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El teatro escondido bajo una esquina de Tres Arroyos: la historia de La Vieja Esquina y su inesperado final

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Durante los años noventa, en pleno centro de Tres Arroyos, existió un teatro que muchos vecinos probablemente nunca llegaron a conocer. No tenía una gran fachada ni una entrada que dominara la cuadra. Funcionaba debajo de un paseo comercial, en el sótano de la antigua Casa Aduriz, en la esquina de Colón y 9 de Julio.

Era el Teatro de la Vieja Esquina, una sala con capacidad para 80 personas que nació del entusiasmo de dos artistas tresarroyenses, Andrés Mazzitelli y Ricardo Listorti, y del trabajo de familiares y amigos que se sumaron a una iniciativa poco convencional.

Su historia reúne una transformación comercial, un proyecto cultural construido prácticamente a mano y una obra que, en 1994, ya imaginaba un futuro dominado por la tecnología, la vigilancia y los algoritmos.

De una histórica tienda a un shopping con teatro

La historia comienza en 1991, cuando Casa Aduriz cerró sus puertas después de aproximadamente medio siglo de actividad comercial en Tres Arroyos.

El enorme edificio ubicado en una de las esquinas más reconocibles del centro quedó disponible para una nueva etapa.

Un grupo de comerciantes y emprendedores decidió transformarlo en un paseo de compras. Así nació Vieja Esquina Shopping, un complejo con ocho locales comerciales y una confitería central, L’Hirondelle, que también funcionaba fuera del horario habitual de los negocios.

Según la reconstrucción histórica publicada por Gabriel Sode en Vía País, el proyecto arquitectónico estuvo a cargo de Berta Vassolo de González Acha y Ana de Vidal, mientras que Mario Villa se ocupó de la construcción.

Pero mientras el edificio recuperaba actividad comercial, dos artistas descubrieron una oportunidad completamente distinta bajo sus pisos.

El sótano abandonado que se transformó en un teatro

Andrés Mazzitelli y Ricardo Listorti ya compartían experiencias teatrales cuando comenzaron a ensayar una nueva obra en el primer piso del edificio.

Durante aquellos encuentros descubrieron que la construcción tenía un amplio subsuelo.

El lugar estaba deteriorado y lleno de elementos abandonados. Sin embargo, donde otros podían ver un depósito sin utilidad, ellos imaginaron una sala teatral.

Consiguieron subalquilar el espacio y comenzaron los trabajos.

El escenario fue construido utilizando antiguos mostradores de la tienda. La transformación exigió limpiar, acondicionar, instalar equipamiento y preparar todo lo necesario para recibir espectadores.

Entre quienes colaboraron estuvieron Diana Escudero, Héctor Luppino, María Inés Pedone, Peto Byrne y Alberto Farissano.

El resultado fue un pequeño teatro con un escenario de siete metros de ancho por cinco de profundidad, elevado 70 centímetros sobre el piso, con una antesala y un espacio utilizado como camarín.

Pero había una particularidad: mientras construían la sala, sus responsables también estaban preparando la obra con la que pensaban estrenarla.

Una obra de 1994 que ya hablaba de algoritmos y vigilancia

El 14 de mayo de 1994, el Teatro de la Vieja Esquina abrió sus puertas con Nieve Eléctrica, una obra escrita por Andrés Mazzitelli y protagonizada por Ricardo Listorti.

La función inaugural tuvo sala llena.

La historia seguía a Kosic, un personaje que sobrevivía participando en concursos televisivos, utilizando disfraces e identidades diferentes para conseguir premios.

Pero detrás de aquella premisa aparentemente extravagante había algo más inquietante.

La obra transcurría en un futuro distópico, con centenares de canales de televisión, sistemas de control electrónico y una sociedad sometida a mecanismos de vigilancia.

Entre sus elementos aparecía incluso un cazador algorítmico diseñado para perseguir a personas que lograban vulnerar los sistemas informáticos.

Todo esto se representaba en 1994, cuando Internet todavía no formaba parte de la vida cotidiana de los argentinos.

