En 1806, en plena invasión británica, una mujer común tomó el fusil de su marido herido y mató a un soldado inglés. Terminó ascendida por Liniers.
💥 ¿Puede una mujer común convertirse en heroína en medio del caos?
Durante la Reconquista de Buenos Aires, las calles eran un infierno. Balas, cuerpos, gritos. En medio de ese descontrol, una mujer que no estaba en los libros de historia todavía, Manuela Pedraza, vio caer a su marido. Él era cabo del cuerpo de Asamblea.
Ella no gritó. No huyó. Agarró el fusil de su esposo, se metió entre los ingleses y mató a uno en combate cuerpo a cuerpo.
No fue casual: lo hizo con furia y precisión. Cuando terminó, recogió el arma del inglés caído, se la llevó a Santiago de Liniers, y le dijo algo así como: “acá tiene, lo maté yo”.
Liniers la incluyó en el parte oficial de guerra, la llamó por su apodo, “La Tucumanesa”, y pidió que se le reconozca su valentía. La Corona Española la ascendió a subteniente de infantería y le dio sueldo militar.
Pasó a la historia por haber hecho algo que, en ese momento, no hacían las mujeres. Ni siquiera lo esperaban de ellas.
El coraje no entiende de permisos, ni de géneros. A veces, la historia se tuerce con un solo disparo… y lo hace una mujer.






