votaron a Sánchez.

Una parte del viejo voto vecinalista, una parte del voto independiente y una parte de ese peronismo que nunca tuvo demasiados problemas en convivir con el exintendente.

La señora torta.

Pero hay otra posibilidad.

Y probablemente sea la que menos gracia le cause al oficialismo.

Porque Sánchez también puede hacer exactamente lo contrario.

El peronismo tresarroyense parece unido cuando uno mira la foto desde lejos, pero abajo de esa foto conviven massistas, kicillofistas, kirchneristas, garatistas, dirigentes históricos, peronistas que no necesitan ponerse apellido y sectores que durante años tuvieron excelentes vínculos con el propio Sánchez.

Si esa pieza decide jugar por afuera, no necesariamente tiene que ganarle a Garate.

Le alcanza con sacarle. Ahí está lo interesante.

El mismo Sánchez que podría terminar de consolidar al intendente también podría transformarse en una aspiradora de votos que hoy el oficialismo considera propios.

Por eso me causa gracia cuando veo tanta seguridad para anticipar candidaturas a más de un año de una elección, sobre todo de parte de aquellos que no pisan el municipio ni para sacar una foto. Y sobre todo en una ciudad donde todavía nadie puede explicar con claridad cómo van a terminar acomodadas las principales fuerzas políticas.

Quizás Roxana Calvo sea candidata. Quizás María Saavedra. Quizás aparezca otro nombre, hombre.

Quizás Movimiento Vecinal y La Libertad Avanza finalmente consigan resolver bajo qué bandera, sello, candidato y reparto de lugares van a intentar quererse después de haberse pasado bastante tiempo pegándose.

Son conjeturas. Todas. También ésta.

No sé qué quiere hacer Sánchez. No sé qué piensa Garate cuando se sienta a su lado. No sé si detrás de esa foto existe una construcción política o simplemente dos tipos que compartieron un acto institucional y después se fueron cada uno para su casa.

Nadie que no forme parte de esas conversaciones puede saberlo.

Pero sí podemos mirar.

Y lo que se ve hoy tiene una ironía difícil de ignorar: mientras el Movimiento Vecinal intenta acercarse a la expresión política probablemente más alejada de lo que fue el vecinalismo de Sánchez, Sánchez aparece sentado al lado del intendente peronista, reivindica la necesidad de ayudar a gobernar y mantiene intactos sus viejos puentes con sectores que también orbitan alrededor del peronismo.

Quizás no signifique nada. O quizás, mientras todos miran quién será el próximo gran candidato, la verdadera pregunta esté en otro lado.

¿Dónde va a mover Sánchez todo lo que todavía mueve?

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