La puesta utilizaba televisores antiguos, enormes computadoras, música original y una compleja banda sonora grabada especialmente para el espectáculo.

Mazzitelli se ocupaba del sonido y Diana Escudero de las luces. La sala también les permitía experimentar con recursos que difícilmente hubieran podido trasladar a otros escenarios.

Décadas después, su autor seguía considerando que el argumento conservaba plena actualidad.

La escenógrafa que se desmayó durante un ensayo

Uno de los episodios más particulares de aquella experiencia quedó registrado en una crónica que Mazzitelli publicó en agosto de 2020.

Mariela Rípodas, entonces estudiante de Dirección Artística, se había incorporado al proyecto para diseñar la escenografía, el vestuario y la utilería.

Cuando fue invitada a presenciar uno de los ensayos, los artistas le mostraron aproximadamente 40 minutos de la obra, con sus efectos sonoros y su atmósfera opresiva.

Según el recuerdo de Mazzitelli, la intensidad del espectáculo provocó que Rípodas se desmayara en medio del ensayo.

El episodio no impidió que continuara trabajando en la producción. Su diseño escenográfico terminó convirtiéndose en una de las piezas centrales del espectáculo.

Rípodas desarrollaría posteriormente una trayectoria en la dirección de arte cinematográfica, participando en producciones como Betibú, Tesis sobre un homicidio y Sangre blanca.

Sus dibujos originales permiten conocer cómo estaba organizado aquel pequeño teatro del centro tresarroyense.

Las funciones, los talleres y el final de La Vieja Esquina

Nieve Eléctrica realizó diez funciones en la sala, según la reconstrucción publicada por Vía País.

Pero el teatro no se limitó a esa producción.

También recibió espectáculos infantiles, talleres, conciertos, muestras artísticas y presentaciones de músicos locales.

Entre las obras que pasaron por su escenario estuvieron Los increíbles aventureros del continente perdido, Cuentos para jugar y Rock para piojos y piojitos.

Durante un tiempo, Mazzitelli y Listorti tuvieron un espacio donde podían organizar su actividad artística con una libertad difícil de encontrar en salas convencionales.

Sin embargo, el proyecto duró poco.

En su crónica de 2020, Mazzitelli recordó que, a comienzos del año siguiente al estreno, se produjeron cambios en el manejo del edificio y debieron cerrar la sala. En una reseña biográfica publicada en 2024, en cambio, mencionó dos años de administración. Por eso, la fecha precisa del cierre todavía requiere una confirmación documental.

Lo que sí está claro es que el teatro cerró antes que el propio paseo comercial.

Los artistas tuvieron que repartir los materiales en los que habían invertido: sillas, elementos de escenografía y hasta las telas negras utilizadas para acondicionar la sala.

Parte de ese equipamiento sobrevivió durante décadas y volvió a utilizarse en otras producciones teatrales.

Un teatro del que casi no quedaron fotografías

Existe otra particularidad que convierte esta historia en una pequeña búsqueda de la memoria tresarroyense.

No se conservan filmaciones conocidas de Nieve Eléctrica y las fotografías son escasas.

Mazzitelli explicó que, durante un ensayo, tropezó con el trípode de su cámara fotográfica, que cayó al piso de cemento. El equipo pudo repararse, pero el rollo terminó velado.

Afortunadamente, quedaron programas de mano, dibujos de escenografía, ilustraciones y recuerdos de quienes participaron.

Esos materiales permiten reconstruir parte de la apariencia de una sala que durante un breve período integró la vida cultural de Tres Arroyos.

El uso actual de aquel subsuelo no pudo establecerse mediante las fuentes documentales consultadas.

¿Estuviste alguna vez en el Teatro de la Vieja Esquina? ¿Conservás fotografías del shopping o de alguna función?

Recuperar esas imágenes y testimonios permitiría completar una historia que todavía guarda capítulos desconocidos de la ciudad.

Crédito de imágenes: todas las imágenes fueron obtenidas del blog de Andrés Mazzitelli.

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