Nos pasamos la vida creyendo cosas, pero, ¿cuántas de ellas sabemos realmente? La diferencia entre conocimiento y creencia es lo que separa la posta del verso.
Mientras no sepamos distinguir entre conocimiento y creencia, nos mantenemos en la ignorancia. En la confusión. No saber la diferencia entre lo que sabemos y lo que simplemente creemos nos deja atrapados en una oscuridad donde todo parece verdadero o falso, pero nunca lo sabemos. Es un terreno peligroso, porque desde ahí nacen las certezas vacías, los dogmas sin fundamento y las discusiones eternas sin base real.
Sabemos que el agua hierve a 100 grados. Sabemos que la Tierra es redonda. Sabemos que el Sol está a millones de kilómetros. ¿Sabemos? O mejor dicho, ¿lo comprobamos?
En la mayoría de los casos, no. No lo sabemos. Lo creemos. Y no hay nada de malo en eso, hasta que confundimos creer con conocer y lo peor y más peligroso: nos volvemos fanáticos de nuestras propias creencias.
Creer no es conocer
El conocimiento exige verificación propia. No puede depender de un tercero. Si la verificación es de otro y no propia, simplemente estamos creyendo en el testimonio de ese otro. Saber requiere evidencia personal, comprobada directamente por uno mismo. Si el testimonio es ajeno, no es conocimiento, es creencia.
Ser testigo de algo le permite testificar sobre un hecho. Entonces, un hecho no es simplemente algo que ocurre, sino algo de lo que usted ha sido testigo y sobre lo cual puede dar testimonio. Si no ha sido testigo, no puede testificar. Y si no puede testificar, entonces no tiene conocimiento del hecho, solo una creencia sobre él.
La creencia es subjetiva, se apoya en la confianza, en la costumbre, en la repetición de lo que nos enseñaron. Podemos creer en cosas verdaderas, pero mientras no las hayamos comprobado, seguimos creyéndolas. Aunque muchos las hayan comprobado, no significa que nosotros las sepamos:
- ¿Cuántos afirman la existencia de Dios? Hasta que usted no lo evidencie, seguirá siendo una creencia.
- ¿Cuántos afirman el dogma de la ciencia? Hasta que usted no compruebe y sea testigo de esas afirmaciones, usted está creyendo en un dogma.
Creemos en lo que nos enseñaron en la escuela, en lo que leemos en los libros, en lo que afirman los expertos. Y está bien, nadie puede comprobar absolutamente todo. Pero hay una diferencia fundamental: quien cree, confía sin pruebas; quien conoce, ha comprobado por sí mismo. Solo entonces una creencia deja de serlo y se transforma en conocimiento.
La trampa del “me dijeron”
Vivimos en una época donde cualquiera puede decir cualquier cosa con total seguridad. Un video en internet, un artículo en redes, una frase repetida mil veces y, de repente, algo se convierte en verdad para muchos. Pero repetir no es demostrar. Decirlo con convicción no lo hace real.
La confianza en una fuente, por más creíble que parezca, no convierte una creencia en conocimiento. Si nunca verificaste un dato, no lo sabés, lo creés. Si nunca hiciste un experimento, no lo sabés, lo creés. Y si no sabés que solo estás creyendo, estás en problemas. Y cuanta más gente no lo sepa, más problemas tenemos.
Poniéndole fin al verso
Una creencia es información no comprobada.
Conocer es información comprobada.
Para que una información sea conocimiento, tiene que haber sido comprobada por usted mismo. Si no fue testigo, sigue siendo una creencia. Y si es una creencia, usted no puede testificar. Puede hablar, puede opinar, pero no puede decir que sabe. No puede dar testimonio verdadero, solo expresar su creencia.
Una vez que tenemos conocimiento, la oscuridad deja de existir. Ya no hay múltiples caminos, solo uno: el del conocimiento. La información confusa es reemplazada por información comprobada, correcta y verdadera. Y nunca más se vuelve a la creencia. Una creencia es sustituida por conocimiento, y con ello, desaparece la incertidumbre, la confusión y por ende: el verso.
No podemos verificarlo todo, pero sí podemos saber cuándo estamos creyendo y cuándo estamos conociendo. La clave no es dejar de creer, sino dejar de confundir la creencia con el conocimiento.
El problema no es creer, el problema es no saber que solo estamos creyendo. Porque cuando confundimos la fe con el conocimiento, estamos en el horno.
Fuentes: Conocimiento propio al comprobar partes y afirmaciones de las siguientes fuentes:
- Platón (Teeteto): Diferencia entre opinión y conocimiento verdadero.
- Aristóteles (Metafísica): La experiencia y la evidencia como base del conocimiento.
- René Descartes (Discurso del Método): Duda metódica, no aceptar nada sin verificación.
- David Hume (Investigación sobre el conocimiento humano): El conocimiento debe basarse en la experiencia.
- Immanuel Kant (Crítica de la razón pura): Diferencia entre conocimiento a priori y a posteriori.
- Karl Popper (La lógica de la investigación científica): La falsabilidad como criterio del conocimiento.
- Bertrand Russell (Problemas de la filosofía): Conocimiento por familiaridad (propio) vs. conocimiento por descripción (ajeno).
- Richard Feynman (Divulgación científica): La necesidad de comprobación experimental.
- Carl Sagan (El mundo y sus demonios): Pensamiento crítico y escepticismo.
- Noam Chomsky (El conocimiento del lenguaje): La diferencia entre lo que creemos saber y lo que podemos demostrar.



