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La noche en que Quinquela Martín “atornilló” a cuatro tresarroyenses

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Benito Quinquela Martín pasó ocho días en Tres Arroyos en 1956. Vino para exponer su obra, participó de actividades con artistas locales y terminó dejando una historia difícil de olvidar: la noche en que entregó personalmente la Orden del Tornillo a cuatro hombres vinculados con el arte y la cultura tresarroyense.

Los elegidos fueron José Antonio Del Río, Antonio Orfanó, Roberto Cassina y José Carrera. No recibieron una medalla convencional ni un premio artístico. Quinquela literalmente los “atornilló”.

Una exposición de Quinquela que desbordó el Palacio Municipal

La jornada central fue el domingo 30 de septiembre de 1956. A las 19, con el auspicio de la Comisión Municipal de Cultura, Quinquela inauguró una exposición en la planta alta del Palacio Municipal.

Según la investigación biográfica publicada por el Museo Benito Quinquela Martín, hubo una “enorme concurrencia de público”. La muestra reunió 24 óleos, una obra en esmalte sobre hierro presentada fuera de catálogo y una carpeta con 10 aguafuertes. El entonces comisionado municipal Pedro Aguirre encabezó el acto de apertura.

Quinquela no había llegado solamente para colgar cuadros. Un día antes, el sábado 29, había participado como jurado de un concurso de manchas al aire libre destinado a estudiantes, junto con José Antonio Del Río, Arnaldo Collina Zuntini y Antonio Orfanó.

Pero lo más singular todavía estaba por ocurrir.

La cena en la que cuatro tresarroyenses terminaron “atornillados”

Después de la inauguración, la actividad se trasladó al Club Social, que funcionaba en el segundo piso del edificio de la Previsión Cooperativa de Seguros, en la esquina de E. Betolaza y avenida Moreno.

Allí se realizó una cena y Quinquela hizo algo que reservaba para personas a las que consideraba merecedoras de una de sus distinciones más particulares: entregó la Orden del Tornillo.

La documentación del Museo Quinquela Martín registra incluso el orden: primero fue distinguido el pintor José Antonio Del Río; después, el escultor Antonio Orfanó; luego, el pintor Roberto Cassina; y finalmente José Carrera, descripto como banquero, poeta y aficionado a la pintura. En representación de la hermandad habló aquella noche el pintor bahiense Arnaldo Collina Zuntini.

Quinquela también distribuyó entre los presentes un cuadernillo con la nómina de personas que habían sido “atornilladas” en distintos lugares del mundo.

¿Qué significaba recibir la Orden del Tornillo?

La Orden había sido creada por Quinquela en 1948 y detrás de su apariencia humorística escondía una idea bastante seria.

El pintor buscaba reconocer a personas que, según su particular filosofía, cultivaban la Verdad, el Bien y la Belleza. Los integrantes eran tratados irónicamente como “locos honoris causa”: personas capaces de conservar una cuota de idealismo frente a una vida dominada por las preocupaciones materiales.

El ritual habitual era deliberadamente extravagante. Quinquela actuaba como Gran Maestre, vestido con un particular uniforme adornado con tornillos. Al homenajeado se le entregaba un diploma y se le colocaba un gran tornillo pendiente de un cordón.

La ceremonia incluía bromas y una advertencia característica: el homenaje no pretendía devolverle la cordura al distinguido, sino preservar aquella “locura luminosa” que Quinquela valoraba. La Orden llegó a reunir a centenares de personalidades, entre artistas, escritores, músicos, actores, benefactores y diplomáticos.

Entre sus integrantes estuvieron figuras como Tita Merello, Luis Sandrini, Mariano Mores, Raúl Soldi y Silvina Bullrich; incluso Charles Chaplin fue distinguido, aunque la condecoración fue recibida en su nombre por su hija Geraldine.

Aquella noche, cuatro nombres de Tres Arroyos ingresaron a esa historia.

Uno de aquellos tornillos todavía está en Tres Arroyos

Setenta años después, la historia dejó de ser solamente una anécdota escrita.

La muestra “Una noche memorable”, presentada recientemente por el Museo de Bellas Artes de Tres Arroyos (MUBATA), reunió obras y documentación vinculadas con aquella visita y con los cuatro homenajeados.

Entre los objetos exhibidos se encuentran el Tornillo y el pergamino originales que recibió Antonio Orfanó en 1956, actualmente prestados para la exposición por el anticuario y coleccionista Guillermo Medina.

Es decir: uno de los objetos que Quinquela entregó durante aquella ceremonia celebrada hace siete décadas puede verse todavía hoy en la ciudad.

La obra que Tres Arroyos terminó comprándole a Quinquela

La visita dejó además una pieza fundamental en el patrimonio artístico municipal: Tormenta con sol.

Hay una precisión importante sobre esta historia. La obra no fue comprada durante la visita de septiembre. La documentación del Museo Quinquela Martín establece que la Municipalidad la adquirió el 20 de diciembre de 1956, casi tres meses después, por 10.000 pesos, mediante la Comisión Municipal de Cultura y con destino al museo municipal que se encontraba en formación.

La pintura había sido realizada en 1953 y forma parte de uno de los motivos característicos del artista: el mundo portuario y el Riachuelo bajo un cielo cargado, atravesado por una luz que emerge entre las nubes.

Así, aquellos ocho días de 1956 terminaron dejando mucho más que una exposición. Quedó una obra de Quinquela en el patrimonio de Tres Arroyos, quedó el recuerdo de su contacto con los artistas locales y quedó, sobre todo, aquella extraña cena en la que Del Río, Orfanó, Cassina y Carrera pasaron a integrar una de las hermandades más singulares de la cultura argentina.

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